Opinión
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Penultimátum

El yate del rey

L

as dos diversiones preferidas de Juan Carlos de Borbón, rey de España, han sido la caza y estar en el mar en cómodos yates. Hay otra, la de conquistar mujeres, documentada aquí en varias ocasiones. Renunció a la caza luego de tanto escándalo acumulado por irse a Rumania a matar osos alcoholizados y elefantes a África. Por estas aventuras tuvo que renunciar como presidente de una de las agrupaciones defensoras de la naturaleza más importantes del mundo.

Ahora tampoco se hará a la mar con la frecuencia y el boato de antes. Por cuestiones de imagen y austeridad, Juan Carlos recientemente devolvió el yate que le regalaron una treintena de poderosos empresarios españoles con importantes inversiones en México y el gobierno de las islas Baleares. Es que con la crisis que sufre la inmensa mayoría del pueblo español ofende lo que se gasta en mantener el yate de su majestad. Llenar el tanque cuesta 26 mil dólares, sin contar el mantenimiento, la tripulación y las naves de la marina y la guardia civil que lo escoltan en sus recorridos.

El yate se llama Fortuna y costó unos 20 millones de euros. Fue construido y equipado con la más alta tecnología. Es único en el mundo. Remplazó al que en 1979 le obsequió el rey Fahd de Arabia Saudí. Pero es que, como dijo Juan Carlos al saber que tendría nuevo y moderno juguete, el de Fahd era ya un cuatro latas, el pobre.

En su momento, esta donación de los potentados recibió críticas en los medios y entre la población. ¿Por qué, se preguntaban, no destinar esa suma a crear becas para estudiantes o a conservar el patrimonio histórico de las islas? Pero es que los empresarios suelen dar obsequios a cambio de favores. Y si son reales, mucho mejor para sus negocios. Uno de los mecenas dijo sin rubor que el regalo es una forma de pedirle al Rey que siga viniendo por aquí a pasar sus vacaciones. Cuando la familia real está aquí Mallorca sale en todos los medios nacionales e internacionales y es de bien nacidos ser agradecidos. No dijo en cambio que una parte del donativo era deducible de impuestos. La Casa Real trató también de justificar el regalo, sin éxito alguno.

El yate está ahora a cargo de la hacienda pública que anunció le dará el uso más rentable y eficiente. Pero he aquí que los empresarios que regalaron el Fortuna solicitaron que se les devuelva, pues lo dieron para disfrute exclusivo del rey y su familia. El yate es un poco nuestro y de aquí, de Baleares, apuntó uno de los mecenas.

Es lo mejor que puede hacer la hacienda pública española a fin de evitarse gastos innecesarios en tiempo de escasez, de recortes en salud y educación. Queda la duda si el rey se desprendió de esa fortuna para dar ejemplo o porque su estado físico es endeble y no le permite hacerse a la mar, donde la vida es más sabrosa.