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Todo se enfoca en políticas antinarco, indica informe de centros de investigación y análisis

Las relaciones militares de EU con AL son cada vez menos transparentes

La DEA tiene más agentes en México que en cualquier otro de sus puestos en el extranjero

David Brooks
Corresponsal
Periódico La Jornada
Jueves 19 de septiembre de 2013, p. 35

Nueva York, 18 de septiembre.

Fuerzas de Operaciones Especiales de Estados Unidos están presentes cada vez más en América Latina para tareas de capacitación y de recaudación de inteligencia y otras misiones militares que, con otros programas de asistencia estadunidense a la región, se realizan bajo el rubro del viejo esquema de la lucha antinarcóticos, a pesar de los llamados por un cambio en las políticas antinarcóticos, concluye un nuevo informe sobre la asistencia de seguridad estadunidense en el hemisferio.

El informe publicado hoy por tres centros de investigación y análisis –Grupo de Trabajo para Asuntos Latinoamericanos (LAWGEF), Centro para políticas Internacionales (CIP) y la Oficina en Washington para Asuntos Latinoamericanos (WOLA) que mantienen un banco de datos conjunto sobre programas de asistencia estadunidense a América Latina– registra que aunque el nivel de asistencia estadunidense se ha reducido a uno de los más bajos en una década, lo preocupante es un mayor énfasis en relaciones militares menos transparentes y la sordera ante el creciente coro a favor de repensar las políticas prohibicionistas sobre las drogas por todo el hemisferio.

En gran medida, lo que viene ocurriendo no se refleja en los grandes presupuestos, sino que bien encubierto por un velo de misterio, deslucidos informes ante el Congreso y el público, y una migración del manejo de programas el Departamento de Estado hacia el Departamento de Defensa, subraya el informe, Hora de escuchar: tendencias en asistencia de seguridad de Estados Unidos hacia América Latina y el Caribe.

Más aún, el informe indica que a lo largo de los últimos años Estados Unidos ha ampliado su participación directa en operaciones antidrogas en el hemisferio occidental, sobre todo en América Central.

El informe destaca que, como en casi todo rubro, el gobierno de Barack Obama ha favorecido el empleo de Fuerzas de Operaciones Especiales en sus políticas de seguridad, y que serán cada vez más empleadas en América Latina para capacitación y organizar ejércitos. Tales misiones cumplen funciones que van más allá de la mera provisión de entrenamiento. Ellas permiten que las unidades de Fuerzas Especiales se familiaricen con el terreno, la cultura y los oficiales claves en países donde algún día podrían operar, indica el informe. Agrega que también permiten que el personal estadunidense reúna información confidencial sobre sus países anfitriones.

También hay programas para establecer más unidades militares y policiales especializadas y otras fuerzas de élite que son capacitadas y operan con la supervisión de Estados Unidos y se vuelven un mecanismo de bajo costo para mantener la presencia e influencia de Estados Unidos en la guerra contra las drogas, sostiene el informe. Además hay otros equipos, como las Unidades de Investigación Confidencial o SIU, grupos ultrasecretos de agentes élite de la región bajo supervisión de la DEA y la CIA, operando en varios países, incluyendo recientemente México. De hecho, la DEA cuenta con más oficiales en México que en cualquiera de sus otros puestos en el extranjero.

El informe también destaca el papel cada vez más amplio de Colombia en la capacitación y asistencia, así como la exportación de su modelo, a otros países latinoamericanos en el contexto de la lucha antinarcóticos, incluido México, donde Colombia ha participado en la capacitación de miles de policías mexicanos.

Fracasos de la guerra contra las drogas

A la vez, indica que a más de 40 años de la declaración de la guerra contra las drogas, con sus fracasos empíricos (desde 2000, por ejemplo, Washington ha gastado aproximadamente 12 mil 500 millones de dólares en América Latina en programas antinarcóticos con resultados mínimos), prominentes voces tanto de la sociedad civil como gobernantes a favor de replantear la estrategia antinarcóticos y considerar alternativas están ganando cada vez más impulso en la región, algo que Washington continúa ignorando. “Tenemos un pedido primordial para nuestro gobierno: es hora de escuchar… de escuchar la invocación a nuevas políticas sobre drogas para nosotros y para la región”, subraya el documento.

El informe también incluye datos por región y países de la asistencia militar y policial estadunidense a América Latina y el Caribe desde 1996 a la programada para 2014. México recibió 44.8 millones en 2006, cifra que se multiplicó más de 10 veces para alcanzar 508 millones en 2010, 166 millones en 2012, 154 en 2013 y 127 millones en 2014.

El informe también aborda el asunto de derechos humanos, y ofrece una serie de recomendaciones. Puede consultar el informe.