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Denuncian acoso durante la aplicación de pruebas de confianza

Aprueban diputados reformas para evitar violación de derechos a policías
 
Periódico La Jornada
Miércoles 13 de noviembre de 2013, p. 16

La Cámara de Diputados aprobó por unanimidad –con 436 votos– una reforma a las leyes General del Sistema de Seguridad Pública y de la Policía Federal, para evitar que en la evaluación de confianza a los policías estatales, municipales y federales se les someta a violaciones a sus garantías fundamentales, debido al alto índice de quejas por acoso que han presentado ante la Comisión Nacional de los Derechos Humanos.

Los legisladores que defendieron el dictamen en tribuna refirieron que los cuestionarios a los policías tienen como base la mentira, y que las sillas donde se les aplican las preguntas tienen sensores en el asiento, en los respaldos y en los descansabrazos, además de los que se les colocan en distintas partes del cuerpo, incluida la frente.

Los controles de confianza, señalaron, incluyen fotografías de sus domicilios particulares, mobiliario y automóvil, si cuentan con éste, entre otras.

La naturaleza de estas pruebas, que a pesar del interés público que las justifica, es percibida por algunos como invasiva, ha originado cuestionamientos acerca de si el modelo en cuestión es suficiente para lograr el objetivo final, que es la seguridad de los mexicanos, señaló la panista Elizabeth Yáñez, quien fundamentó la propuesta.

Sonia Rincón, del partido Nueva Alianza, expuso que los grupos policiacos tienen que presentar cinco exámenes: poligráfico, médico, sicológico, toxicológico y de entorno socioeconómico, no obstante, también denunció el maltrato a que se ven sometidos los agentes que no logran aprobar las pruebas aplicadas, y por añadidura ven afectadas sus garantías individuales:

“La parte más fuerte de la prueba del polígrafo dura entre tres y cuatro horas. La mayor parte de los examinados coinciden en que en ésta se violan los derechos humanos, ya que se realiza en un cubículo de tres por tres metros, con una cámara de circuito cerrado, donde sólo están el policía y el poligrafista. Para iniciar, los colocan en una silla que tiene sensores en el asiento. Les ponen otros en muñecas, dedos, pecho, cabeza y sien.

Primero les hacen preguntas contradictorias para evaluar cómo reaccionan ante la verdad y la mentira. El poligrafista se torna sumamente agresivo y cuestiona sobre cosas del trabajo y les dice que no les cree. Que le digan que si trabajan para tal o cual grupo criminal. Que cuánto reciben. Les empiezan a meter miedo. Incluso, les hacen preguntas personales. Lo que buscan es que se pongan nerviosos.