Opinión
Ver día anteriorViernes 31 de mayo de 2013Ver día siguienteEdiciones anteriores
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Penultimátum

De dopajes y cloacas

H

ace 15 años, la policía francesa realizó una gran  redada que puso al descubierto el dopaje al que recurrían algunos participantes en la carrera ciclista más importante del mundo. También para desbaratar la  aceitada maquinaria fabricante de estimulantes. Se pensó entonces que con la redada se saneaba un deporte que mueve millones de dólares. Se publicaron varios libros en los que se analizó el dopaje, escritos por quienes conocían en directo el problema. Como el del masajista belga Willy Voet o los de los ciclistas estadunidenses Tyler Hamilton y Floyd Landis.

Por fin, el ciclismo limpio de sospecha, en orden. Pero no fue así. El dopaje siguió tan extendido como antes de la redada de 1998. Casualmente, ese mismo año ganó su primer Tour Lance Armstrong y comenzó a labrarse la fama del que fue considerado el más grande ciclista de todos los tiempos. No sin la sospecha de que para alzarse con la victoria en las competencias recurría al dopaje. Máxime luego de sortear con éxito, la presencia del cáncer. Un héroe por partida doble.

Hasta que en noviembre pasado el ídolo admitió en una entrevista concedida a Oprah Winfrey lo que meses antes se discutía entre los jerarcas del ciclismo mundial y la prensa:  sus triunfos estaban manchados por el uso de sustancias prohibidas.

Esta revelación lo acabó de hundir definitivamente no sólo en el deporte sino en lo social, político y económico, pues Lance encabeza una fundación de lucha contra el cáncer (Livestrong), como forma de ayudar a otros a vencer ese mal. A más de uno sorprendió que confesara sus delitos en el programa de Oprah. Hubo un poderoso motivo: le pagaron 3 millones de dólares por la exclusiva.

Necesita dinero, alegaron algunos, ya no tiene más el apoyo de las empresas que financiaron su exitosa carrera o lo utilizaban para sus comerciales. Tampoco lo tiene su fundación mientras sobre él se cierne la amenaza de demandas por fraude y hasta cárcel por mentir ante las autoridades.

Luego de acumular una apreciada fortuna, Armstrong dijo adiós a su carrera con un mea culpa que se convirtió en el más profundo golpe al ciclismo de toda la historia. Que lo hiciera en un programa visto por millones despertó la molestia de  asociaciones de ciclistas, dirigentes  y demás profesionales. Alegan que ese mea culpa mediático no le hizo bien a un deporte que lleva años  herido de muerte a causa del dopaje.

Armstrong seguirá siendo noticia ahora que Hollywood se dispone a sacarle todo el jugo posible y exhibir a los que permitieron sus exitosos engaños. Prepara un documental (en manos de J.J. Abrams), mientras varias editoriales sacarán libros contando la historia. Podrían terminar  adaptados para las salas de cine. Contarán nuevas cloacas del ciclismo y otros deportes afectados por el dopaje.