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El autor mexicano habla con La Jornada sobre La ternura caníbal, su reciente novela

Sexo y muerte, fuerzas que rigen nuestros impulsos: Enrique Serna

En los cuentos busca confundir su voz con la de los personajes, para dar la impresión de que están vivos

Sobre la crítica literaria en AL, dijo: Se ejerce como rama de la mercadotecnia

Corresponsal
Periódico La Jornada
Domingo 12 de mayo de 2013, p. 2

Madrid, 19 de mayo.

El escritor mexicano Enrique Serna cree que el sexo y la muerte son las fuerzas más importantes que rigen nuestros impulsos, y que a partir de ahí se van entrelanzado las relaciones humanas, con todos sus recovecos y complejidades. En su nuevo libro de cuentos, La ternura caníbal (Editorial Páginas de Espuma), el autor se adentra en un universo unas veces corrompido por el egoísmo y la voracidad, otras veces calcinado por el paso del tiempo y siempre desde una mirada irónica, riéndose de la tragedia diaria para, como dice, convertirla en comedia.

En entrevista con La Jornada, Serna explicó que el denominador común de La ternura caníbal no fue una elección premeditada. Simplemente empezó a escribir y de pronto se dio cuenta de que estaba abordando de forma recurrente las relaciones humanas. Cuando llevaba escritos unos seis cuentos me percaté de que el hilo conductor del libro era la lucha por el poder dentro de la pareja. Las relaciones en las que el egoísmo predomina sobre la entrega amorosa, a pesar de que algunos de los personajes sientan que se entregan abnegadamente a su pareja.

En el libro, como en el resto de la obra literaria del escritor mexicano, “el eros y el tanatos siempre están presentes, pues creo que son las fuerzas más importantes que rigen nuestros impulsos. Yo no las podía ignorar, porque son fundamentales, sobre todo para los conflictos que estoy contando, que a veces son de vida o muerte”.

A lo largo de los cuentos, el narrador mexicano se va metiendo en la piel de distintos personajes, que se convierten a su vez en los narradores de la historia, con su lenguaje particular. Unas veces es una ama de casa abnegada, de más de 60 años, con el rostro cansado de soportar a su esposo, un ex político de la vieja guardia de la política mexicana. Y otras es una stringer aferrada a una historia de amor imposible. Para mí, lo más atractivo de la creación literaria es poder meterme al alma de seres imaginarios. Por supuesto nacen de la observación de mi propio carácter, pero me invento un yo potencial al que coloco en circunstancias muy diferentes a las mías. Me pregunto que pasaría si fuera mujer y si estuviera casada con un militar 20 años mayor que yo, o qué pasaría si a ese militar se le ocurriera proponerme un pacto suicida, porque está enfermo del corazón.

Serna reconoce que la podredumbre del sistema político mexicano está presente en su libro: Por supuesto que sigue intacto lo grotesco del sistema político mexicano. En este libro la actualidad política no está en primer plano, simplemente la coloco como trasfondo que en cierta medida sí determina la vida de mis personajes, pero en me concentró en las relaciones íntimas. En la vida privada. Todos existimos en un contexto histórico y social que no quiero ignorar, porque me parece que es importante tomarlo en cuenta, sostiene Serna, también autor de El orgasmógrafo y El seductor de la patria.

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Se desconfía de la crítica cuando uno se da cuenta de que desprecian en privado a los autores que elogian en público, comentó el también autor de El orgasmógrafoFoto Archivo

Con relación a su vocación de rescatar y exaltar el habla popular, los giros de la lengua que se escucha en la calle, Serna abundó: He tratado de hacer una utilización del habla popular, no sólo mexicana, sino a veces también de otros dialectos del español. Es lo que le da más vida al lenguaje de una novela o de una historia. En estos cuentos trato de situarme desde las primeras líneas dentro del alma del personaje, eso significa que meterse en su alma también es meterse a su lenguaje. Quiero que mi voz se confunda con la de los personajes; sólo así puedo dar al lector la impresión de que están vivos.

Sobre su ironía, el escritor explicó: “No se pueden forzar las ganas de hacer el humor ni las ganas de hacer el amor. Entonces, cuando no estoy en esa vena humorística no trato de forzarme, pero siempre que empiezo a escribir la historia me planteo si puedo meter en ella un punto de vista irónico para que pueda divertirme con ella. No puedo evitar que me definan los críticos o los lectores como a ellos les plazca. Trato de sostener un diálogo inteligente y creativo con los lectores que me siguen. Las clasificaciones me tienen sin cuidado.

Cuando se habla de género negro hablamos normalmente de novela policiaca; lo que sí ha estado presente en toda mi obra es el humor negro, un humor que trata de transformar el dolor en placer, de neutralizar adversidades que podrían destruirnos, porque pueden matar la autoestima. He descubierto que reír de las desgracias te da una energía y una fortaleza reveladora que nos permite ver como comedia la tragedia.

Mezquindad y proteccionismo

Serna, que se reconoce admirador de José Agustín y de la Generación de La Onda también cree que en México hay una abundante y rica tradición de escritores satíricos, de alguna manera precursores de su literatura. Lanzó una velada crítica al ensimismamiento que percibe en la comunidad literaria iberoamericana: “Todos los países de habla española estamos muy encerrados en nuestras fronteras nacionales. También en México se comentan pocos libros de autores latinoamericanos o españoles. Se ha sido un poco mezquino y proteccionista. Debería de haber mayor apertura que, paradójicamente, sí hubo en los años 60, cuando había mayor avidez por saber lo que se escribía en Argentina, en Colombia o en España. Ahora me da la impresión de que no queremos ni siquiera enterarnos de lo que pasa en otros países.

Uno de los problemas en ambos lados del Atlántico es que la crítica literaria se ejerce un poco como rama de las relaciones públicas y la mercadotecnia. Entonces la gente ya no cree en la crítica, entonces se hace muy difícil que entre el océano de autores se pueda separar el trigo de la paja. Se empieza a desconfiar de la crítica cuando uno se da cuenta de que desprecian en privado a los autores que elogian en público.