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Ver día anteriorJueves 11 de julio de 2013Ver día siguienteEdiciones anteriores
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Ruiz de Alarcón en la Corrala
L

a prueba de las promesas de Juan Ruiz de Alarcón es tenida por muchos como antecedente de El ilusionista de Pierre Corneille por ligar magia y teatro, lo que sin duda tentó al imaginativo Carlos Corona para añadirle, en su escenificación, un prólogo con títeres en una escena de La cueva de Salamanca y un epílogo en que mezcla textos de diferentes autores. Pero lo que en el clásico francés es casi una celebración del arte de los actores, en el novohispano es una severa admonición a aquellos que en su encumbramiento olvidan las promesas hechas cuando se tenía poco, por lo que temática e intenciones de ambas obras son tan diferentes entre sí que no se llega a sustentar del todo esa idea. El montaje, estrenado hace un año en el foro Héctor Mendoza de la sede de la Compañía Nacional de Teatro (CNT) con veintiocho funciones, ahora se repone en la Corrala del Mitote con otras veintiocho, sin más cambio que el de que la escenografía de Patricia Gutiérrez Arriaga se elaboró en tela para adecuarla al nuevo espacio.

El nombre de la Corrala del Mitote une, en abierto mestizaje una palabra castiza y otra de origen náhuatl. Sobre todo en Madrid, aunque también en Sevilla, se tenía –y se han preservado bastantes muestras de ello– casas de vecindad en forma de medio círculo cuyas viviendas dispuestas en varias galerías daban a un mismo patio, a las que se llamaba corrala. Mitote viene del náhuatl mitotique que quiere decir danzante ya que en las festividades prehispánicas se danzaba alrededor de una vasija de la que se bebía hasta que los danzantes caían embriagados; en la actualidad decimos mitote a los aspavientos, los alborotos y los chismes y también a las fiestas con baile, por lo que se asume que existe una celebración o fiesta.

La fiesta es la del teatro. Ideada, sin que se de nombre del responsable, por la CNT, vale la pena detenerse un poco en sus características. Con andamiaje tipo tubular junta y con un plafond cubierto por lámina que imita techo de teja, presenta un escenario cubierto por triplay, con un muro y balcón desmontables, y un proscenio también desmontable según la escenificación de que se trate. El público se asentará en dos niveles sin respaldo, lo que no resulta muy cómodo, pero el atractivo de los montajes y el hecho de que sean gratuitos logran que los espectadores, sobre todo los jóvenes, olviden los inconvenientes. En el primero caben sesenta y cuatro personas y en el segundo setenta y seis, mientras en el patio caben de pie de ciento sesenta y siete a doscientas diez personas, estas últimas con algún grado de incomodidad. La Corrala del Mitote se inauguró en el Zócalo en abril de 2012 con la primera parte de Enrique IV de William Shakespeare y, tras algunas otras sedes en su modalidad trashumante, se encuentra en la actualidad en la plaza Ángel Salas de la Unidad Cultural del Bosque. Las funciones, como en todas las sedes de la CNT, son gratuitas y se dan boletos dos horas antes de que empiece la escenificación, aunque el paso de peatones sea menor que en el Zócalo capitalino.

El problema con las escenificaciones de la Corrala en estas fechas es el clima. Ante un chubasco es necesario suspender por unos momentos la función, aunque no sea intermedio, hasta que la lluvia amaine y se puedan escuchar bien los parlamentos; en los momentos de suspensión algunos trabajadores lanzan el agua que llega al escenario hacia el patio, resguardados en los impermeables amarillos que el Instituto Nacional de Bellas Artes, por iniciativa del licenciado Arturo Delgado, director del Centro Cultural del Bosque, ha mandado a hacer y se regalan también al público para que se cubra del aguacero.

En el caso de lluvia, hay que hacer notar la actitud de actrices y actores de seguir trabajando en un piso mojado, mojada también la falda de Blanca incorporada por Mariana Gajá, lo que confirma la admiración que se tiene por estos creadores escénicos que unen a su talento y preparación un respeto por su trabajo que no se tiene en todos los gremios ni en todos los trabajadores. Como colofón yo añadiría que no se debiera usar la Corrala del Mitote en los meses de lluvias, por imprevisible que sea nuestro clima.