Política
Ver día anteriorLunes 9 de diciembre de 2013Ver día siguienteEdiciones anteriores
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Astillero

México hipotecado

Contrato político a futuro

Aritmética cantada

Mancera, en-cuesta

Julio Hernández López
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PRIMERA LLAMADA: APROBAR EL PREDICTAMEN. Los senadores Jorge Luis Preciado, del PAN, y los priístas Emilio Gamboa y Carlos Romero Deschamps, en la reunión extraordinaria de Comisiones Unidas de Puntos Constitucionales, Energía y de Estudios Legislativos, Primera, que ayer inició discusiones sobre el proyecto de dictamen de la reforma energéticaFoto María Meléndrez Parada
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a derecha bicéfala (PRI y PAN) ha decidido atar aún más vigorosamente el futuro del país a poderes extranjeros. La desmesurada reforma energética es una forma de compartir con consorcios trasnacionales (y sus celosos gobiernos adjuntos) la responsabilidad de gobernar un país convertido en proveeduría y botín. En cuanto se firmen documentos jurídicos que establezcan derechos para las firmas foráneas (si es que, como todo hace prever, se termina aprobando la mencionada reforma cumbre) habrá de caer sobre México una especie de hipoteca económica y política, con fuerzas externas deseosas de hacer que se cumplan rigurosamente los términos que les son tan ventajosos en la apropiación de riquezas mexicanas, con la clase política nativa entregada al saqueo en comando, convertidos los priístas contrarrevolucionarios y los panistas siempre reaccionarios (y el chuchismo perredista en ruta de regreso al redil) en financiables ejecutivos al frente del vacuo escaparate institucional.

A fin de cuentas, el golpe fue aún peor que el prefigurado por el peñismo. Condicionado por Acción Nacional (cuyos votos son imprescindibles para sacar adelante la RE), el priísmo soltó con apenas disimulado gozo las amarras al buque de las privatizaciones extremas. Con requiebros retóricos y tecnicismos confeccionados para la posterior interpretación a modo, la dupla cuadricolor (verde, rojo, blanco y azul) plantea la entrega casi sin atenuantes de la riqueza energética (petróleo, gas, electricidad) a los ánimos trasnacionales de lucro.

Pero no se crea que es solamente un asunto empresarial o económico. Es un contrato a futuro que implica el involucramiento de los grandes inversionistas en el mantenimiento de condiciones para que los veladores locales garanticen el buen desarrollo del negocio. Estados Unidos ya ha sido factor decisivo para impedir el arribo al poder mexicano de una opción de izquierda moderada, reformista, en la persona de Andrés Manuel López Obrador. Ahora, con más intereses en juego, el país vecino y los demás países participantes en el banquete en vías de ser inaugurado habrán de tener más interés en cuidar los incidentes del manjar reconquistado, ayudando a los políticos proclives a ese entreguismo a mantenerse en el poder (elección tras elección, ahora que legisladores y presidentes municipales podrán seguir en los cargos hasta por 12 años continuos y en espera de más delante extender este neoporfirismo a los gobernadores y al propio ocupante de Los Pinos) y cerrando las puertas con suavidad o con rudeza a los opositores, los disidentes, los que se hayan constituido en peligros para el negocio (de las tarjetas Mónex y Soriana a las de marca petrolera trasnacional, del Pacto por México a la Compra de México).

El resultado aritmético está cantado (PRI, PAN, PVEM y Panal hacen suficiente mayoría) pero aún así se cumple con el cansino ritual legislativo. Los representantes de la izquierda electoral hacen esfuerzos oratorios sabidamente infructuosos ante los demás miembros de las comisiones unidas del Senado que sólo esperan el desahogo del trámite de dejar que se desahoguen esos inconformes legitimadores para aplastar por mayoría cualquier esperanza de reversa o enmienda. Así sean reservados para discusión especial ciertos artículos o el proyecto de dictamen entero, la suerte numérica está echada: se aprobará el dictamen en esas comisiones para ser presentado el lunes por la noche al pleno senatorial, donde similar inercia votante dará fuerza legal a la reforma energética. Luego, a San Lázaro, ya con las vacaciones de temporada en busca de instalar un largo paréntesis propulsor de olvidos. Y el año entrante, los congresos estatales cuya mitad más uno deberá aprobar la reforma para cerrar el ciclo.

La izquierda electoral resiste de maneras distintas. En la orfandad provisional, Morena apenas cumple con lo testimonial, en espera de que otras fuerzas lleguen a fortalecer un cerco al Senado que a pesar de todo es la más aceptable (o la menos inaceptable) de las vías actuales de protesta. No hay masas indignadas en vías de desbordamiento ni se vislumbran giros directivos vigorosos que le den perspectivas de triunfo, pero ese movimiento nuclea y sostiene la indignación ante el atraco en curso.

El PRD está metido en un activismo de última hora que busca un lavado de cara. Sus dirigentes ayudaron a la consolidación del peñismo al participar en el Pacto por México y fueron sonrientes y entusiastas colaboradores en el proceso de rediseño nacional cuya reforma central, la energética, sin contundencia real pretenden rechazar. Pero ahora están en una tesitura provisionalmente distinta. Se ha anunciado una caminata de 75 horas en el Ángel de la Independencia, en defensa del petróleo. Y el sol azteca también está en disposición de buscar acciones unitarias (que probablemente serían extemporáneas e ineficaces).

Para que no falte a los ciudadanos críticos materia controversial, el gobierno de la ciudad de México abrió un flanco oportuno que ayude a esos inconformes a diversificar sus fuerzas. No es solamente el aumento en sí de la tarifa del Metro, sino la manera en que se ha pretendido justificarlo. Miguel Ángel Mancera acudió al desacreditado recurso de las encuestas públicas, parapetándose tras ese mecanismo opaco, demostradamente manipulable en el contexto mexicano y tradicionalmente acomodable a las necesidades del cliente. La grosera coartada generó irritado rechazo que ha ido cobrando forma en las redes sociales con la convocatoria (#PosMeBrinco ha sido la etiqueta) a saltarse los torniquetes o a pasar por ellos sin usar boleto gracias a la ayuda de jóvenes que ya pusieron en práctica esa fórmula en algunas estaciones del servicio que sigue sumido en corrupción, abandono y mal mantenimiento, pugnas sindicales, lentitud y saturación.

Y, mientras mañana a las 9 horas sesionan en San Lázaro las comisiones unidas del DF y de Derechos Humanos para tratar de aprobar un dictamen sobre una muy restrictiva ley de manifestaciones en la capital del país, ¡hasta mañana!

Twitter: @julioastillero

Facebook: Julio Astillero

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