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A la mitad del foro

El tambor de hojalata

León García Soler
L

a economía mexicana es sólida, tan confiable que una de las dictatoriales calificadoras la subió de doble B a doble B plus. Y el rostro rubicundo de Agustín Carstens es el del gato de Cheshire. A pesar del siempre amenazante catarrito y del suicidio austero de la Unión Europea y del euro que le dio banca central a la vieja cuna greco-romana donde anidaron la democracia, la república, la autocracia, el despotismo ilustrado, el nazifascismo, la dictadura del proletariado derivada a estalinismo. Y el poder del dinero.

Mitterrand y Kohl entendieron que la unidad europea pasaba por la unidad alemana. Hoy tiran de la cuerda Francois Holland y Ángela Merkel y se impone el dogma conservador del gasto austero a costa de los derechos sociales de la mayoría. Francia tiene la razón. Alemania se impone. Y mientras Holland ve hundirse su popularidad, Ángela Merkel tiene asegurada su permanencia en el poder. El deslumbrante mercado parece explicar las tautologías y sonrisas del gobernador del Banco de México. No hace mucho diría algo así como que la economía mexicana estaba bien, comparada con la de los países ricos... pero no crece; impera el empleo informal.

En pleno arranque sexenal topamos con el oxímoron. Y con el sentido del humor del Nobel Paul Krugman, quien alaba la solidez de esta economía que no crece, pero espera que se haga el milagro. Ironía del crítico más severo de los ultraconservadores aferrados a la austeridad, a dar trato de crisis fiscal a las crisis de empleo. Y a mantener incólume la santidad de la banca y sus directivos que cobran bonos multimillonarios, particularmente cuando han quebrado y han tenido que ser rescatados por el Estado, por el maligno. Ironía, porque la economía mexicana ha sido fiel a los dogmas del austericidio y no crece en la proporción de otras naciones marginales, ya no digamos las que están a horcajadas entre desarrollo y subdesarrollo, como decían que estábamos los arúspices de hace tres o cuatro décadas.

Y ahí seguimos. Como el personaje central del Tambor de hojalata, criatura de Günter Grass, pero sin alcanzar la fuerza del símbolo, de protesta ante el totalitarismo. Aunque aquí nos baste amagar con el retorno del autoritarismo, para lanzar un grito entre el tamborileo de hojalata y hacer del Pacto por México un rebozo tejido en el telar de Penélope. Gustavo Madero se alejó y volvió al pacto en cuanto logró la confesión y penitencia colectiva de los tres dirigentes de partidos y el titular del Poder Ejecutivo de la Unión. Jesús Zambrano se conformó con recuperar la retórica que alguna vez abanderó las causas obreras, campesinas y populares, aunque suene a réplica de los tres sectores del PRI. Se impuso el presidencialismo, dijeron los que no quisieron escuchar la condena de Lula a quien se oponga al combate contra el hambre.

Gustavo Madero y los suyos se conformaron con reivindicar lo asistencial de los programas instaurados desde los ya distantes años del salinismo. Y, sin embargo, los hados se encargaron de acercar a derecha e izquierda al mostrar el negro reverso de la prueba que esgrimía en la tribuna, con el inolvidable lapsus de Andrés Manuel López Obrador al mostrar de cabeza la fotografía de Enrique Peña Nieto y Carlos Salinas, en el debate de la campaña presidencial; tan al revés como la del acto electorero de Coahuila que empuñó Madero. Hay y habrá pacto mientras convenga a los pactantes. No es gobierno de coalición, ni siquiera de unidad monetaria, como el de Maastricht que tiene a Europa cautiva del euro y del poderío alemán. Los únicos a salvo del desplome son los que aceptaron la Unión Europea, pero no la moneda única. Y conservan su banca central.

Hay pacto y sigue la acción intensa, la generación de reformas legislativas, la incesante campaña de Enrique Peña Nieto en busca del filtro mágico que permita crecer a nuestra economía, silenciar el tambor de hojalata, y traducir el llamado consenso en las alturas de las fuerzas políticas en acuerdos a ras de tierra, con los mexicanos de a pie, con los organismos sociales y políticos surgidos de la cabeza de Minerva, cuando el poder constituido creó instituciones, así como los monstruos que la razón crea, especialmente al degenerar en gobierno la Revolución, llegar el cesarismo sexenal y la alternancia en la democracia sin adjetivos. Tantos hijos a los que no devoró Cronos.

Se ha hecho política, han acordado la ruta y trazado las coordenadas que nos lleven a puerto de abrigo. Pero no han empezado a navegar. O pareciera atada al muelle la nave de la nación. Distante Enrique Peña Nieto de Ulises atado al mástil, y nadie duda que escucha las voces de su entorno, aunque nada permita asegurar que es inmune al canto de las sirenas. Pero además de la oposición a las reformas laboral y educativa, que para colmo confunden los activistas, no cesan la violencia y el desgobierno; no crece la economía, no generamos los empleos bien pagados, en la economía formal, con seguridad social, salud y pensiones. No hay por qué esperar un milagro. Lo de Krugman era, es, claramente una ironía. Pero hay que caminar, actuar, hacer efectivo lo trazado en las reformas ya aprobadas y preparar el cómo hacerlo con las pendientes, la hacendaria y la energética.

Dos dilemas, problemas para los que no hay solución que no resulte del consenso en el pacto; de la lógica parlamentaria, tanto en la Cámara de Diputados, donde Manlio Fabio Beltrones no confunde liderazgo con coordinación, como en el Senado, donde Ernesto Cordero se imagina comandante, apóstol y profeta del panismo calderoniano que tuitea desde Harvard. Consenso cupular, pero no sin acuerdo con los de abajo. Además de buenos argumentos a favor de que crezca nuestro tambor de hojalata, es indispensable que los mandantes, los ciudadanos, las mayorías empobrecidas, vean en marcha al gobierno. Y se sientan parte del movimiento.

Hay demasiadas piezas sueltas. La oposición magisterial se funde y confunde con los grupos del descontento social, en los estados donde hay más pobreza y abandono; con las rebeldías latentes, resabios del guerrillerismo o auténtica respuesta al amago de la violencia criminal que se añade a la de gobiernos autoritarios, incompetentes o de plano ciegos a la injusticia social. No tienen la razón los de la autodefensa en Guerrero, ni los combatientes de fanatismos seudorreligiosos que disputan el control territorial y del mercado en Michoacán. Lo de Oaxaca es de locura. Y por si fuera poco, Tamaulipas navega el desierto y no hay manera de ver la estrella del norte.

En Chihuahua, César Duarte, gobernador priísta, atropella la separación Iglesia-Estado, consagra el gobierno al sagrado corazón de Jesús, participa en ceremonias religiosas públicas. César Duarte puede ser devoto católico, cristiano o pagano: es su derecho. Pero no puede violar la Constitución General de la República, el artículo que él aprobó como diputado y declara a la república federal, democrática, representativa y laica. Lo más vergonzoso es el silencio, la complicidad por omisión de quienes se ocupan de la cosa pública.

Seis meses del primer año del sexenio. Hay reconocimientos al quehacer político, a las reformas legislativas; la economía es prioridad. No crece. Hay que actuar, hacer, ejercer el Poder Ejecutivo y las facultades expresas que le otorga la norma. Para hacer efectivo el imperio de la ley.