Directora General: Carmen Lira Saade
Director Fundador: Carlos Payán Velver
Domingo 10 de noviembre de 2013 Num: 975

Portada

Presentación

Bazar de asombros
Hugo Gutiérrez Vega

Bachofen o la
mitología paradójica

Mauricio Beuchot

A la memoria de
David Gris

Juan Gabriel Puga

Nicanor: de cantera
de cantores

Enrique Héctor González

El ajusticiamiento
de Taurino López

Agustín Escobar Ledesma

Jorge Carrión y
la revista Política

Marta Quesada

Las ilusiones perdidas:
Fellini 20 años después

Carlos Bonfil

Coordenadas de
una amistad escrita

Cristian Jara

Dos poemas
Spiros Katsimis

Leer

Columnas:
Bitácora bifronte
Jair Cortés
Mentiras Transparentes
Felipe Garrido
Al Vuelo
Rogelio Guedea
La Otra Escena
Miguel Ángel Quemain
Bemol Sostenido
Alonso Arreola
Las Rayas de la Cebra
Verónica Murguía
Cabezalcubo
Jorge Moch
La Casa Sosegada
Javier Sicilia
Cinexcusas
Luis Tovar


Directorio
Núm. anteriores
jsemanal@jornada.com.mx
@JornadaSemanal
La Jornada Semanal

 

Jair Cortés
jair_cm@hotmail.com
Twitter: @jaircortes

Lectores vemos

La lectura no es una actividad lineal. Cada obra, nacida en circunstancias particulares, nos exige diferentes tipos de atención. Nuestros intereses tambien varían al acercarnos a un libro, una revista, un periódico. No es lo mismo leer un poema que una novela, incluso un mismo género literario propone estrategias distintas en cada obra: no se lee de manera uniforme de principio a fin. Cada obra respira, tiene un ritmo cardíaco, ondulaciones que se diferencian unas de otras. En conclusion, cada obra es un ser vivo y nuestra relacion con ella es impredecible.

A Samuel Taylor Coleridge se le atribuye haber dividido en cuatro tipos a los lectores, según sus capacidades para asimilar, retener o filtrar la lectura. La que a continuación propongo es una subdivisión de algunos tipos (básicos) cuyas combinaciones son múltiples y se pueden encontrar en un mismo lector.

El lector desorganizado. Casi siempre lee varios libros a la vez, suspende la lectura de un título para saltar a otro; tarda mucho tiempo en concluir un libro. Muchas veces su capacidad de concentración no le permite leer libros extensos.

El que lee sistemáticamente (por placer). Lee a autores, géneros, temas. Se interesa por la obra de un autor y trata de leer toda su bibliografía.

El que lee sistemáticamente (por obligación). A este gremio pertenecen los estudiantes, profesores, reseñistas y gente que lee por “obligación” y puede derivar del tipo anterior. Este lector casi siempre se queja de la lectura en turno pues preferiría estar “leyendo otra cosa”. De vez en cuando lee libros que resultan interesantes y asombrosos: un tesoro encontrado en el basurero justifica la faena de pepenador.

El que lee por temporadas. Lee cuando tiene vacaciones o cuando simplemente un libro “lo atrapa”. Puede ausentarse de la lectura por meses sin que lo asalte el sentimiento de culpa.

El lector que “relee”. Este lector da demasiada importancia a lo que los demás piensan de él pues suele emitir frases como “estoy releyendo a Borges y me parece fenomenal”, cuando en realidad es la primera vez que lo lee; disimula su ignorancia pero proyecta su (sincero) asombro.

El lector que no lee. Este lector es nocivo para sí mismo y para su entorno. Lee poco pero finge leer mucho. Da malas referencias a quien acude a él por su fama de “lector”. Cuando le preguntan qué opina de cierto autor dice, para no perder credibilidad, que es “bueno” o “regular”. Suele guiarse por los comentarios de terceros o por otros “lectores” de su especie. Si le mencionan el nombre de una novelista, desconocida para él, dice que es “un magnífico autor”; o asegura haber leído una novela cuando sólo vio la película basada en ella. Al verse descubierto suele llevarse la mano a la frente y afirmar: “es que de tanto leer me confundo”. De este tipo, estimado lector, hay que alejarse inmediatamente.