Política
Ver día anteriorMartes 7 de enero de 2014Ver día siguienteEdiciones anteriores
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El búnker
José Blanco
D

os mil trece ha sido un año en el que, como pocas veces, se mostró en México, desnudo, el alejamiento progresivamente mayor entre los ciudadanos comunes y la esfera política. Al mismo tiempo, la política va quedando, cada vez mas, dominada por la economía, entendiendo esta vez por economía los grandes intereses de los capitales internacionales y nacionales; se les refiere como los mercados. De este modo el alma de la política se mercantiliza y el Estado, que debiera ser por antonomasia política, avanza en su mudanza hacia la mera administración de los intereses referidos. Así, configurando un contrasentido real, el Estado se desestataliza.

La globalización neoliberal tiene en ese curso un peso decisivo, porque la entera esfera política mexicana se mimetiza a la operación mundial del capital globalizado. A su vez la esfera política se mimetiza porque los partidos políticos dominantes, y los aún más dominantes poderes fácticos (todos a una), militan a favor de sus propios intereses. Las cosas han ido tan lejos en ese sentido que el Diccionario de la Real Academia define administración, en su cuarta acepción, de este modo: En los Estados Unidos de América y otros países, equipo de gobierno que actúa bajo un presidente. Claro, como el agua clara: entre esos otros países se halla, sin ningún género de dudas, México.

La administración del presidente Peña Nieto hace una lectura estrechamente textual de las normas y frente a las protestas reitera que las reformas llevadas a cabo el pasado año son legales y producto del acuerdo entre los partidos (y los poderes fácticos, que no se nombran), en el Congreso. De este modo, la legitimidad de esas reformas no viene al caso. Es el modo como el Presidente y su equipo dibujan los círculos rojo y verde que descubrió el inefable señor Fox. Para poder gobernar es preciso no ver ni oír al círculo rojo. Este círculo es una gama de tonos, pero tienen en común, en la inmensa mayor parte de este conjunto, que critican buscando la razón, la justicia social, el interés de la nación.

Del círculo verde surgen loas contratadas o espontáneas a la administración, pero si ahí incluimos al resto de los ciudadanos que carecen de toda voz y poder, a éstos tampoco se les ve ni se les oye: se toman decisiones para ellos según el mil veces dudoso entender de la administración. Y si de ahí surgen porras al señor Presidente, bienvenidas sean.

Hoy gobernar es tomar decisiones al interior de la esfera política, que decide teniendo en mente a los mercados. No a los ciudadanos, ni a la sociedad como conjunto. Gobernar también es –como para las administraciones anteriores– hacer una masiva propaganda de las actividades gubernamentales; se le refiere como comunicación social.

Que las decisiones políticas han sido confinadas imperturbablemente al búnker de la esfera política lo muestra claramente la aprobación de las reformas en materia de energía, educación, telecomunicaciones, política, hacendaria y financiera.

Aunque las reformas aún están incompletas, porque faltan las leyes secundarias, tales ordenamientos jurídicos son pan comido para la política enclaustrada (partidos y poderes fácticos). Además de que están siendo complementadas con boletines de contenido operativo, como ocurre con la reforma hacendaria.

Estas reformas en conjunto prefiguran un estatus social, económico y político decisivamente distinto del presente, es decir, se trata muy probablemente de una alteración de gran alcance del pacto social histórico de los mexicanos. De consumarse, la administración Peña Nieto habrá alcanzado los propósitos que busca; habrá sido eficaz y exitosa. No obstante, fueron aprobadas por sus pistolas: al margen del pueblo mexicano; no poseen legitimidad social a pesar de su legalidad. He ahí el progresivo y acelerado alejamiento de la esfera política y la sociedad.

Además en el Estado se ha alojado la corrupción en los tres poderes, ha sido infiltrado por el crimen organizado, la impunidad reina sin cortapisas; su ausencia es patente en diversos territorios, como lo muestran las policías comunitarias o la inmensa economía subterránea.

No es fácil imaginar el futuro con un Estado en ese estado de cosas, que avanza sin graves problemas sociales hacia las metas neoliberales que se ha fijado. El entorno internacional no será un apoyo sin más, pues el mundo está descomponiéndose en áreas crecientes del planeta, y el propio imperio, nuestro aliado, está en decadencia.

Probablemente en el futuro cercano la propaganda gubernamental pierda eficacia. El discurso es de tal manera simplón que pronto se advertirán las orejas de los mercados. Es un exceso, por ejemplo, decir la reforma energética traerá grandes beneficios para todos los mexicanos. Establecer una conexión directa entre las reformas constitucionales de los artículos 25, 27 y 28, y el bienestar de la inmensa mayoría de los mexicanos, es un exceso imposible de superar. La cantidad de hechos encadenados que tendrían que ocurrir para llegar desde esas reformas a la Carta Magna al bienestar de los millones de menesterosos, es incontable. Lo mismo se dice de la reforma hacendaria. Las hojuelas están sobre la mesa, y la jarra con la miel la tiene hoy mismo la administración Peña en sus manos. Sólo falta verterla y la pobreza desaparecerá en corto plazo. Para segmentos crecientes de la sociedad mexicana esta propaganda se volverá un simple engaño.

Se puede engañar a algunos todo el tiempo y a todos algún tiempo, pero no se puede engañar a todos todo el tiempo, escribió una vez Abraham Lincoln.

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