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La violencia inicial que padece este sector es la injusticia, dice el colectivo Marabunta

El Estado criminaliza a los jóvenes porque son mayoría y pueden incidir en el cambio social
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Desde hace siete años el colectivo que dirige Miguel Barrera realiza actividades para resaltar el talento de los niños y jóvenes. Busca pacificar a través del arte a quienes no han recibido oportunidadesFoto Marabunta
Fernando Camacho Servín
 
Periódico La Jornada
Domingo 5 de enero de 2014, p. 11

Contra lo que hacen pensar la mayoría de los medios de comunicación y las autoridades, los jóvenes no son peligrosos: están en peligro.

Al ser todavía el sector mayoritario de la población, son el principal objetivo de la violencia social que los estigmatiza, los señala y trata de desmovilizarlos para evitar que participen en la transformación de la realidad, afirma Miguel Barrera Rocha, director del colectivo Marabunta.

En charla con La Jornada, el activista detalló la labor que realiza dicha organización desde hace siete años para visibilizar los talentos del barrio, pacificar a través del arte a quienes no han recibido oportunidades de desarrollo y expresión, y combatir la enfermedad de la apatía sistematizada que sufre la gran mayoría de los mexicanos.

Como buena parte de los jóvenes de las zonas marginadas de todo el país, la vida de Miguel Barrera en la colonia Gabriel Hernández, situada en la delegación Gustavo A. Madero del Distrito Federal, estuvo marcada por la violencia, las bandas de los años 80, las drogas y la muerte.

“El momento de cambiar para mí llegó cuando ejecutaron a uno de mis camaradas de la pandilla, aquí a la vuelta de la iglesia. El padre dijo que a todos los de pelos parados (los punks) los iban a levantar de las cuatro patas. Yo hice una carta para decirle que no éramos animales, le pedí chance de leerla en misa y me dijo que sí”, recuerda.

Ese gesto del párroco Sergio Román, dice, abrió la puerta para que las bandas de chavos enfrentadas entre sí por cuestiones de territorio e identidad comenzaran a expresar sus inquietudes a través de la música o el teatro, y a declarar treguas que antes hubiera sido difícil imaginar.

Conformado con el nombre de Marabunta desde 2007, el colectivo de Miguel Barrera parte de una premisa fundamental: la primera violencia es la injusticia. Por eso es necesario rehabilitar el tejido social de los barrios con una perspectiva humanitaria, y de esa forma evitar que la violencia sea considerada algo normal.

En sus dos sedes, conocidas como La Roca y la Casa Marabunta, la organización busca visibilizar y potenciar los talentos de la comunidad mediante cursos de teatro, danza de diversos tipos, yoga, títeres, inteligencia emocional, hip-hop, rescatismo y exploración de montaña, financiados principalmente a través de donaciones de los ex alumnos.

Además, desde el primero de diciembre de 2012 conformó una brigada humanitaria para darle primeros auxilios a las personas que puedan resultar lesionadas en las marchas y otras manifestaciones públicas, y documentar los abusos que puedan ocurrir. En esa misma línea, imparte cursos a la policía sobre perspectiva de la juventud.

A veces nos dicen que si estamos entrenando chavos para la guerrilla, pero somos pacificadores y tratamos de generar una desmovilización consciente. Desde el (incidente del bar-discoteca) News Divine (el 20 de junio de 2008, donde murieron 12 personas), advertimos que el Estado criminaliza a los jóvenes porque son la mayoría y pueden incidir en el cambio social, indica.

Sorteando amenazas tanto de las autoridades como de los grupos del crimen organizado –a quienes también incomoda su labor–, Marabunta busca combatir la enfermedad de la apatía sistematizada que sufrimos los mexicanos.

Para Barrera, seguidor de la teología de la liberación, es muy triste ver a la gente sumida en esta conformidad. ¿Quién le dijo a los jóvenes que no pueden tener sueños y ser revolucionarios. Los quieren nada más obsesionados con el dinero, el poder, el lujo y la imagen.

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