Opinión
Ver día anteriorLunes 12 de agosto de 2013Ver día siguienteEdiciones anteriores
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Melón

Claridoso

M

e calificaron de claridoso y acepté el adjetivo con gran sentido del humor, pero creo que no me queda ese traje o, como cantó Andy Montañez: No me viene el sayo. Lo que pasa es que la verdad les molesta a ciertos intelectuales y a otros ávidos de protagonismo, pero no se dan cuenta de que no es lo mismo que “lo mesmo”.

Hace muchos años, más o menos 70, tuve cercanía con Felipe Sánchez Cámara, mejor conocido por Pipo, amante del son y la rumba, por supuesto cubanas, no la rumbita de cierto seudoconocedor. A Pipo lo conocí en el Jai-Alai, de Zamora y Montes de Oca, donde un señor de apellido Ocaña presentaba tés danzantes cada domingo. Este lugar me dejó huella y recuerdos a granel, con una fuente en la planta baja que las parejas rodeaban en los descansos de la orquesta y del conjunto tropical que conformaban el carnet musical de dichos tés danzantes.

Éste, su enkobio, rara vez bailaba. Cuando era el turno de la orquesta subía al segundo piso para ver bailar a Pipo que en el swing o boogui boogui hacía splits a la manera de los Nicholas Brothers en Las viudas del jazz. Cuando tocaba el conjunto tropical me apostaba junto al stand –en esos tiempos todavía no se acostumbraba lo de tarima– para no perder detalle de mi primer amor sonero si le tocaba actuar esa tarde, Los Guajiros del Caribe, con su cantante Jorge Espinoza, al que Pipo llamaba Tuñare. Eso, para mí, era un regalo, un agasajo para mis oídos.

Durante un tiempo nos comunicábamos lo que iba apareciendo en el ambiente sonero respecto a discos o algún chisme relacionado con el son. Hasta que a Pipo se le ocurrió formar un grupo y me invitó a integrarlo. Aquí un recuerdo cariñoso para Enrique Fisher, pianista que no leía música, pero sabía el repertorio que la mayoría interpretaba y además lo hacía con tremendo sabor. También un recuerdo respetuoso para Nacho Montesinos en el bongó y para Armando Thomae un saludo jicamoso, a todos los recuerdo con cariño. Por cosas de la vida, eso duró poco, pero fueron mis principios o pininos, póngale el montuno que quiera mi querido asere, monina, bonkó, como dice Moy Domínguez.

Mientras me daban oportunidad en Los Guajiros, Pipo amenizaba los tés en el Casino Veracruzano con su guerrilla cada domingo. Esas guerrillas estaban formadas por gente de liga mayor: Eduardo Periquet, Carlos Centella, etcétera. Vaya que fue una época que obligaba a gozar, porque la ciudad estaba llena de saoco, jícamo y sabor, ya que lo que se tocaba era lo que es y ejecutada por soneros de verdad: Chucho Rodríguez con Tony Camargo, Arturo Núñez con Lalo Montané y Benny Moré, con grupos que no tenían desperdicio.

Viene a mi memoria el del Jacalito, cuyo nombre se cambió a Pigalle, en el que después de algunos años nació el chúa. En su anexo, Pigalito, el pianista Pepe Bustos era sumo sacerdote.

En el salón principal del Pigalle Enrique Jorrín daba rienda suelta al cha-cha-chá, pero en la época del Jacalito había un grupo que la ponía durísima, con Cedillo y Chico Changote en las trompetas, El Teniente al piano, El Torito y Pepe El Amarillo, en las percusiones, así como Pancho Fierros con Pepe Triste en el bajo y Paco Betancourt Cascarilla cantando. En el Río Rosa, Daniel de la Vega al piano, Periquet y en varias épocas Caravela, Manolo Berrío, Florecita y varios trompetistas de altura, Chicho y Modesto Durán, percusionistas, Andresito, bajo.

Cantando pasaron por allí, Benny Moré, Vicentico Valdés, Kiko Mendive, Lalo Montané al que una noche le escuché una interpretación de Bella mujer que hizo que el público dejara de bailar y le proporcionara una ovación muy merecida, y Panchito Morales al que Periquet descubrió en el Victoria, cabaret cercanísimo al cine Cosmos, frente al Beny, donde Rafael Martínez Montero, el Cucaracho mayor, campeaba por sus respetos en compañía de Rubén y Mario Rodríguez Freydig, este último apodado El Mono, que dejó la conga para convertirse en trompetista.

Aquí le voy a parar, pero le prometo que lo hago para que el alka-seltzer no me haga una mala jugada y pueda darle el crédito que merecen los que me faltaron y que me hicieron en su momento asombrarme con lo bien que le daban al son en un atardecer y un México nocturno que no volverá. ¡Vale!

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