Política
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Nosotros ya no somos los mismos

Los responsables de la onerosa Estela de Luz

Ortiz Tejeda
L

o reconozco: fue con toda intención (mala, por supuesto) cronicar lo referente a la Estela de Luz dando pelos y señales de las atrocidades y estropicios cometidos, y luego, con irritante disimulo, envolver en una inaceptable secrecía los nombres de los malhechores. Por supuesto que anoté el del capo di tutti capo: Felipe de Jesús. Reservé, sin embargo, la relación de los ejecutores directos, de los autores materiales, y dejé además, en el aire, la información de las consecuencias (se suponían fulminantes), que sus delitos les habrían ocasionado; 99 por ciento de quienes me hacen el favor de recronicar esta columneta me lo reclamaron de inmediato: no se vale aventar la denuncia y esconder la sentencia. ¡Nombres, nombres! Me exigieron. No sé si es el espíritu de paz y la armonía que provoca el aniversario de la llegada del Salvador, o simplemente los achaques artríticos que ocasiona el solsticio de invierno (recién llegado), pero prefiero dejar la contestación de las dudas, por demás justificadas, a la Auditoría Superior de la Federación (ASF)y a personeros de la talla de doña Patricia Flores, ex jefa de la Oficina de la Presidencia durante los años que imperó la tolerancia en la residencia de Los Pinos. Los datos que a continuación se exponen hay que agradecerlos a Abel Barajas, de Terra; Hugo Hernández, de El Sol de México; Alfredo Méndez, Roberto Garduño y Enrique Méndez, de La Jornada y, reitero, a los mandarriazos de la Auditoría Superior de la Federación.

Dice doña Patricia: “El 9 de octubre de 2007 la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, en su carácter de fideicomitente, y el Banco Nacional de Comercio Exterior, SNC, celebraron el contrato de fideicomiso público denominado: Fideicomiso del Bicentenario, cuyo objetivo sería ‘administrar y controlar de manera transparente los recursos públicos destinados al funcionamiento y operación de sus actividades, así como para garantizar su aplicación en el cumplimiento de sus fines.’ Dicho fideicomiso quedó en el ámbito de administración de la Secretaría de la Función Pública (SFP), que presidió el comité técnico del Fideicomiso Bicentenario”. Contundente, doña Patricia agrega: La responsabilidad directa de lo acontecido con la Estela de Luz corresponde a los oficiales mayores de las secretarías de Gobernación (¡Las ratas, doctor Poiré, las ratas!), Hacienda, Relaciones Exteriores y al director del INEHRM (Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México). A nadie debe causar asombro las acusaciones lapidarias de quien, durante tantos años, ejerció como vicepresidenta de nuestro acongojado país. De esta guapa, sensual, inteligente, ambiciosísima (y muy apegada a su familia) duranguense habrá oportunidad de cronicar algunas murmuraciones en relación con su activa participación en la Estela de Luz y otras oscuridades, relativas a las efemérides más cimbrantes de nuestra muy aporreada nacionalidad.

Las declaraciones de doña Patricia provocaron un tsunami político de proporciones tales que hasta la doctora Ninel Conde, representante en México del Centro de Predicciones Medioambientales Marinas, con sede en Pekín, consideró que se trataba de un surimi de insospechadas consecuencias las que, estaba segura, se proyectarían hasta 2012. La capacidad de prospectiva de la doctora Conde está a la vista.

La opinión pública, singularmente sensible por los agravios recibidos durante los ridículos, falsarios, insidiosos y, eso sí, onerosísimos actos de celebración de nuestras gestas fundacionales, así como los medios de comunicación y la Auditoría Superior de la Federación, lograron el milagro de despertar a la Secretaría de la Función Pública, que llevaba en estado de hibernación desde el inicio de la administración. Recuérdese que allí flotó de muertito Germán Martínez Cázares, antes de hundir electoralmente al PAN.

La Auditoría Superior de la Federación hizo flamígeras (es decir, que echaban llamas) declaraciones sobre la actuación de Secretaría de la Función Pública: La SFP no cumplió con la normatividad a que sus funciones de inspección y vigilancia la obligaban, ni determinó las responsabilidades de los funcionarios públicos por las irregularidades detectadas. Recordemos además que la ASF detectó que los constructores elevaron, de manera insostenible e injustificada, el precio del acero, de 122 a 261 pesos kilogramo. La auditoría presentó constancia de una empresa internacional de certificación, que confirmó: el aumento mencionado es absolutamente injustificable.

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¿Y la denuncia por la suplantación del proyecto original de la Estela de Luz para lograr mayores e ilícitas utilidades?Foto Gillermo Sologuren

En agosto de 2011 el titular de la SFP, Salvador Vega Casillas, informó que había iniciado un procedimiento sancionador contra tres funcionarios por inconsistencias (sic) en la construcción de la Estela. Dijo: Estimamos que son conductas (las de los miembros del comité) tipificadas en el Código Penal. Hemos otorgado a la PGR (Procuraduría General de la República) los elementos que consideramos probatorios y que han sido integrados como producto de las auditorías, supervisiones e investigaciones que realizamos al proyecto. La denuncia ante la PGR incluyó a 31 funcionarios, a los que se les inculparon los delitos de abuso de autoridad, ejercicio indebido del servicio público, usurpación de funciones, uso de siglas y sellos sin derecho, y la intromisión de una persona ajena al proyecto, en la planeación y contratación de la obra. ¿Y la no licitación abierta y pública y los aumentos injustificados de muchos materiales o la suplantación de calidades y cantidades de los mismos, la incorrecta integración de precios extraordinarios, las diferencias en volúmenes y, lo más importante, la suplantación del proyecto original para lograr mayores e ilícitas utilidades? Si hay oportunidad y ustedes no se hartan, les platicaré sobre lo que opinó al respecto el arquitecto César Pérez Becerril, diseñador de la propuesta creativa de la Estela de Luz.

Por hoy mencionemos algunos nombres de los más importantes personeros involucrados en este maloliente fraude calderoniano: Gloria del Carmen Muñoz, ex oficial mayor, nada menos que de la SFP, ahora protegida y encubierta como secretaria de Acción de Gobierno en el comité nacional del PAN; Abel Ignacio Cuevas, dos veces diputado federal, coordinador de administración de la Presidencia de la República y, ojo: ex oficial mayor de Gobernación (¡Las ratas, doctor Poiré, las ratas que usted dice que encontró en esa secretaría!); José Manuel Villalpando, el cristero irredento al que Felipe de Jesús, en otra de sus enfermizas y truculentas alucinaciones, de sus angustiosos delirium tremens, nombró titular del Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones Mexicanas (imagino a F de J, lleno de rencor y sapos, regodeándose al decir: para que se les quite, designo al detractor más virulento, ignorante y falsario de los movimientos reivindicadores de los jodidos de este país, como director general).

No me pueden negar que avancé: amplié datos y comencé a dar nombres. Sé que me faltan algunos y me falta, sobre todo, dar a conocer los contundentes castigos aplicados a los funcionarios responsables. También algunos detallitos del ejemplar comportamiento de Salvador Vega Casillas, no testigo protegido, sino senador blindado del partido del orden y la generosidad patrióticos.

Cuando fui reportero me enchilaba que compañeros refritearan mis notas sin recato y, sobre todo, sin mención de mi trabajo. El origen de gran parte de mis comentarios sale de informaciones recabadas por reporteros de los que me siento deudor, por eso me esmero en citar sus nombres. No hago ningún favor, cumplo con una obligación ética elemental. A veces ciertamente se me pasa y trato de corregirlo en la columneta siguiente. Pues resulta que tanto esmero provocó un lamentable equívoco de mi absoluta responsabilidad: cuando mencioné en la anterior columneta a la novia universitaria del piloto licencioso del helicóptero del amor, Estrada Cajigal, le di el nombre de Maciel Calvo, quien es, nada menos, que la periodista que investigó la información. Gracias a su amigo José Martínez Cruz, que de manera muy comedida me hizo ver mi involuntario error, puedo ahora tratar de enmendarlo y presentar una sentidísima disculpa a la compañerita Calvo, a quien, si me hace el favor de enviarme su dirección, yo a cambio le haré llegar unos molletes de pan de pulque saltillense.

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