Opinión
Ver día anteriorMartes 18 de junio de 2013Ver día siguienteEdiciones anteriores
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México SA

Videgaray, voluntarista

Crecimiento alcanzable

Pronósticos renovados

Carlos Fernández-Vega
A

lgo perciben en la oficina principal de la Secretaría de Hacienda que en el resto del país de plano nadie alcanza a ver, y ya no se diga los mexicanos de a pie, sino los meros aliados del régimen. A estas alturas, pues, nadie sabe quiénes son los que realmente necesitan anteojos de gran calado: si la mayoría, por no registrar lo que divisan en la SHCP, o los funcionarios de ésta, por no distinguir lo que cotidianamente padece aquélla.

En fin, el hecho es que ayer Luis Videgaray, secretario de Hacienda, afirmó que es algo claramente alcanzable un crecimiento económico de 3.5 por ciento durante el segundo trimestre del año, tras el raquítico 0.8 por ciento de avance en el producto interno bruto registrado entre enero y marzo de 2013 (el peor resultado desde el cuarto trimestre de 2009, lo que, dicho sea de paso, obligó a la propia dependencia a su cargo a recortar el pronóstico oficial anual en este renglón de 3.5 a 3.1 por ciento).

Pues bien, para que se concrete el visionario pronóstico de Luis Videgaray, la aceitada maquinaria económica del país (que ha hecho la hombrada de crecer a una tasa anual promedio cercana a 2 por ciento en las últimas tres décadas) debería dar muestras no sólo de vida, sino de heroísmo, pues en los últimos cinco trimestres al hilo ha reportado desaceleración, al grado de llegar, a duras penas, a un comportamiento positivo, por llamarle así, de 0.8 por ciento.

Entonces, si el entusiasmo oficial pronostica un repunte de 3.5 por ciento en el segundo trimestre del año y un promedio anual de 3.1, entonces la economía deberá crecer poco más de ocho por ciento en la segunda mitad de 2013. Sólo así. ¿Qué es lo que percibe el citado funcionario, que el resto no registra, como para sostener públicamente que esperamos una relativa recuperación del crecimiento a finales de este año? Quién sabe, pero tiene que ser algo más rotundo y tangible que la confianza en sí mismo, el voluntarismo, la buena vibra o de plano la fe en el futuro mexicano para salir a decir eso, lo cual, de pasadita, parece no generar credibilidad en otras partes.

Por ejemplo, dos de los mayores grupos financieros del país, Banorte y Santander, redujeron sus pronósticos de crecimiento del país para 2013 derivado del frágil desempeño de la economía mexicana. En sendos reportes disminuyeron sus proyecciones a 2.7 y 2.6 por ciento, respectivamente, desde el 3 por ciento que en ambos casos tenían calculado anteriormente. Si bien nuestro estimado anterior contemplaba una desaceleración de la demanda externa en el primer trimestre de 2013, consideramos que dicha desaceleración ha tenido un efecto mayor a lo estimado, que se extenderá todavía hasta el tercer trimestre del año, de acuerdo con el análisis del grupo financiero Banorte-Ixe (La Jornada, Víctor Cardoso y Juan Antonio Zúñiga).

La reducción del gasto del gobierno (especulaciones sin sentido, según dice el presidente Peña Nieto) ha sido mayor a la esperada y vemos un deterioro en los fundamentales de las familias y las empresas, lo que pesará sobre la demanda agregada, advierte Banorte-Ixe, mientras el Grupo Financiero Santander señala que si bien consideramos que durante el segundo semestre del año habrá una mejora relativa a lo observado hasta ahora, estimamos que resultará complicado alcanzar un crecimiento de 3 por ciento (Videgaray promete 3.5 por ciento).

Aún en el supuesto de que se cumpla el pronóstico del secretario de Hacienda, de cualquier suerte el crecimiento económico mexicano se mantendría muy por debajo de lo que realmente necesita el país para comenzar a salir del hoyo, o lo que es lo mismo 6 por ciento anual sostenido, algo no visto desde hace 32 años, y contando. No hay que olvidar que desde tiempos de Gustavo Petriciolli (secretario de Hacienda en el sexenio de Miguel de la Madrid) la promesa, igual de constante que de incumplida, de los distintos titulares de esa cartera ha sido crecimiento sólido y sostenido. Y ya ven.

Uno de los motores económicos del país, el industrial, podría ayudar a materializar el pronóstico de Videgaray, pero lamentablemente no pasa por su mejor momento, y, como bien lo apunta el Centro de Investigación en Economía y Negocios (CIEN) del Tecnológico de Monterrey, campus estado de México, en lo que respecta a las tendencias se presentan resultados poco alentadores, ya que la actividad industrial total, construcción, manufacturas y minería presentan un comportamiento a la baja, mientras que electricidad se encuentra estancada. Ningún componente de la producción industrial exhibe una tendencia al alza. Por su parte, al analizar los ciclos, el panorama luce menos favorable, ya que todas las variables presentan un movimiento a la baja, por lo que el desempeño de la actividad industrial de nuestro país podría verse limitada en los próximos periodos.

En abril, apunta el CIEN, la actividad industrial presentó una tasa de crecimiento de 3.3 por ciento respecto del mismo mes del año pasado, cifra inferior a la exhibida en el mismo periodo de 2012 (4.1 por ciento). El incremento en la producción se vio influenciado principalmente por el aumento en las manufacturas (5.6 por ciento), seguido por la construcción (1.2), en tanto que electricidad presentó un crecimiento marginal (0.7) y minería mostró una tasa de crecimiento negativa (-1.7).

Adicionalmente, al revisar el componente de construcción se observa que el rubro que tuvo la mayor contribución para el crecimiento fue la construcción especializada (5.6 por ciento), seguida de la ingeniería civil (3.6), mientras edificación sólo exhibió un avance marginal (0.6). Por su parte, tanto las tendencias como los ciclos presentan un comportamiento a la baja, por lo que el sector de la construcción podría continuar desacelerándose. En las manufacturas se registran resultados heterogéneos. En abril pasado, cuatro renglones presentaron tasas de crecimiento negativas, seis con incremento inferior al total de las manufacturas y 10 con un aumento superior a 6 por ciento.

Entonces, 3.5 por ciento. Qué bueno, pero ¿de dónde?

Las rebanadas del pastel

De la Cepal, con amor, para los modernizadores de la Ley Federal del Trabajo: “En lugar de promover mayor estabilidad laboral y mejores salarios, la reforma laboral aprobada el año pasado sólo ofrece nuevas modalidades contractuales que dejarán sin recursos a quienes las ocupen y pierdan su empleo a corto plazo… se puede concluir que las prioridades de la situación laboral real no fueron consideradas suficientemente ni de la mejor manera en la reforma” (La Jornada, Susana González).