Política
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De Vasconcelos a Madero
Héctor Vasconcelos
Foto
Integrantes del Movimiento de Regeneración Nacional se manifestaron ayer frente a la Cámara de Senadores, en rechazo a la reforma energéticaFoto María Luisa Severiano
S

r. Lic. Gustavo Madero.

Presente.

Estimado licenciado Madero:

Le escribo estas líneas desde mi condición de ciudadano mexicano, hijo de José Vasconcelos, quien, como usted sabe, fue colaborador cercano, cómplice y apologista sempiterno de don Francisco I. Madero y también biógrafo de don Evaristo Madero. Soy, asimismo, alguien que en su infancia fue llevado a merendar con doña Sara P. de Madero, para que tengas el recuerdo de haber conocido a doña Sarita, dijo mi padre.

De entrada debo decirle que, en lo personal, deploro que con su raigambre en la mejor tradición de la Revolución Mexicana usted haya optado por asociarse con el partido histórico de la derecha mexicana, el PAN (partido establecido, en parte, en reacción a las reformas cardenistas que culminaron la Revolución), aunque, desde luego, tuvo usted todo el derecho de hacerlo.

Le escribo para exhortarlo a que, aun en este tardío momento, se una a aquellos panistas que, según la información de que dispongo, se sienten incómodos o francamente opuestos a la consigna de votar en favor de las propuestas de reforma energética presentadas por el PRI y el PAN, que implican la desnacionalización de nuestra industria petrolera y que tendrían como efecto la entrega de nuestros recursos energéticos al capital financiero trasnacional y, en particular, a Estados Unidos de América. La modificación de los artículos 27 y 28 de nuestra Constitución robaría a México la última gran riqueza nacional que no está en manos privadas y minaría los resortes de la soberanía nacional.

No entraré en los detalles técnicos del dictamen que ha sido sometido al Senado de la República, porque usted sabe también como yo que el propósito real de las reformas planteadas por el PRIAN es hacer entrega de la riqueza energética de la nación a las trasnacionales extranjeras y sus socios domésticos para salvar una dramática coyuntura económica –generada por los gobiernos de ambos partidos– y crear una camada de billonarios constituida por personajillos de la actual administración, sumados a los favoritos del régimen y demás prestanombres y adláteres. Finalmente, para eso fue impuesto el actual gobierno: para desmantelar la industria energética nacional y entregarla al capital privado a cambio de participación en el descomunal negocio.

Salvaría usted su imagen histórica si al menos utilizara su influencia determinante para que se acepte que la multicitada reforma sea sometida a una consulta popular previa a las votaciones del Congreso. Lo llamo a abandonar esta ruta de traición a México. Usted podría inclinar la balanza para que se acepte la consulta popular, honrando de esa manera a sus ancestros. De no aceptarse esta consulta, una reforma impuesta por las cúpulas políticas de hoy y los intereses financieros y geopolíticos que representan será revertida más temprano que tarde. ¿Para qué hacer indispensable que surja un nuevo Lázaro Cárdenas que venga a liberarnos nuevamente?

En caso de que la reforma sea aprobada por una mayoría de legisladores al servicio del Ejecutivo (¡vaya traición a las instituciones republicanas!), las dirigencias políticas de hoy serán juzgadas por la historia, y de eso nos encargaremos nosotros. La reforma será derogada –que lo oiga bien el capital extranjero–, así nos lleve una vida lograrlo, pero los responsables pasarán a engrosar las filas del antiMéxico: Iturbide, Santa Anna, los conservadores del siglo XIX, los cristeros… Si logran imponer este asalto a la nación nos seguiremos viendo ante la Historia, así, con hache mayúscula, ante eso que desprecian los tecnócratas desnacionalizados que han controlado este país en las últimas décadas, los mismos que en ese lapso nos han obsequiado un crecimiento promedio de 2 por ciento anual y a 52 millones de mexicanos en condiciones de pobreza.

Desde la esquina del Paseo de la Reforma y avenida Insurgentes.

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