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Bajo la Lupa

¿Disimulado G-2 entre EU y China en Asia?

Alfredo Jalife-Rahme
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China puso a prueba desde el domingo pasado una nueva zona de libre comercio en Shangai, donde experimentará reformas económicas que evaluará en 2016Foto Reuters
A

hora que Zbigniew Brzezinski, asesor de seguridad nacional de Jimmy Carter e íntimo de Barack Obama, exhumó su obsesión por un G-2 entre Estados Unidos y China para diluir el retorno triunfal de Rusia con su desactivación pacífica de la crisis siria, vale la pena desarchivar algunos aspectos de la cumbre histórica en Sunnylands (California) entre los presidentes Obama y Xi Jingping –enturbiada por el superescándalo del ciberespionaje dual de EU/Israel mediante el Prisma de NSA (dependiente del cibercomando del Pentágono) y las trasnacionales israelíes Verint y Narus.

Stephen M. Harner expuso un mapa de ruta para el establecimiento de un nuevo y estable orden geoestratégico en el este asiático entre EU y China (China US Focus, 8/6/13) digno de ser sopesado.

Harner –anterior funcionario del Departamento de Estado, banquero/consultor con amplia experiencia en el este asiático durante 30 años y graduado de la Universidad Johns Hopkins–, diagnostica que la región del este asiático como un todo se encuentra en una crisis geopolítica y geoestratégica y que si bien todavía se halla en un bajo nivel crítico corre riesgos de una escalada seria a una guerra caliente.

El perfil de Harner en LinkedIn resalta su paso por varias bancas trasnacionales (City Bank, Merrill Lynch, Deutsche Bank) hasta su actual empresa Yangtze Century Limited (en Hong Kong/Shangai/Tokio), lo cual refleja su pertenencia a un grupo de la élite financierista globalista.

El hoy banquero es pesimista respecto del futuro financiero de Japón al que sacrifica subliminalmente en el altar de un probable arreglo entre EU y China para repartirse la región del este asiático.

Juzga que la geopolítica regional se encuentra al rojo vivo: desde el anuncio del provocativamente militarista pivote en Asia hace dos años por Obama pasando por las disputas territoriales armadas en el mar del Sur de China (nota: considerado el mayor punto candente del planeta)hasta la desafiante nacionalización de las islas Senkaku/Diaoyu por Japón y la respuesta de China, además del impasse político entre China y Japón,y las seriadas crisis de armas nucleares en la península coreana.

Recomienda un cambio imperativo ya que el status quo es la ruta segura a la catástrofe.

A su juicio, el presidente Obama y el mandarín Xi en sus 55 minutos de caminata privada (a solas con traductores y sin ningún funcionario) debieron haber trazado los grandes rasgos de un nuevo orden regional geoestratégico en el este asiático, más allá de los intereses económicos y la rigidez burocrática (del Pentágono).

Aduce que se debe dejar atrás el “presente sistema de alianzas posterior a la Segunda Guerra Mundial y a la guerra fría” que se ha generado entre Japón, Corea y Filipinas, al unísono de la presencia de bases militares en Japón bajo el Tratado de Seguridad Mutua entre Tokio y Washington, así como la implícita alianza entre Sudcorea y Vietnam, lo cual en su conjunto “constituyen una amenaza potencial inmediata a la seguridad de China y a sus esenciales (sic) intereses nacionales que incluyen a Taiwán y la libre navegación de las rutas marítimas vitales.

Comenta dos publicaciones recientes de diversos think tanks: 1. El militarismo chino y la alianza EU/Japón en 2030: una neta evaluación estratégica del Carnegie Endowment for International Peace; y 2. Anclar la estabilidad en Asia, por el Reporte Armitage-Nye del CSIS, think tank muy influyente.

Para conseguir el nuevo y estable orden geoestratégico en el este asiático –en referencia a los tres principales poderes regionales (EU, China y Japón)– Harner se basa en tres referencias seminales: 1. El libro Chimerica: la colusión EU-China y el camino delante de Japón, del profesor emérito Yabuki Susumu, de la Universidad de Yokohama; 2. La opción de China: ¿Por qué EU debe compartir su poder?, del profesor Hugh White, de la Universidad Nacional de Australia; y 3. Los escritos de Ted Galen Carpenter, del ultraconservador Instituto Cato, vinculado al polémico Charles Koch.

Harner cita a Galen Carpenter, quien publicó en 2005 el libro La guerra que viene de EU con China: el camino de la colisión sobre Taiwán, donde aboga una política prudente (sic) para que EU no se vea arrastrado en ella. Opinión muy caduca a mi juicio, ya que el tema de Taiwán se ha compuesto en beneficio de China.

Harner emprende una gigantesca tarea de síntesis de las publicaciones de marras con el fin de señalar los cinco nodos vitales para un nuevo orden geoestratégico regional en el sudeste asiático entre EU y China, en detrimento de la Santa Alianza de EU y Japón:

1. “EU debe reconocer que el sistema de alianzas posterior a la Segunda Guerra Mundial y a la guerra fría, así como su despliegue de fuerzas en la región, es desestabilizador (¡supersic!), por lo que debe ser desmantelado y operar un retiro efectivo”.

2. La alianza de EU y Japón debe ser abolida con el cierre de todas las bases de EU en Japón y permitir que Tokio asuma una postura de independencia armada no nuclear y/o de neutralidad bajo el artículo 9 de su Constitución.

3. Retiro de las fuerzas de EU de la península coreana donde China deberá asumir su responsabilidad primaria de garantizar su desnuclearización y su pacificación.

4. Las disputas territoriales deben ser resueltas entre los querellantes sin la interferencia de las terceras partes, en particular de EU.

5. EU y China deben comprometerse solemnemente (sic) a evitar una carrera armamentista peligrosa y dispendiosa: los requisitos legítimos de China para su seguridad de sus corredores marítimos y su perímetro marítimo deben ser la base para una paridad regional equilibrada en los despliegues y los arsenales en la que ningún país deberá buscar una superioridad ofensiva indisputable.

Harner señala que uno de los principales puntos candentes y peligrosos en la región asiática lo representa la disputa de Japón y China sobre la soberanía de las islas Senkaku/Diaoyu en la que la alianza EU/Japón constituye uno de los principales factores malignos que estimulan las acciones contraproducentes de Japón, que, a mi juicio, con el primer ministro Abe ha optado por una política revanchista y jingoísta que incluye su guerra de divisas mediante la devaluación artificial del yen en más de 30 por ciento (el fracasado Abenomics).

Pareciera que Harner representa la parte sinófila del Departamento de Estado, donde abundan los sinófobos, pero faltaría sopesar cuál es la cosmogonía imperante en el Pentágono en la etapa de Chuck Hagel, sobre todo después de su ponencia en el reciente Diálogo de Shangri La, patrocinado por el IISS, think thank británico militar hoy de capa caída.

Se nota la concatenación inextricable de los cinco puntos en su arreglo arquitectónico. Se trata de la parte regional de un G-2 global disimulado entre EU y China, en detrimento de Japón, pero en la que no se detecta el quid pro quo de China que beneficie a EU.

Un problema adicional: la irrupción magistral de Rusia después de Siria. Quiérase o no, hoy impera la nueva ecuación global geoestratégica del G-3 cupular: EU/Rusia/China con sus respectivas traducciones regionales/locales.

alfredojalife.com

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