Opinión
Ver día anteriorMartes 31 de diciembre de 2013Ver día siguienteEdiciones anteriores
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México SA

Amor, familia y negocios

Cupido privatiza la CFE

Romance billonario

Carlos Fernández-Vega
P

ara concretar un negocio multimillonario a costillas de la infraestructura del Estado lo mejor es que todo se haga con amor y quede en familia (biológica y política). Y qué mejor si la integran suegro, yerno e hija, acomodados todos en puestos gubernamentales claves (en México y Estados Unidos), pues así se construye un canal directo de comunicación, permanente, eficiente y altamente confiable, lo que es garantía de un final feliz y exitoso.

Resulta que el senador Manuel Bartlett (La Jornada, Andrea Becerril) denuncia que “Carlos Pascual, ex embajador de Estados Unidos en México, reveló ante el Congreso de su país que planean establecer un sistema eléctrico hemisférico, con grandes beneficios para las trasnacionales estadunidenses. El pasado 11 de abril, Pascual, quien ahora es jefe de Energía del Departamento de Estado, presentó a la Cámara de Representantes un documento en el cual detalla que hay un proyecto denominado Connect America, en el que las empresas de su país, ‘desde la frontera con México hasta la Tierra del Fuego’, pueden establecer un sistema eléctrico que representa un negocio de 1.4 billones de dólares”.

En ese documento, detalla Bartlett, “Pascual insiste en que se trata de un sistema que operaría en todo el continente americano y es una ‘gran oportunidad’ para las empresas de Estados Unidos de entrar a ese negocio, que vale ‘miles de millones de dólares’. Eso demuestra que la privatización de Pemex y de la Comisión Federal de Electricidad responde a los intereses de Estados Unidos y sus corporaciones financieras y energéticas. Ahora que se consumó la reforma energética, ‘con todo tipo de irregularidades, ilegalidades y trampas, en un virtual golpe legislativo, el ex embajador de Estados Unidos va a estar muy contento’”.

En realidad, de tiempo atrás el ex embajador Pascual está muy contento, porque en su afán por aterrizar la privatización energética de México lo primero que logró concretar fue una sólida relación sentimental con la hija de uno de los destacados integrantes del circuito del poder político-empresarial desde tiempos de Carlos Salinas de Gortari, quien fue el primer secretario de la Contraloría General de la Federación, hoy de la Función Pública, ocupó la dirección general de Petróleos Mexicanos y, en el sexenio calderonista, coordinador de la bancada del tricolor en San Lázaro, entre otros cargos públicos.

Y entre el amor, la privatización y los negocios, las piezas fueron acomodándose como por obra de cupido: el yerno, Carlos Pascual, fue designado por el Departamento de Estado enviado especial y coordinador de Asuntos Internacionales de Energía, con el fin de garantizar la seguridad energética de su país; su gran amor, Gabriela Rojas Jiménez (la hija), fue nombrada por Enrique Peña Nieto directora general adjunta de la Secretaría de Gobernación asimilada al servicio exterior mexicano en Washington DC (léase en la embajada mexicana en la capital estadunidense), y el papá de la novia (léase el suegro), Francisco Rojas Gutiérrez, fue ungido por el nuevo inquilino de Los Pinos director general de la Comisión Federal de Electricidad (pieza clave en el entramado de Connect America, que tanto presume el ex embajador estadunidense en nuestro país) para, entre otros fines, concretar la privatización del servicio público de energía eléctrica.

Se trata de una acaramelada historia de amor, aderezada de un maravilloso entorno familiar, excelentes negocios y órdenes muy precisas de sus respectivos gobiernos para aterrizar –rapidito y de buen modo– la de por sí avanzada privatización eléctrica en México y su decidida incorporación al proyecto Connect America, presentado en sociedad durante la sexta Cumbre de las Américas 2012 (celebrada en Cartagena, Colombia, en abril de ese año) y aplaudido (léase asumido) por el entonces inquilino de Los Pinos, el inefable Felipe Calderón, a quien se le apestó la posibilidad de ser él el gran privatizador del sector energético mexicano. Aun así no hubo problema, porque el relevo en Los Pinos garantizó la continuidad y el aterrizaje de tal proyecto.

Se desconoce cuál es el sueldo que el Departamento de Estado paga a Carlos Pascual, pero se sabe (vía Ifai) que a la señorita Rojas Jiménez la Secretaría de Gobernación le deposita 62 mil 211.33 pesos mensuales netos, y a su papá la Comisión Federal de Electricidad le apoquina 143 mil 492.42 pesos, también netos y cada 30 días. Esa es la información oficial. Muy poco ingreso, en el caso de papá e hija, para un propósito tan noble como el citado: un negocio, a costillas de la nación (en el caso mexicano y en el de otros gobiernos latinoamericanos igual de solícitos que el de aquí), que representa 1.4 billones de dólares (el PIB mexicano completito), de acuerdo con la denuncia del senador Bartlett. Pero es tal el amor, el entendimiento familiar y la pasión privatizadora, que la parte salarial es lo menos importante.

La revista Proceso (Jesús Esquivel, 27 de abril de 2013) lo reportó así: “Una designación que pasó casi inadvertida en México ha causado inquietud y estupor entre los diplomáticos mexicanos de carrera: la de Gabriela Rojas Jiménez como agregada de la Secretaría de Gobernación en la embajada de (México en) Estados Unidos. La funcionaria es hija de Francisco Rojas, director de la Comisión Federal de Electricidad, y es también esposa de Carlos Pascual, el ex embajador estadunidense que ahora se encarga curiosamente de los asuntos energéticos de la cancillería de su país. En una decisión que podría desembocar en un conflicto binacional de intereses, el gobierno de Enrique Peña Nieto nombró agregada de la Secretaría de Gobernación en la embajada en Estados Unidos a Gabriela Rojas Jiménez, esposa de Carlos Pascual. Rojas Jiménez es hija de Francisco Rojas (…) y asumió su puesto en la sede diplomática la semana pasada, cuando Miguel Ángel Osorio Chong, secretario de Gobernación, realizaba una visita oficial en Washington”.

Lo mejor del caso es que en este romántico caso la señorita Rojas Jiménez no aparece relacionada en el directorio oficial (SRE) del personal que despacha en la embajada mexicana en Washington, pero el Ifai sí registra cargo, nivel y salario de la electrizante novia del ex embajador estadunidense, quien también ha ocupado cargos en el Consejo de Seguridad Nacional de su país.

¿Dudas sobre el amor, los negocios y las privatizaciones en México?

Las rebanadas del pastel

Y en este romántico ambiente, feliz Año Nuevo, con todas las reservas del caso. Un abrazo y ¡salud! Nos rencontramos el próximo jueves.

Twitter: @cafevega