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Ver día anteriorJueves 16 de mayo de 2013Ver día siguienteEdiciones anteriores
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Las tareas del INEE
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a junta directiva del INEE y su presidenta tienen ya la facultad y responsabilidad legales de emitir directrices que sean relevantes para contribuir a las decisiones tendientes a mejorar la calidad de la educación y su equidad. No obstante, esa junta directiva ha emitido un documento en el que anuncia, de manera general, unos principios (indiscutibles, casi obvios) y unas líneas de trabajo, y señala que La definición más precisa de las actividades del INEE y de sus plazos depende, entre otros factores, de la legislación secundaria que se discute en el Poder Legislativo relativa a las reformas necesarias a la Ley General de Educación, la Ley General del Servicio Profesional Docente y la Ley del INEE.

Pero la junta directiva del INEE y su presidenta no tendrían que esperar a la emisión de las leyes secundarias para actuar con celeridad, como exigen las circunstancias, pues esas leyes no pueden limitar las facultades que ya les da la Constitución, y su actuación inmediata podría ser determinante en la evolución del conflicto en el que muchos miles de maestros participan en movilizaciones que han llegado a situaciones graves que ellos mismos no desean. No basta con que la junta directiva haga declaraciones políticamente correctas, es indispensable que en los hechos muestre su autonomía respecto de las autoridades gubernamentales y de los poderes fácticos (OCDE, Televisa, Mexicanos Primero y demás) que han impulsado, con irresponsable actitud provocadora, las reformas que nada tienen de educativas y sí mucho de amenazante control autoritario y burocrático del magisterio.

En primer lugar, la junta directiva del INEE debe emitir una directriz respecto de las leyes secundarias que discutirán los diputados y senadores, pues ese marco jurídico será determinante en la calidad y la equidad de la educación. En la Ley General de Educación, la Ley General del Servicio Profesional Docente y la Ley del INEE pueden reorientarse algunos elementos de la reforma que han encendido la movilización magisterial, por ejemplo el asunto de la evaluación para la permanencia de los maestros en servicio.

El comunicado de la junta directiva del INEE anuncia que la evaluación se hará con un propósito constructivo y no punitivo, pero lamentablemente de nuevo pone el acento en la evaluación de los maestros y concede menor importancia, o nula, a la evaluación de otros factores determinantes de los resultados de la educación que deberían estar en primerísimo lugar, por ejemplo: las condiciones materiales de las escuelas, el contexto social y cultural (anticultural) que destruye la motivación de los estudiantes, el marco jurídico del sistema educativo (incluyendo los borradores de las nuevas leyes) y, sobre todo, la filosofía economicista que impregna el sistema educativo y que es reforzada por la ideología gerencial que inspiró las reformas impuestas. Estos importantísimos elementos a evaluar se incluyen, quizá, en el comunicado del INEE, en un otros, referidos al paso, en un párrafo titulado La mirada a futuro. A pesar de que la junta directiva del INEE afirma que El docente es un factor fundamental del sistema educativo, su programa de acción inmediata refuerza la imagen, creada por los poderes fácticos, del maestro como el factor explicativo de lo que ocurre en la educación.

Una directriz que debería emitir a la brevedad el nuevo INEE es relativa a las evaluaciones que ya se han venido aplicando a los maestros y que deben suspenderse de inmediato. La propia presidenta de este instituto ha hecho terminantes declaraciones públicas en el sentido de que no debe usarse la prueba Enlace para evaluar a los maestros y de que la pretendida evaluación universal tampoco es lo indicado para evaluar el desempeño de los docentes. Como ha mostrado Luis Hernández Navarro, estas críticas fueron expresadas por los 15 candidatos considerados por la Cámara de Senadores para dirigir el INEE. La imposición autoritaria, violenta, de estas medidas de evaluación a los maestros ha sido una de las causas que han originado marchas, mítines y otras formas de resistencia. Es apremiante, pues, que esas declaraciones de los profesionales de la educación, que están debidamente argumentadas y con las que han coincidido otros miembros de la junta de gobierno del INEE, den lugar a una postura oficial de este instituto, una directriz que, de acuerdo con las nuevas leyes, deben atender las autoridades educativas y que puede contribuir a crear un ambiente menos tenso.

El comunicado de la junta directiva del INEE afirma que La evaluación por sí misma no mejora la calidad de la educación. Sin duda, las evaluaciones que haga el INEE tendrán que dar lugar a las acciones que corresponden a las autoridades educativas y a los actores mismos del proceso: estudiantes y maestros. Pero hay evaluaciones que en sí mismas son educativas y, por tanto, determinantes de la calidad de la educación; este es el caso de las autoevaluaciones (de estudiantes, maestros, escuelas) que deberán formar parte sustancial del Sistema Nacional de Evaluación Educativa. Hay, además, un caso medular en el cual la evaluación no solamente puede mejorar la calidad de la educación sino que la constituye: la evaluación de los aprendizajes de los estudiantes (lo que mal se llaman calificaciones y exámenes), que es parte misma del proceso pedagógico, es la culminación de dicho proceso, la identificación de qué se sabe y qué no se sabe. Las prácticas actuales de evaluación del aprendizaje de los estudiantes son un factor determinante, directo e inmediato de la mala calidad de la educación. En la medida en que esta evaluación se asocia con premios y castigos, con honores y humillaciones, incluso con el castigo de reprobar o ser excluido, se destruye la motivación intrínseca para estudiar, se marginan los valores de uso del conocimiento, se aniquila la posible función formativa de la evaluación misma y se pervierte todo el sentido de la educación.

Esta es otra tarea que el INEE debería abordar de manera inmediata para elevar, ya, la calidad de la educación: la evaluación de los acuerdos 648 y 685 de la SEP, referentes a la evaluación del desempeño de los estudiantes.