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Asegura que la miseria ha disminuido desde su llegada a la comunidad de Cerro Gordo

Derrotada en tribunales, Peñasquito negocia indemnización con ejidatarios
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La empresa canadiense Goldcorp, dueña de Peñasquito, mostró a La Jornada sus actividades en la mina aurífera a cielo abierto más grande de América Latina, de la cual se extraen diariamente 550 mil toneladas de tierra y piedras para obtener oro, plata, plomo y zinc. En la imagen, el gigantesco tajo abierto del yacimiento, cuyo tamaño es varias veces mayor al del Estadio AztecaFoto Alfredo Valadez R.
Alfredo Valadez Rodríguez / I
Corresponsal
Periódico La Jornada
Lunes 29 de abril de 2013, p. 36

Zacatecas, Zac., 28 de abril.

Postrado en la lona jurídica, el consorcio canadiense Peñasquito reconoció que está negociando una indemnización con los ejidatarios de Cerro Gordo, luego que una resolución definitiva e inatacable del Tribunal Superior Agrario le ordenó restituir 600 hectáreas a 29 campesinos.

Pese a que perdió en los tribunales agrarios, Goldcorp aún no entrega las 600 hectáreas que debió devolver a los ejidatarios de Cerro Gordo el 16 de abril.

En un comunicado, indicó que se abstendrá de hacer declaraciones sobre el proceso legal.

El documento no menciona que las instancias legales en el conflicto entre Peñasquito y el ejido Cerro Gordo están agotadas. No obstante, reitera que con base en su código de ética y su visión de minería sustentable y prosperidad sostenible, está comprometida a encontrar la mejor solución al asunto.

El resto del comunicado asegura que Peñasquito ha tenido un impacto positivo en la vida económica y social de los habitantes del semidesierto de Mazapil. Asegura que, según estadísticas del Consejo Nacional de Población, la llegada de Goldcorp hizo que la región, considerada de muy alta marginación en 2005, fuera clasificada como de marginación media para 2010.

Policías federales vigilan instalaciones de la trasnacional

Las oficinas de Peñasquito se hallan dentro del enorme complejo minero-metalúrgico, donde oficialmente trabajan 3 mil 425 empleados directos.

La actividad en este complejo continúa en medio de protestas constantes de trabajadores subcontratados, que empezaron el 25 de abril y se prolongaron en forma intermitente hasta este domingo, para exigir a las compañías de outsourcing contratadas por Goldcorp mejor reparto de utilidades.

Otro asunto que preocupa a la comunidad Mazapil y a los trabajadores de Goldcorp, incluso a los directivos canadienses, es la inseguridad y el acoso del crimen organizado en los alrededores del complejo, de 5 mil 400 hectáreas.

En tres años se han incrementado los robos, secuestros y extorsiones, lo mismo a operarios que a ingenieros y contratistas.

La inseguridad llegó a tal grado que al menos 50 policías federales vigilan la mina y sus principales accesos; asimismo realizan patrullajes en el perímetro, en apoyo al personal de seguridad de Peñasquito.

Se desconoce qué acuerdo existe entre Goldcorp y el gobierno federal para que los policías federales realicen esas labores.

Ejecutivos de Peñasquito e inversionistas canadienses –quienes constantemente se trasladan a Cerro Gordo–, ya no usan las carreteras que comunican la mina con las ciudades de Zacatecas y Saltillo, por inseguras. Ahora se trasladan en alguno de los cuatro aviones Lear Jet que Goldcorp compró. La mina cuenta con aeródromo.

Cada año, 500 mil onzas de oro

Queremos seguir trabajando en Zacatecas y promover el desarrollo de la comunidad, afirmó en entrevista Carlos Almanza, gerente de las operaciones extractivas en Peñasquito. Señaló que la mina es de muy baja ley y que las concentraciones de oro van desde 0.1 gramos hasta un gramo por tonelada.

Lo que Almanza no mencionó fue que, a pesar de esa muy baja ley, las proyecciones de producción de oro en Peñasquito para los 22 años de vida previstos es de 500 mil onzas de oro anuales, en promedio, según la página de Goldcorp en Internet.

El tajo Peñasquito (la mina a cielo abierto) ya tiene una profundidad de aproximadamente 400 metros y un diámetro de unos 3.5 kilómetros, señaló Almanza.

Uno a uno, 61 camiones conocidos como yucles, marca Komatsu modelo 930E, descienden a sólo 25 kilómetros por hora, que es su límite. En cada carga suben del enorme agujero 330 toneladas de tierra para procesar. Cuando están en el fondo del foso abierto, estas moles de acero parecen minúsculas, de juguete.

Una quinta parte de estos camiones son operados por mujeres, presumió Carlos Almanza. “En 1997 no trabajaban mujeres en la minería. Pero la empresa Peñoles en La Herradura inició invitando a las damas a operar equipo pesado, no en contabilidad ni en administración.

La respuesta en productividad y perseverancia en el trabajo fue muy positiva. En varias minas adoptamos esas prácticas y hoy no podemos prescindir del trabajo de las mujeres, aseguró.