Política
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Zedillo, Mandela y Acteal
Rafael Landerreche
A

labar tras su muerte a quien en vida se atacó o despreció en realidad es una práctica muy vieja. Ya el Evangelio hablaba de la costumbre de los judíos de levantar sepulcros para los profetas que sus padres habían apedreado. Con una sublime ironía insinuaba que en realidad no había contradicción entre las dos acciones: sus padres los mataron; ustedes les construyen los sepulcros. Por esta razón no debe sorprendernos demasiado, aunque no deje de indignarnos, que a alguien como Nelson Mandela le rindan homenaje quienes representan lo contrario de lo que aquel defendió toda su vida. Paralelo a este hipócrita homenaje va el sutil proceso de diluir el peso de un gran luchador, en el lenguaje viscoso de una paz y una reconciliación que sólo quieren saber del olvido y nada de la justicia y de la verdad. Ciertamente Mandela supo perdonar y reconciliar enemigos seculares, pero también supo ser intransigente con la injusticia. Todo eso era de esperarse. Pero hay acciones que francamente se pasan de la raya y entonces no queda de otra más que protestar.

Resulta que, por un proceso que desconocemos pero que seguramente estuvo influido por los gestores de relaciones públicas que han sustituido la realidad por la imagen, el nombre de Ernesto Zedillo fue ligado incongruentemente al de Nelson Mandela. Medio año antes de la muerte de Mandela, cuando éste se hallaba de hecho retirado de la vida pública, Zedillo fue incorporado al grupo denominado The Elders (en español, los ancianos) fundado por Mandela en 2007 como un pequeño grupo internacional de notables que pudiera poner su experiencia y autoridad moral al servicio de la paz y de la solución de grandes problemas mundiales como el cambio climático. Algunos de los miembros son realmente notables, como Desmond Tutu y Mary Robinson, la irlandesa que fue Alta Comisionada de la ONU para los Derechos Humanos. Otros son personajes más convencionales (y más objetables) como Koffi Annan o Jimmy Carter. Y otro es Ernesto Zedillo.

La relación entre Zedillo y Mandela viene a ser más o menos como la relación geográfica entre México y Sudáfrica: se encuentran prácticamente en las antípodas. Mientras Mandela fue el gestor de un proceso de paz que puso fin al régimen del apartheid en su país, Zedillo fue el saboteador de un proceso de paz que pudo haber marcado el fin de un régimen de discriminación estructural, no sólo de los indígenas de Chiapas, sino de todos los excluidos por la globalización capitalista y neoliberal. Mientras el nombre de Mandela suena y sonará siempre como un clarín de combate para todos los amantes de la libertad, el nombre de Zedillo será siempre un oprobio para quienes luchan por una paz con justicia y dignidad. La asociación del nombre del ex presidente mexicano con el del ex presidente sudafricano es una mancha para la memoria de Mandela y un insulto para la memoria de los indígenas chiapanecos, particularmente para los mártires de Acteal, masacrados como resultado del plan contrainsurgente aprobado por Zedillo.

Apilando ironía sobre ironía, resulta que Zedillo fue incorporado a The Elders en julio de 2013 al mismo tiempo que Hina Jilani, notable luchadora social pakistaní, primera relatora especial de las Naciones Unidas para la Defensa de los Defensores de Derechos Humanos y, he ahí la suprema ironía, hermana de Asma Jahangir quien, como relatora especial de la ONU para Ejecuciones Extrajudiciales, visitó Acteal en julio de 1999. Unos meses después también estuvo en Chiapas la ya mencionada Mary Robinson.

Durante la sesión en que se presentaron los testigos que aportaban, uno tras otro, evidencias de la complicidad de las autoridades en la formación y actuación de los paramilitares, la relatora Jahangir pidió un receso para hablar en privado con los miembros del Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de las Casas. Les dijo que ya no hacían falta más testigos, que a ella no le cabía la menor duda de la complicidad de las autoridades. “Yo los entiendo a ustedes –dijo la relatora– porque el gobierno de mi país es tan corrupto y tan mentiroso como el de su país. Pero hay que entender que, aunque el estatus de los relatores especiales permite cierta independencia, la Comisión de Derechos Humanos de la ONU finalmente la integran los representantes de los gobiernos; y de ellos no se puede esperar gran cosa”.

Quizá por la conciencia del ambiente en que se movía, Asma Jahangir no quiso decir expresamente en su informe que los paramilitares habían sido creados, entrenados y apoyados por el gobierno. Pero se las arregló para decir algo que, para el buen entendedor, no está tan lejos de ello. Escribió que, a pesar de la abundante evidencia, incluso en los registros oficiales, de la participación de la policía estatal en la adquisición y transporte de las armas de los perpetradores, en la investigación (que fue federal) no se abordó satisfactoriamente la flagrante no intervención de toda la estructura de mando policial para impedir la matanza el día del incidente. (Ver http://www.frayba.org.mx/archivo/informes/000401_informe
_para_la_onu_frayba.pdf
).

Junto a esta notable observación, la relatora Asma dijo otras cosas contundentes: Existe una impunidad selectiva de los responsables de violaciones a los derechos humanos: no se investiga ni se castiga a los funcionarios públicos de alto rango. Los grupos armados paramilitares siguen actuando libremente. Existe en México una total ineficacia del sistema judicial y una falta de transparencia en el funcionamiento de las instituciones estatales. Seguramente el gobierno de México fue un buen entendedor porque esas palabras bastaron para que sus representantes montaran en cólera y, rompiendo incluso las formas diplomáticas, acusaran a la relatora Jahangir prácticamente de meterse en lo que no le importaba. El gobierno de México, recordémoslo, estaba encabezado por Ernesto Zedillo.

En su presentación en Internet, Hina Jilani incluye estas palabras: Siempre he sentido que si ves una injusticia, tienes que denunciarla. Tal vez a la extraña ironía de que Zedillo haya entrado a The Elders junto con la hermana de quien investigó la masacre de Acteal le podamos dar la vuelta a favor de la verdad. Las Abejas de Acteal ya protestaron por el nombramiento de Zedillo en la página web de The Elders. Su comentario no fue publicado y sólo recibieron una respuesta burocrática. Pero si nos enfocáramos en tres mujeres que han demostrado su compromiso con los derechos humanos –Jilani, Jahangir y Robinson– quizá podríamos darle a Zedillo una lección como la que los españoles dieron hace poco a Chuayffet.

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