Opinión
Ver día anteriorMiércoles 22 de mayo de 2013Ver día siguienteEdiciones anteriores
Servicio Sindicado RSS
Dixio
 
66 Festival Internacional de Cine de Cannes
De candelabros y caníbales
C

annes 21 de mayo. Habla mal de la selección de este año que uno de los estrenos más anunciados y con mayores expectativas, es en realidad un telefilme que se exhibirá por la cadena HBO a partir del próximo domingo 26, es decir, el último día del festival. Se trata de Behind the Candelabra (Detrás del candelabro), de Steven Soderbergh, melodrama sobre la relación amorosa habida entre el pianista Liberace (Michael Douglas) y Scott Thorson (Matt Damon), un ligue que pasó a ser, a principios de los años 80, la pareja más estable del músico.

Gran parte del atractivo –morbo, podría decirse– de la película es la de ver a conocidos heterosexuales como Douglas y Damon dándose de besos y arrumacos (y cosas más comprometidas). Es el primero quien se ha liberado con convicción de su imagen anterior para hacer una interpretación verosímil del exuberante pianista que inventó el glitter mucho antes de que se pusiera de moda. Mientras Damon se muestra cohibido por su papel (self-conscious, dirían los gringos).

Con un guion lineal del también realizador Richard LaGravenese, Behind the Candelabra sigue el apogeo y pronta caída de esa relación, debida por un lado a la creciente drogadicción de Thorson y, por otro, a la promiscuidad de Liberace, sumadas al natural desgaste de toda pareja. Los diálogos son ocurrentes pero Soderbergh, con su habitual distancia, no logra penetrar la restirada piel de su protagonista, quien poseía sugestivas contradicciones, como ser una de las personalidades más extravagantes del showbiz gringo y, al mismo tiempo, negarse a salir del clóset. (Liberace no aceptó ser gay ni aún después del escándalo de la demanda entablada por Thorson; así como se intentó tapar su muerte a consecuencia de sida).

Aunque es un telefilme de lujo –es de HBO, pues– no es la clase de película por la que uno se despierta a las siete de la madrugada y corre al Palais del festival para asegurar un asiento. Es un telefilme para verse cómodamente sentado desde el sofá doméstico.

No vi a la representante italiana La grande bellezza, de Paolo Sorrentino, que compite por quinta vez, pues me interesó más asomarme a We Are What We Are, de Jim Mickle, remake estadunidense de la mexicana Somos lo que hay, de Jorge Michel Grau. Versión libre sería un término más adecuado, pues prácticamente la nueva película sólo retoma el tema del canibalismo en el contexto de una familia peculiar. Todo lo demás es novedoso: la acción no es urbana sino rural; quien preside sobre la familia es el padre y no la madre, y se establece el elemento de un culto ancestral para explicar la antropofagia.

Por otro lado, es una realización de una atmósfera más lograda –la lluvia no es sólo un elemento escénico, sino integral a la trama– y la acción climática es bastante más transgresora que en la cinta mexicana. Claro, hubo espectadores que la tomaron a chunga y se rieron durante la violencia gore del final.

Y pasando a la nota de sociales, cabe mencionar que anoche se llevó a cabo la fiesta mexicana patrocinada por el Instituto Mexicano de Cinematografía. Aunque hubo abundancia de tequila y mezcal, entre otras bebidas, más un eficiente mariachi ersatz, no hubo ridículos que reportar, ni mucho menos escándalos. Eso sí, mucha gente se quedó fuera, pues la popularidad de la fiesta garantizó que sobraran los interesados y no las invitaciones.

Twitter @walyder