Opinión
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Ruta Sonora

¿Cree usted en los premios Grammy?

C

uando se vive sumergido en el mundo musical, ya sea a nivel macro o independiente, muchas veces uno da por sentado que los temas de dicho universo son del conocimiento popular. Sin embargo, cuando en pleno 2014 uno sigue notando que tanto público como medios de comunicación serios, siguen creyendo y difundiendo que los premios Grammy son genuinos y se otorgan porque fueron ganados en un cien por ciento gracias al talento de los creadores, se ve preciso recordar lo que realmente son.

Si bien no todo es malo en esta ceremonia anual, y en ciertas categorías (jazz, country, clásico) los reconocimientos coinciden con la calidad creativa, hay que esclarecer para lo que fueron creados en Estados Unidos por la Academia Nacional de Grabaciones, Artes y Ciencias (NARAS, por sus siglas en inglés) en 1959: para mejorar la calidad de vida de los hacedores de música y preservar la existencia de la industria. Pero en los hechos, no se refiere del todo a los compositores e intérpretes, sino a la maquinaria comercial que aún prevalece, cuyo control proviene de las tres grandes disqueras monopólicas (Sony-BMG, Universal, Warner).

Estas disqueras son prácticamente empresas de publicidad que buscan promover sus productos, por lo cual intervienen económicamente (payola) para hacerlos aparecer en radio, televisión, comerciales, soundtracks, espectaculares, piratería, y cuanta plataforma posible, para que sean oídos todos los días en todos lados. La gente termina gustando de los temas que oye todo el tiempo y de las emisoras (la mayoría) que siguen ese esquema (lo contrario, las menos, son las que eligen su repertorio basado en la calidad artística o en un perfil musical de claridad conceptual). Para dar seguimiento a lo más sonado (o lo más payoleado), existen publicaciones (record reports) que dan a conocer el Top 40 del momento. Esto genera una cadena: emisoras menores que no reciben estímulos económicos o en especie (viajes, productos, promociones que dan rating), programan con base en los record reports, en aras de ser más oídas. Así, lo que acaba siendo más popular no es lo más pedido, sino lo más sonado, o sea, lo más pagado.

Por ende, lo que la Academia premia en los Grammy es eso que resultó ser más popular, gracias a que la misma industria pagó para que lo fuera. Casi una broma. Esto no significa que los artistas que ahí ganan premios carezcan de calidad del todo, sino que la atención que se les da es excesiva e injusta, respecto de los centenares de artistas que no están en los planes de tendencias a marcar de la industria. Además, muchos de los actos premiados son intérpretes-producto, que cantan temas de compositores genéricos que igual dan sus temas para Katy Perry o Taylor Swift que para Bruno Mars. En otras ocasiones, son intérpretes cuyo concepto ha sido absorbido de algo alternativo para darlo diluido a las masas; un ejemplo es Lorde, a quien le fabricaron un look y concepto oscuro, derivado del sonido de creadores genuinos como Zola Jesus o The XX, éstos, de gran éxito a nivel no comercial (etiqueta impuesta, porque sí llenan grandes foros).

La actuación de creadores respetados como Paul McCartney y Ringo Starr, Carol King o de Nine Inch Nails con Queens of the Stone Age y Lindsey Buckingham de Fleetwood Mac (acto que fue cortado, lo cual fue reprobado con un fuck you por Trent Reznor –NIN– en Twitter), es usada para legitimar lo que en realidad es un circo, donde causas nobles, como el casorio de parejas gay, con todo y Madonna vaquera, pierden seriedad. Caso de sentimientos encontrados es el de Daft Punk (5 Grammy por Random Access Memory), dueto francés de probada calidad electrónica (con mejores álbumes previos, como indicó este espacio en mayo http://bit.ly/1dRgcXC), que con Pharrell Williams, respetado productor, armó el macanazo de 2013 a punta de artificial sobre-exposición. Da gusto que un dúo que gusta a todos niveles, tenga ese alcance; pero da tristeza saber que fue por firmar con Sony y por haber sido la payola del año, y prácticamente sólo por una sola canción: Get Lucky. Dato curioso es que el disco de Kanye West, Yeezus, contiene mejores beats, creados por Daft Punk, y prácticamente no figuró, quizá porque a él ya le tocó en ocasiones previas, aunque su trabajo sea mejor ahora.

Esto deriva en una dicotomía absurda, que evidencia lo artificial de una industria que se niega a ver la realidad, pues los festivales más concurridos, como Coachella, Lollapalooza, Bonnaroo, Glastonbury, suelen atiborrarse por un público que sigue a artistas no requeridos por los Grammy, aun siendo laureados por la crítica impresa y medios digitales: Nick Cave, Vampire Weekend, Sigur Rós, Grizzly Bear, Postal Service, James Blake, Arctic Monkeys, Primal Scream, The National, etcétera. Después de todo esto, ¿sigue usted creyendo en los premios Grammy?

www.patipenaloza.blogspot.com

Twitter: patipenaloza