Política
Ver día anteriorLunes 16 de diciembre de 2013Ver día siguienteEdiciones anteriores
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El peligro de guerra mundial está vivo
Gonzalo Martínez Corbalá
L

a reforma energética ha despertado, en tanto va o viene de la Cámara de Senadores a la de Diputados, y luego regresa a la de origen, y mientras la leen, por encimita unos, a continuación otros, se va esparciendo el rumor por todo el país: el gobierno está parando bien al toro para luego entrar a matar. Van a vender nuestro petróleo. Están preparando las cosas para ofrecer una empresa en buenas condiciones. Y luego viene el sustento: quieren una mayor comisión que ya sume las compras para remozarla y también la de las ventas. Es lo de siempre.

Y así se llega, incluso, reverdeciendo las heridas por haberles arrebatado ciertas propiedades, hasta el origen mismo prefigurado por todos ellos a la distancia.

Es un tema que mucha gente cree que de veras conoce, que ellos sí le han encontrado el huesito que le da sabor al caldo, y piensan para sus adentros que no lo van a soltar, porque ellos conocen un caso… que, bueno, de la noche a la mañana se hizo rico de verdad.

Es cosa sencilla, te consigues, a como dé lugar, una chambita en CFE, o en Pemex, y ya está. La verdad es muy sencilla: pues sí es necesario conseguir la chamba. Luego no estaría de más iniciar una carrerita cualquiera. La cosa está en que lo llamen a uno como ingeniero, de cualquier especialidad. No es indispensable que lo sea. Ingeniero. Puede ser arquitecto o hasta licenciado, así andan las cosas. Luego hay que encontrar rapidito a uno de los viejos trabajadores que no se hayan podido jubilar, y hacerles todos, pero todos los mandaditos de cosas que se les ofrezcan y, al mismo tiempo, fijarse cómo hablan y cómo se visten, y estudiar las rutas de los viejos en sus caminos a las oficinas, para, obvio, hay que buscarles conversación, con un lenguaje parecido al de los que ya están petrolizados, pero allí está el chiste.

Hay que haber estado en uno o dos viajecitos en algunas refinerías, por ejemplo de Estados Unidos, e inventar viejas amistades con algunos ex petroleros jubilados, y ahí nos vamos.

Lo que queremos decir es que es necesario tener otros filtros de muy diferente índole y también de naturaleza igualmente diversa a los métodos, chanchullos habría que llamarlos más bien, para el remplazo de quienes entraron en Pemex o en CFE de alguna manera inconveniente para la empresa en términos de eficiencia, porque en lo que debe de ponerse todo el interés de la administraciones actuales es en la realización o, dicho sea de otro modo, en la concretización de un concepto fundamental en una administración moderna; esto es, la eficiencia como meta de trabajo en todos los niveles y, por supuesto, la honestidad en todos los procesos, y en las acciones grandes y chiquitas del programa elaborado con anticipación y con todas las herramientas administrativas a su alcance, y de acuerdo con la gran experiencia que tiene el personal, cuanto más especializado mejor, y por supuesto que no hay que confundir la verdadera experiencia con la costumbre, pues ésta paraliza; hay que combatirla a muerte.

La productividad se convierte en la meta de las metas, a lo que hay que dedicar todo el esfuerzo y toda la atención, y tanto Pemex como CFE son gigantescas industrias completamente maduras para emprender esta lucha cuanto antes, como tarea verdaderamente indispensable para sustentar firmemente cualquier verdadero progreso. En una ocasión, el propio general Lázaro Cárdenas, en una conversación privada, me dijo que él y sus colaboradores se tuvieron que enfrentar a la expropiación de la industria, entonces poco desarrollada, por razones políticas que agregaron a la urgencia que teñía al trabajo tortuoso de esas empresas, que no buscaban verdaderamente el progreso del país, sino un beneficio personal o individual; en fin, de cualquier manera particular, implantando estructuras obsoletas, que sólo modificaban bajo la presión del gobierno por diversos conductos, que eventualmente, pero con frecuencia, reclamaban la intervención del Presidente de la República, quien no disponía en realidad de técnicos calificados y en número suficiente para hacer la planificación progresista que diera satisfacción a las demandas de crecimiento para crear más fuentes de trabajo, y que garantizara la firmeza y sustentación a largo plazo. Pero ahora el país sí dispone de ellos, egresados del Instituto Politécnico Nacional y de la Universidad Nacional Autónoma de México, además de que hay tecnologías que se compran en el mercado internacional, que pueden resultar ventajosas, ocasionalmente para México. Él nunca se opuso a este tipo de modificaciones, y es más, deseaba empeñosamente que se realizaran.

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