Directora General: Carmen Lira Saade
Director Fundador: Carlos Payán Velver
Domingo 9 de junio de 2013 Num: 953

Portada

Presentación

Bazar de asombros
Hugo Gutiérrez Vega

Para volver al
pensamiento francés
del siglo XXI

José María Espinasa

Una ciudad para
José Luis Sierra

Marco Antonio Campos

La ciudad de José Luis
Stefaan van den Bremt

Falange y sinarquismo
en Baja California

Hugo Gutiérrez Vega

La raíz nazi del PAN
Rafael Barajas, el Fisgón

Memoria de la ignominia
Augusto Isla

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Columnas:
Bitácora bifronte
Ricardo Venegas
Monólogos compartidos
Francisco Torres Córdova
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Al Vuelo
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Jorge Moch
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Tiene que ser una conspiración

Tiene que ser conspiración tanta tontería, tanta mala leche, tanta retorcida manipulación informativa en la televisión, o sea en Televisa y TV Azteca. Tiene que ser, el cúmulo de porquerías, de medias verdades o descaradas mentiras y sus contrapunteadas, deliberadas omisiones de lo importante, el perseguido fruto venenoso de alguna suerte de complot, de connivencia clandestina, de liturgia secreta con guaruras en la puerta y barrido electrónico para detectar micrófonos ocultos.

Porque no creo en la generación espontánea y multiplicada hasta un nauseabundo infinito, de iniciativas que no solamente empobrecen o amenazan, sino que directamente dinamitan el ideario cultural colectivo del mexicano, desde la imposición de muletillas estúpidas en el habla coloquial hasta la zafia inoculación masiva de taras sociales como el racismo, el clasismo o el chovinismo feroz, llenecito de odio, contra determinadas etnias, gremios o nacionalidades.

Tiene que ser obra de un pacto secreto que en el medio masivo de mayor penetración social en la historia de este país, hayan existido y existan mentirosos profesionales con una pátina de credibilidad presunta, de utilería, como Jacobo Zabludowsky, Joaquín López Dóriga, Alejandro Villalvazo o Carlos Loret de Mola.

Tiene que ser fruto de un supremo cónclave oscuro, por ejemplo, que las primeras notas de los noticieros y portales de TV Azteca, un día después de la represión administrada por parte de la policía del DF –que parece desgobernar Miguel Ángel Mancera desde la derecha del orden y el respeto– a una marcha de inconformes en el Metro, sean una declaración insípida del Papa argentino Bergoglio y una nota sobre el volcán Popocatépetl, en la sempiterna estrategia de callar para mentir, del aquí no pasa nada, de sólo fue un incidente aislado, un pequeño grupo de rijosos, y así.

Tiene que ser obra de un diseño mezquino y malvado el diálogo de la telenovela donde dos babosas –de bellos rizos y esculturales cuerpos de plastilina, eso sí– repiten como pericas los argumentos más sobados, refutables e idiotas de las supuestas bendiciones que suponen las privatizaciones a lo pendejo; y tiene que ser producto del encono, de la rabia, del rencor y de mucha bajeza, el guión de un intento de sketch cómico donde otras dos taradas retacadas de silicón y maquillaje enderezan una serie vergonzante de improperios racistas y chovinistas, vulgares, ridículos, absurdos en contra del hermano pueblo guatemalteco a unos cuantos meses, por cierto, de que la policía de Guatemala destapara la cloaca maloliente y opaca, demasiado opaca, de presuntas camionetas de Televisa utilizadas por supuestos empleados de esa empresa, camionetas por cierto negadas por la empresa, pero como vimos en otros medios en repetidas ocasiones, perfectamente avitualladas con equipos de transmisión que valen millones de pesos y difícilmente supondrían meros efectos de disimulo y distracción. Allí los logos de la empresa, el equipo sofisticado, las declaraciones de los presuntos empleados y hasta el involucramiento de altos ejecutivos de esa empresa que simplemente acude a su ahijado presidente y, según parece, consigue que la causa caiga en el olvido acá en México mientras el asunto sigue y trasciende allá, en esa Guatemala hoy vilipendiada en el canal de las estrellas

¿Quién, quiénes escriben esos guiones?, ¿quién establece esas agendas para tratar de esta manera ese asunto, de esta otra aquel otro, para callar, ladinos, sobre tanto trasiego secreto en las altas esferas, desde asesinatos hasta tráfico de personas y de estupefacientes, de lavado de dinero, de secretas compras ilegales de armamento? ¿Son los juniors superpoderosos que se encueran y emborrachan en un estadio de futbol haciendo desfiguros ridículos? ¿Son los atildados, católicos recalcitrantes como Salinas Pliego y sus parientes alecuijes?, ¿son los segundos nombres en esos emporios, los que se apellidan Gómez o Romagnoli? ¿O se trata de pequeños comités nutridos con hombrecillos pérfidos, inconsecuentes, mercenarios creativos que venden su pluma y su ingenio a las más rastreras causas con las que el poder justifique, al costo que sea, su cancerígena, sempiterna permanencia? Quizá se trata de alguna suerte de esclavo laboral obligado a generar perfidia, mentís, calumnia.

Como sea, debe ser alguien con nombre y apellido y compras de supermercado y cenas familiares y cara de todos los días frente al espejo. Pero con la conciencia, diría Juan Marsé, deliciosamente emputecida.