Opinión
Ver día anteriorSábado 16 de noviembre de 2013Ver día siguienteEdiciones anteriores
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Evaluación y reforma educativa
Enrique Calderón Alzati
H

acía muchos años que la educación no ocupaba la atención nacional como ha sucedido en las semanas recientes, luego de la aprobación de las leyes secundarias de la reforma educativa aprobada por el Congreso al inicio de este año. Ello ha motivado la discusión del tema educativo dándole la importancia que debe tener por sus implicaciones para el desarrollo nacional.

Si bien, esto ha dado lugar a una airada movilización del magisterio, la cual ha sido aprovechada por la televisión comercial para colocar a los profesores como los enemigos del progreso y del bienestar de la nación, la discusión ha permitido el establecimiento de múltiples foros de discusión sobre el tema; uno de ellos realizado en estos días con la participación de varios expertos tanto nacionales como extranjeros, bajo el título La evaluación del aprendizaje de las ciencias: tendencias y retos, organizado por la Fundación México Estados Unidos para el Avance de la Ciencia con el apoyo de la UNAM y del Conacyt; de las discusiones en ella vertidas y de mi propia experiencia he podido reafirmar que la responsabilidad de la problemática actual de la educación, lejos de recaer en los profesores, es consecuencia directa de errores, improvisaciones y decisiones tomadas por las más altas autoridades del país, en gobiernos anteriores.

Uno de los errores más graves ha sido, sin lugar a dudas, la descentralización incompleta de la educación, que se llevó a cabo durante el gobierno de Carlos Salinas sin contar con normas y mecanismos regulatorios apropiados, dejando la responsabilidad de la educación a los gobiernos de los estados, sin que éstos contarán con los elementos y las normas que les permitieran desempeñar a plenitud dicha responsabilidad, permitiéndoles a cambio, manejar de manera desordenada los recursos financieros asignados a los estados para esta tarea. Hoy es claro que para asegurar el mejoramiento de la calidad de los programas y proyectos educativos, era necesario contar con mecanismos de evaluación que permitiesen corregir las desviaciones y fallas de esos proyectos; sin embargo, ningún gobierno estatal cuenta con un mecanismo de esta naturaleza.

¿Cómo se puede asegurar que un programa educativo está dando resultados positivos si no se cuenta con mecanismos para evaluarlo? Por otro lado, un tema central ha sido que las metodologías de evaluación requieren ser aplicadas de acuerdo con normas que aseguren el buen uso de los resultados y, así mismo, que las evaluaciones no terminen trastornando los programas educativos mismos. Un ejemplo de estas fallas es el relativo a la educación media superior, en el que la pruebas sólo se aplican a los estudiantes del último grado, cubriendo únicamente los temas de matemáticas y de la comprensión del lenguaje, dejando fuera las ciencias naturales y sociales; ello ha traído como consecuencia que las demás áreas de estudio y los estudiantes de los grados iniciales, no sean motivo de prioridad en la atención de las autoridades educativas, que si la dan de manera exclusiva a las áreas y grupos evaluados, distorsionando el proceso educativo en su conjunto al dejar que lo demás se realice al garete.

Los resultados mismos de las pruebas de Enlace ocupan la atención del sistema educativo y de sus autoridades, así como de la sociedad toda por unos días, para olvidarse después de ellos, hasta el año siguiente en que nuevamente los resultados son publicados, sin mayor análisis, y con comentarios dirigidos exclusivamente hacia la mala preparación de los maestros.

Hace unos cuantos años, el gobierno de Nuevo León anunció con bombos y platillos que se había establecido un proyecto para convertir a la ciudad de Monterrey en una Ciudad del conocimiento, la primera de su tipo en nuestro país, siguiendo el ejemplo de algunas ciudades estadunidenses, europeas y asiáticas en donde esto estaba realmente sucediendo; después de algunos años, el proyecto, al que se le deben haber adjudicado fondos importantes, ha sido olvidado; en las evaluaciones de Enlace de 2013 de matemáticas para la educación media superior, Monterrey quedó en uno de los 10 últimos lugares entre las 75 ciudades más importantes del país, indicándonos con claridad que el proyecto nunca fue evaluado para conocerse su avance. ¿Se podría pensar que la responsabilidad del fracaso la tuvieron los maestros? Ciertamente que no, pero este tipo de resultados se podrían evitar con un poco de más inteligencia y menos demagogia.

Uno de los temas de discusión obligada durante la reunión, fue la desaparición de la prueba de Enlace, que tanto enojo causó en los maestros, por los múltiples abusos y prácticas equivocadas de que fue objeto, y sobre todo por la utilización que se dio a sus resultados para recriminar a los profesores por su mala preparación y por la falta de instrucción dada a sus estudiantes; sin embargo, en ella quedó claro que los problemas centrales no estuvieron en la prueba sino en la escasa reglamentación con la que fue instrumentada, y que de no corregirse debidamente este problema, cualquier evaluación futura que se haga a los estudiantes correrá la misma suerte.

La utilización de ejercicios repetidos para que los estudiantes realicen simulacros respondiendo pruebas similares a las que les serán aplicadas, en demerito de las otras disciplinas a las que se les reduce el tiempo de atención, deben ser objeto de sanciones a las autoridades que las promuevan, como lo deben ser también los estímulos pagados a los profesores cuando sus estudiantes salen bien en las pruebas, porque al final de cuentas esa es su responsabilidad central: lograr que sus estudiantes estén bien preparados. Crear en el país una cultura de la evaluación, que incluso rebase el ámbito educativo y se lleve a todos los campos de la acción pública incluyendo la conducción misma del país, es indispensable, si queremos que realmente México camine hacia adelante.

Twitter: @ecalderonalzat1

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