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Se inauguró en la colonia Álamos, en el DF, en 1958; hasta hace dos años estaba abandonado

Buscan devolver su esplendor al primer planetario de AL

Dentro se hallaron tesoros históricos, como un instrumento Spitz, del que sólo se hicieron 100 en el mundo, y un telescopio Fecker de 1943, donado por Luis Enrique Erro

La Sociedad Astronómica emprendió una campaña por Internet que pide apoyo para reactivar el espacio

Foto
Alejandro Farah, presidente de la asociación civilFoto Luis Humberto González
Emir Olivares Alonso
 
Periódico La Jornada
Viernes 20 de diciembre de 2013, p. 2

Con piezas y material histórico que incluso data de tiempos previos a la Revolución Mexicana (los años de 1880), las instalaciones del que fuera el primer planetario de México y América Latina podrían revivir para retomar el esplendor del pasado y continuar con las labores de divulgación científica entre la población, particularmente entre los niños.

Ubicado en el Parque Álamos de la colonia del mismo nombre, este antiguo edificio de 1941 –que se inauguró como planetario en 1958 con el nombre de Valente Souza– estaba hasta hace un par de años en el abandono total y con un avanzado deterioro. Sin embargo, en su interior se encontraban tesoros históricos que pocos imaginarían: un planetario Spitz (de la década de los años 50 del siglo pasado) y un telescopio Fecker de 1943 (donado por uno de los más grandes, Luis Enrique Erro), ambos aún con un funcionamiento óptimo; así como libros, documentos y materiales que incluso datan de hace más de 120 años.

El inmueble fue en su época uno de los más completos espacios para la divulgación y observación astronómica. Cuenta con un taller de óptica y otro de mecánica, planetario y bóveda para la proyección, dos observatorios, biblioteca y auditorio.

Al darse cuenta del potencial de este sitio, la Sociedad Astronómica de México (SAM) emprendió un proceso de recuperación del mismo. Alejandro Farah, presidente de esta asociación civil, explica que la idea es incentivar a la ciudadanía en el rescate del proyecto.

Para ello, han acudido a un sitio en Internet donde se dan detalles de esta idea y se solicita a las personas, de México y de otros países, apoyo y donaciones, que pueden ir desde un dólar (13 pesos). La meta de los científicos es conseguir alrededor de 55 mil dólares (cerca de 700 mil pesos) para poder reparar el actual equipo e instalaciones, y adquirir un proyector digital.

En su momento solicitaremos el apoyo gubernamental. Pero creemos que es una buena posibilidad hacerlo a través de este proyecto en Internet; la razón es que deseamos que la gente se involucre. El gobierno te puede dar el dinero y reactivarlo, pero no sólo queremos que vuelva a operar, sino que reviva. Que los visitantes lo disfruten de nuevo, que lo sientan suyo. Además, con esta participación social a la larga las autoridades tendrán que aportar recursos.

Desde hace casi un par de años, integrantes de la SAM, estudiantes de servicio social de la Univeridad Nacionla Autónoma de México, vecinos de la colonia y decenas de personas se han acercado para dar apoyo a las actividades de remozamiento de este espacio, narra Farah. Gracias a ello se han logrado pulir pisos, quitar óxido y capas de pintura inservibles, sacar escombros, pintar el auditorio y echar a andar la biblioteca, que tiene cientos de tomos relacionados con la astronomía y que hoy está abierta. Esto se viene realizando cada domingo desde entonces en un horario de 11 a 14 horas. Si la gente no puede colaborar con recursos económicos, pues es bienvenida un fin de semana a estas labores.

El planetario Spitz, instrumento construido con aportaciones científicas de Albert Einstein, fue en su momento uno de los avances tecnológicos más innovadores. En todo el mundo –resalta el investigador universitario– sólo se construyeron 100, y es precisamente el mexicano el único que aún es totalmente operativo.

Otra de las joyas es el telescopio Fecker de 1943. Su historia por sí misma es peculiar: fue donado por Luis Enrique Erro para la apertura del planetario. Funcionó por años en este espacio y hace una década desapareció. Un día, caminando por el mercado de La Lagunilla, José de la Herrán, socio y ex presidente de la SAM, lo encontró. Sin dudarlo se acercó al vendedor y pagó el monto requerido para regresarlo al observatorio superior del planetario. Hoy sigue funcionado, es uno de los más grandes del país (su espejo tiene un diámetro de 30 centímetros) y brinda una potencia de 40 a 350 aumentos (es decir, con 40 puede observarse completa la Luna por el ocular y con 350 se puede interiorizar en algún cráter de este satélite).

En el acervo de este espacio hay documentos firmados por el ex presidente Porfirio Díaz, dirigidos a los entonces titulares de la SAM, sobre temas variados ligados a la astronomía, ceremonias o pláticas que se realizaban en las antiguas instalaciones de la agrupación, que hoy cuenta con tres edificios.

Los interesados en apoyar el proyecto de reactivación de este espacio de divulgación astronómica pueden consultar los pasos en el portal electrónico de la SAM.

De volver a funcionar, este espacio tendrá gran repercusión. La gente vendrá y aprenderá. A los niños les quedarán grabadas cosas importantes que los impulse a ser abogados, ingenieros, cineastas, astrónomos y, por qué no, astronautas, finaliza Farah.