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Bajo la Lupa

Desastre pasado, presente y futuro del gas en México

Alfredo Jalife-Rahme
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Puesto de control del piso de perforación de las instalaciones de la plataforma de exploración Bicentenario, de Industrial Perforadora Campeche, Grupo R, en el pozo Talipao 1 en el Golfo de México, en agosto de 2011Foto José Carlo González
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a política gasera de México ha sido una calamidad desde hace 37 años y sus gobiernos –sean del PRI o del PAN, o de ambos– han desquiciado el precio del fluido eléctrico, que tiende inevitablemente al alza, sin subsidios conspicuos o maquillados, no se diga sin los espejismos propagandísticos.

En 1977, durante el aciago gobierno de José López Portillo, quien no supo cómo administrar la abundancia del petróleo, ni de nada, se construyó a un costo exorbitante de mil millones de dólares (con un préstamo de Export-Import Bank de Estados Unidos) el gasoducto Cactus-Reynosa para abastecer de gas al sediento Texas, en la fase del presidente James Carter, cuyo secretario de Energía era el israelí-estadunidense James Schlesinger.

Ese mismo año, López Portillo autorizó embarques de petróleo con carácter de urgencia a Estados Unidos e inició negociaciones con seis empresas de ese país de gasoductos para exportar 2 mil millones de pies cúbicos al día de gas natural, por lo que construyó el oneroso proyecto que se conectaría al sistema de distribución estadunidense.

Los comentaristas de los multimedia ensalzaron el acuerdo de oro, hasta que se les apareció el senador Adlai Stevenson, que exigió un precio de 1.75 dólares por MCF (mil pies cúbicos), que descarriló el gasoducto. ¡Qué buen vecino!

Vale la pena recordar que el director de Petróleos Mexicanos (Pemex) de López Portillo fue Jorge Díaz Serrano, socio de Daddy Bush –anterior jefe de la CIA– en Zapata Petroleum Corp/Permargo.

James Schlesinger, la supuesta contraparte de Estados Unidos, era un súper peso pesado: economista de Harvard, republicano, secretario de Energía con Carter, noveno director de la CIA (¡supersic!) con Nixon, duodécimo secretario del Pentágono con Nixon y Ford, sexto jefe de la Comisión de Energía Atómica de Estados Unidos con Nixon y director del Centro de Estudios Estratégicos de la RAND Corporation. ¡Uf!

En septiembre de 1977, James Schlesinger dejó a México con las llaves en la mano debido a un mejor precio del gas de Canadá, a 2.16 dólares, mediante la construcción de un gasoducto desde Alaska. Es cuando surgió la frase indeleble de López-Portillo: O vendemos el gas o lo quemamos ( Negotiating the world economy, John S. Odell, 2000, Cornell University). ¡Pues lo quemaron! ¿ Chamaqueó la CIA a López Portillo?

¿Cuántos secretos no habrá entregado Díaz Serrano a sus amigos de la CIA, ya no se diga los siguientes directores de Pemex, sin excepción?

¿La suicida reforma energética de Peña/Videgaray/Aspe habrá iniciado su secuencia inexorable desde 1977?

Luego las duplas De la Madrid/Labastida y Zedillo/Téllez se equivocaron grotescamente con el precio del petróleo, mientras el panista y hoy neopriísta Fox, para favorecer a Baby Bush, promovió la importación de gas de Bolivia con escala en el puerto de Lázaro Cárdenas en ruta a San Diego.

Ante la negativa de Bolivia a comerciar su gas con México y Estados Unidos, el locuaz Fox espetó que lo consuman o que se lo coman (su gas) ( Crónica, 12/1/06). ¡Otro fracaso gasero salpicado de improperios a una nación!

El panista Calderón perjudicó a México con su privatización subrepticia en beneficio selectivo a las depredadoras gaseras españolas y soñó ser director de Repsol, a la que favoreció mediante la triangulación de la compra de gas licuado a Perú a un costo de 6 mil millones de dólares y su reventa a la CFE para generación de energía eléctrica a un precio descomunal de 21 mil millones de dólares: ¡la pirata petrolera española se embolsó una utilidad inconcebible de 15 mil millones de dólares! ( La Jornada, 2/4/08)

Las gaseras españolas ( v. gr. Iberdrola), aliadas financieramente al PAN, son culpables del alza de la electricidad similar a la depredación de la española Repsol en Argentina. Así que la privatización cucaracha del gas en México no benefició en absoluto a la población.

En un lapso de 35 años, la política gasera de México, con priístas y panistas, resume y rezuma el desastre que ha incidido en el precio de la electricidad. Y ahora la suicida reforma Peña/Videgaray/Aspe empeora el cataclismo gasero de casi dos generaciones mediante la explotación del polémico shale gas (esquisto/lutita/grisú).

La Perspectiva energética anual de la Agencia Internacional de Energía para 2014 no es muy optimista respecto del shale gas en Estados Unidos y hasta The Financial Times (10/2/14) confiesa el gran escalofrío (sic) del gas natural que carece de distribución nacional y que expone las carencias de la infraestructura de Estados Unidos.

Administraciones del PRI y el PAN van, vienen y queman el gas en el sur, mientras lo importan en forma esquizofrénica en el norte a precios exorbitantes que afectan el costo de la electricidad, que depende en su mayor porcentaje del gas (local e importado).

El “México neoliberal itamita” compra cuatro veces más caro el gas importado que el precio en Estados Unidos (McClatchyDC, 18/9/13) que se ha incrementado en México hasta 82 por ciento (¡supersic!) en febrero ( El Financiero, 10/2/14). ¿Cómo harán los aprendices de brujos del gobierno de Peña/Videgaray/Aspe para detener el alza de la electricidad?

El gas, medido en BTU, se vende en Asia en 19 dólares y en Europa en 16 dólares, mientras en Estados Unidos ha variado entre 3 dólares (que benefició a Washington con su efímera revolución energética: una burbuja financierista a punto de estallar) y ahora se ha elevado hasta 6 dólares debido a la tormenta polar producto del cambio climático (a su vez, consecuencia de la rapaz explotación de los hidrocarburos por Estados Unidos) y de cuyo precio es rehén el “México neoliberal itamita”, incrustado en la seguridad energética de Norteamérica bajo la batuta geopolítica de Estados Unidos, que no puede disminuir el prometido precio del gas, por ende, ni de la electricidad. ¡Todo lo contrario!

Más allá de las fulminantes defenestraciones del director de la CFE, Francisco Rojas, y de Carlos Morales (segundo de a bordo de Pemex) –para colocar a domesticados itamitas que practican “la línea del fracking y el booking bursátil”, como el polémico Eduardo Ochoa Reza, quien se fue a arrodillar a Bloomberg en Wall Street (ver Bajo la Lupa http://www.jornada.unam.mx/2013/08/25/politica/012o1pol)–, como regalo previo a la cumbre de Toluca de la seguridad energética de Norteamérica, desde hace 37 años la kakistocracia (el gobierno de los peores) del PRI y el PAN en forma secuencial ha despedazado la política del gas y en forma absurda México ha pasado de fallido exportador a importador cautivo y hasta a depredador ambiental con el proyecto de explotación masiva del polémico shale gas que provoca el repudio ciudadano global (ver “ Shale gas: abuso y contaminación del agua escasa en medio de la sequía en EU”, Bajo la Lupa, http://www.jornada.unam.mx/2014/02/09/politica/012o1pol?partner=rss), mientras el México orwelliano engaña a la población con su elusivo maná.

Antes de ser escrudiñadas, hacen agua (literalmente) las leyes secundarias de la suicida reforma energética Peña/Videgaray/Aspe –específicamente en lo referente a la demencial explotación del shale gas en el noreste de México, escasísimo en agua– cuando ha sido puesta en la picota por los ciudadanos de Estados Unidos (en particular, de Texas) el abuso del agua escasa contaminada por el tóxico fracking en medio de su peor sequía de los recientes 100 años.

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