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Las senadoras que la impulsan no quieren ver la realidad, dice una víctima

Regresión, cambiar ley de trata: experta
Especial para La Jornada
Periódico La Jornada
Domingo 24 de noviembre de 2013, p. 11

Yareli truena sus dedos constantemente. Esta nerviosa. Anoche soñó que uno de los hombres que la secuestraron y la convirtieron en esclava sexual durante ocho años salía de la cárcel, la perseguía y la intentaba asesinar en venganza por testificar en su contra.

Su pesadilla se ha vuelto recurrente y, lo que es peor, se puede hacer realidad con la reforma a la ley contra la trata de personas, impulsada por las senadoras Adriana Dávila (PAN) y Angélica de la Peña (PRD), actualmente en la Comisión de Justicia y Estudios Legislativos del Senado.

La reforma pretende eliminar los agravantes de la actual ley, con lo cual, todos los tratantes que estén siendo procesados o hayan sido condenados con agravantes, inmediatamente se verían beneficiados con la reforma, dice la abogada penalista María Teresa Paredes Hernández, consejera de la organización Unidos contra la trata.

Entrevistada por La Jornada, cree que la actual ley es perfectible, pero advierte que la reforma debilita la persecución y condena de tratantes de mujeres y niñas: No sólo debilitan la ley, sino que la están haciendo de tal manera, que se complicaría su aplicación. Sería un gran retroceso.

El trabajo

Yareli tenía 17 años cuando conoció a Gerardo González González. Estaba embarazada y le faltaban unos meses para cumplir la mayoría de edad. La fue enamorando y después de su cumpleaños la invitó a irse a Puebla.

Originaria de Córdoba, Veracruz, aceptó pensando que iba a cumplir sus sueños: Yo le dije que sí porque estaba embarazada y no tenía ningún apoyo de mi familia. Antes de irnos me pidió que dijera que era su esposa, si nos paraba una patrulla.

Al llegar a Puebla le soltó a bocajarro las características de su nuevo empleo: Tu trabajo es estar con hombres. Ella le preguntó: ¿tomando?. Riéndose y sin ningún preámbulo, le dijo: Claro que no, tienes que acostarte con ellos.

Bajo amenaza de matar a su familia, Yareli aceptó trabajar jornadas extenuantes de 13 y 15 horas diarias. Tenía que hacer 30 clientes y entregarle todo el dinero a Monserrat Aracely Hernández, la madrota que la vigilaba.

El infierno

Poco a poco, Yareli fue descubriendo la estructura de la red de trata que la secuestró. Era un negocio familiar. Gerardo y su hermano Andrés tenían a 20 chicas de diferentes estados secuestradas y moviéndolas por todo el país en giros negros y de un grupo de amigos dedicados igualmente a la trata. La madre de ambos, Juana Guillermina González Velazquez se encargaba de la estrategia financiera.

Al momento de detener a Andrés fueron por nosotras, pero sólo tres pusimos denuncia y otras dos se fueron como cómplices, porque ellas nos cuidaban, nos pegaban, eran como madrotas. Gerardo y su madre lograron huir y hasta hoy están prófugos.

La abogada María Teresa Paredes Hernández no tiene dudas: Por supuesto que la reforma beneficia a los tratantes: habrá menos forma de reparación a la víctima de trata, porque al remitirla a la ley, como quieren las senadoras, es mandarla atrás de todas las demás víctimas. Y las víctimas de trata no son iguales a ninguna otra, quererlas tratar así es desconocimiento e insensibilidad.

Explica que la reforma cancela los verbos rectores al cambiarla de nombre: Le quitan las palabras de combate, prevención, erradicación del delito de trata, le quitan la asistencia y protección a las víctimas. Ellos dicen que es porque esas funciones ya se prevén en otras leyes, sin embargo, esas leyes no son operables o te condicionan la protección a la víctima.