Política
Ver día anteriorDomingo 15 de diciembre de 2013Ver día siguienteEdiciones anteriores
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Abortos, ladrones y policías
Guillermo Almeyra
A

rgentina vive en pleno surrealismo festejando 30 años de democracia cuando en casi todas las provincias hay muertos, pillajes, motines policiales. En efecto, los policías, que ganaban sueldos insuficientes de maestros, se amotinaron y acuartelaron en 15 de las 23 provincias del país. Obtuvieron, entre otras cosas, que les dupliquen o tripliquen el sueldo. El gobierno nacional habla de sedición y extorsión y envió 18 mil gendarmes a las provincias donde la policía se retiró de las calles, con el resultado, en alguna de ellas, de tiroteos entre los dos sectores de guardianes del orden. El gobierno dice también que no es casual que, pocos minutos después del comienzo de los motines policiales, estallasen saqueos, con un saldo de 12 muertos. Según el Ministerio de Justicia, el instigador de todo eso sería un ex jefe de la policía de Buenos Aires, elegido diputado por la derecha peronista encabezada por Sergio Massa, ex jefe de gabinete (primer ministro) de Cristina Fernández de Kirchner.

Las jefaturas de las policías de Santa Fe y de Córdoba están siendo enjuiciadas por sus lazos con el narcotráfico. Esos cuerpos policiales, como los de las provincias de Buenos Aires y Neuquén, son famosos por los asesinatos de jóvenes y sus lazos con la delincuencia. El asistencialismo sin creación de empleos no crea sentimientos solidarios y fomenta en cambio el arreglarse como sea (y, por lo tanto, la pequeña delincuencia, el narcotráfico, los saqueos cuando alguien crea la ocasión). El gran retroceso cultural favorecido por el congelamiento de los sueldos de los maestros y la represión a los movimientos de los mismos, también difunde el individualismo. Por otra parte, puesto que todo fomenta el consumismo pero hay vastas capas de la población que no pueden comprar los bienes que les refriegan todos los días por la cara, el saqueo es para éstas una forma fácil de consumo.

En prácticamente todas las provincias del país hay hoy decenas de miles de personas dispuestas a saquear en cuanto son incitadas o ven la posibilidad de hacerlo. Respetan la propiedad privada que, por medio del robo, quieren redistribuir y no atacan a los grandes supermercados sino a los almacenes de su barrio, que están casi inermes y en los cuales pueden aplicar la táctica del muerde y huye, robando algo caro para llevarlo y esconderlo de inmediato en su casa. Ante estos ataques los pequeños y medianos comerciantes y los vecinos se atrincheraron, armaron, formaron patrullas barriales sobre la base del cada uno por sí y en defensa de los bienes propios, sin ninguna solidaridad entre las distintas vecindades ni intento alguno de sustituir al Estado.

Estos estallidos de violencia no se dirigen contra el sistema capitalista pero muestran el hartazgo de buena parte de la sociedad ante la corrupción y el lujo de todos los potentes, ante la impunidad de los delincuentes que cuentan con la complicidad policial y judicial. Expresan igualmente la violencia que impera cotidianamente a todos los niveles de la sociedad. Son un aborto, impiden el nacimiento de algo nuevo y diferente y mantienen el orden odiado al ampliar el desorden generalizado. El reflejo de orden de los pequeños propietarios temerosos del futuro no busca un nuevo orden, se limita a tratar de reforzar el viejo pero ya sin las reglas morales y jurídicas ni los valores que antaño lo sostenían.

Este aborto crea un ambiente propicio para una derecha autoritaria y centralista. El hecho de que las fuerzas armadas no tengan ya ni las armas ni el poder necesarios para actuar corporativamente no es ninguna garantía: en el Uruguay del presidente Gabriel Terra, en 1933, el golpe de Estado lo dieron los bomberos; y la policía cordobesa, con el apoyo de Perón y en nombre de la derecha peronista, derribó en 1974 al gobernador Ricardo Obregón Cano y a su vice, el sindicalista combativo y líder de la CGT local Atilio López, quien fue asesinado pocos meses después…

La descomposición ideológica y moral del capitalismo mundial y de los poderes estatales es la base principal de los saqueos y de los motines policiales. El Estado es un semiestado. El poder económico está en manos de las trasnacionales y del capital financiero, a quienes el gobierno kirchnerista les concede incluso que los juicios sobre las diferencias eventuales se desarrollen en el extranjero, abdicando así de la soberanía jurídica. Estados Unidos tiene bases en Argentina y espía a quien quiere y por las aguas argentinas circulan libremente naves inglesas con armas atómicas, lo que demuestra cotidianamente que no hay un Estado que haga respetar la soberanía territorial. Por último, los altos mandos policiales trabajan junto con el narcotráfico y las armas no están en manos del aparato estatal sino de esos estados dentro del Estado formados por mercenarios.

Éstos, como siempre sucedió en la historia con la descomposición del poder estatal, primero chantajean para obtener prebendas y mejores salarios y después dominan y someten a quienes creen ser sus patrones. Así sucedió con los pretorianos del bajo imperio romano, con las compañías de mercenarios y con los condottieri italianos que peleaban o no según se les pagase. Porque el Estado es un grupo de hombres armados y si ese grupo se recluta en los mismos medios de desempleados y marginales donde recluta el narcotráfico y se liga con éste, formará el poder delincuencial de un semiestado en descomposición, similar a las diversas bandas de señores de la guerra chinos de los años 20.

Si se quiere orden, justicia, democracia, hay que luchar por desarrollar la solidaridad que está presente en las acciones barriales cuando hay catástrofes, crear tribunales populares que juzguen a los delincuentes, asegurar la democracia formando cuerpos de ciudadanos controlados por las organizaciones sociales, como las policías comunitarias mexicanas.

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