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Lo que hay en el Senado de EU es un proyecto de seguridad nacional: Antonio González

Falso, lo que en México creen sobre la reforma migratoria: uno de los latinos más influyentes

De aprobarse, propiciará control más estricto de la frontera y criminalización de quienes no califiquen

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Antonio González, en entrevista con La JornadaFoto José Carlo González
Arturo Cano
 
Periódico La Jornada
Miércoles 19 de junio de 2013, p. 14

Antonio González es hijo de un inmigrante mexicano que cargaba cajas de refrescos y, según la revista Time, uno de los latinos más influyentes de Estados Unidos. En Los Ángeles dirige una organización dedicada a inscribir hispanos en el padrón electoral y un programa de radio, además del Instituto William C. Velasquez. Con ese background, puede ser directo: Todo lo que ustedes creen (en México) que entienden de la reforma migratoria es falso.

¿Cómo, no hay tal proyecto de reforma migratoria a pesar de que en los medios vemos a Barack Obama y a los congresistas estadunidenses hablando sobre el tema?

González evita saltar de rama en rama: Lo que hay en el Senado de EU es un proyecto de seguridad nacional, que contiene una propuesta de legalizar a una pequeña parte de los inmigrantes.

Malo y sin garantías, además, porque según González el proyecto sólo tiene una chance de tres de ser aprobado y firmado por el presidente estadunidense.

Basta echar una ojeada a los medios estadunidenses para dar la razón a González: el proyecto de reforma migratoria se presenta como integral, aunque poco tenga que ver con la agenda que por años han enarbolado los sectores partidarios de la legalización.

“Los medios y el establishment estadunidense han tratado de vender que hay una reforma migratoria integral, pero no es cierto. Los migrantes están totalmente confundidos, porque sólo reciben información de Televisa, de Univisión, en la que les dicen que ahí viene el cielo, que ahí vienen miel y leche, su legalización; es una campaña total de desinformación”, dice González.

El dirigente mexicanoestadunidense esboza lo que puede ocurrir a partir de esta semana, que la mayoría de los medios califican como crucial para la reforma migratoria.

Lo que existe hoy día no es el proyecto final, que además va empeorando en el proceso. Lo que se lee o se ve en la televisión no es cierto, porque día a día va cambiando. El proyecto va al voto en el Senado, con enmiendas. Después pasará a la Cámara de Representantes, donde estará en manos de la derecha republicana, que tiene un montón de cambios por hacer.

La reforma del peonaje

Al incluirlo entre los 25 latinos más influyentes, en 2005, la revista Time consideró que González estaba al frente de la máquina política más grande de los estadunidenses con origen hispano, un proyecto para el registro de votantes y su brazo político, el Instituto William C. Velasquez.

De aprobarse, considera González, la reforma propiciará un control más estricto de la frontera, la criminalización de los que no califiquen –que será el grueso de los indocumentados–, la violación de la privacidad y el peonaje para quienes logren entrar al proceso de legalización, que no será sino el 20 o 30 por ciento de los indocumentados.

González considera que el proyecto contiene sólo dos elementos que forman parte de la agenda migrante: la legalización de los estudiantes que llegaron a EU siendo niños (y que se han agrupado en el movimiento conocido como dreamers) y un programa limitado de trabajadores huéspedes para labores agrícolas.

Ni representa un avance ni hay garantías de que sea aprobado. Del Senado pasará a la Cámara de Representantes, donde hay un proyecto paralelo que es aun peor.

La reforma migratoria implicaría para los indocumentados trabajar sin pausa, porque si dejas de trabajar por 60 días estarás fuera; eso es peonaje. Además, se estima que cada aspirante a la legalización deberá pagar varios miles de dólares.

González critica también el hecho de que el plazo para inscribirse sea de sólo un año. Lo compara con la reforma similar de 1986 (Immigration Reform and Control Act, IRCA). Con la IRCA tuvimos tres años para 3 millones de personas. Ahora, 11 millones tendrán un año. Con IRCA, el gobierno federal dio 5 mil millones de dólares a los estados, iglesias, escuelas, grupos comunitarios, para impartir clases de inglés, español, cívicas, etcétera. En este proyecto no hay ni un dólar. No hay recursos ni tiempo. Por eso digo que es una legalización diseñada para fracasar. Y al fracasar, los que no entran serán clasificados como criminales y sujetos a la deportación inmediata.

El otro ángulo preocupante del proyecto es que va amarrado, dice el entrevistado, de un cierre casi total de la frontera con miles de nuevos soldados, nuevos muros y aviones no tripulados. Al aplicar ese proyecto de seguridad fronteriza se está preparando una confrontación con México.

En tanto que el proyecto se enfoca más a la seguridad nacional que a legalizar a los indocumentados, González sostiene que “afectará la privacidad de todos los estadunidenses y creará un sistema de discriminación total contra personas que ‘parecen’ inmigrantes. Si pasa, las deportaciones subirán” (Obama ya es campeón en esta área, pues durante su mandato han sido deportadas 1.4 millones de personas).

El error estratégico

A pesar de que se vende como una reforma integral, González piensa que es mejor que fracase, porque es mejor ninguna política pública a una mala política. Mejor sigamos con los planes B.

En su opinión, los partidarios de la reforma migratoria cometieron el error estratégico de buscar la ley perfecta, integral, cuando pudo avanzarse en reformas parciales (como la Dream Act y la ley para trabajadores huéspedes).

Para ilustrar su punto, recurre a la historia y recuerda que los afroamericanos demoraron 11 años –entre 1964 y 1975– en lograr diversas reformas que materializaron las demandas del movimiento de los derechos civiles. “En lugar de eso, tenemos un proyecto de ley que es un Frankenstein”.

Las fuerzas progresistas estadunidenses hemos fallado, hemos fracasado en la defensa de los inmigrantes, aunque la lucha todavía sigue, afirma, con pesimismo.

Para González, los indocumentados en Estados Unidos tienen una pistola en la cabeza, pues están frente a la disyuntiva de ser deportados o entrar en cualquier proyecto de legalización, incluso si supone 10 años de peonaje y el pago de miles de dólares.

Los progresistas, cierra González, damos mucho peso a la opinión de los inmigrantes, pero en este caso es como entregar la decisión a una persona que está muriendo de hambre, y ofrecerle un pan envenenado.

Los 8 millones de indocumentados mexicanos, por si fuera poco, están solos.

Para el TLC, 100 millones de dólares; para los migrantes, nada

Es sorprendente que las fuerzas mexicanas han estado totalmente calladas. Entiendo al gobierno que busca mantener su válvula de escape, exportando mano de obra para que la gente no proteste acá. Pero el PRD y Morena no han dicho nada. La izquierda mexicana, casi en su totalidad, no ha jugado ningún papel en la defensa de los inmigrantes, y eso es muy triste, afirma González.

–El gobierno puede decir que ha aumentado su red de servicios consulares para protegerlos.

–¿Por qué no llegan a Washington para hacer cabildeo? No nos han llamado, no han dicho nada. México ha sido muy desilusionante para mí. No ha defendido a sus 8 millones de indocumentados en EU; tal vez apoya que entren al peonaje. El gobierno mexicano invirtió 100 millones de dólares para hacer cabildeo y defender sus intereses en el Tratado de Libre Comercio: ¿Cuánto han invertido para defender los intereses de los indocumentados mexicanos?”