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Venezuela: los cachorros de la reacción
Luis Hernández Navarro
L

orent Saleh es un joven venezolano de 25 años, de lengua flamígera, que estudió comercio exterior. Es una de las cabezas visibles de la coalición que busca derrocar al presidente Nicolás Maduro. Dirige la organización Operación Libertad, que ubica al castro-comunismo cubano como el enemigo principal de Venezuela.

Loreth comenzó su faena contra la revolución bolivariana en 2007. Desde entonces no ha dado tregua. Lo mismo organiza huelgas de hambre que campañas como Chávez miente. Aunque hace años abandonó las aulas, se presenta aún como líder estudiantil. Y, aunque no tiene empleo conocido, viaja por América Latina para tratar de aislar al gobierno de Maduro.

El joven Saleh tiene buenos amigos en diversos países. En Colombia, por ejemplo, lo cobijan y promueven la Alianza Nacionalista por la Libertad y Tercera Fuerza, agrupaciones neonazis ( El Espectador, 21/7/13).

Vanessa Eisig es una simpática chica rubia de 22 años, que usa gafas y se describe en su cuenta de Twitter como guerrera de luz y bígama, casada con mi carrera y con Venezuela. Estudia comunicación en la Universidad Andrés Bello y confiesa que, al participar en las protestas, siente que hace historia.

Vanessa es militante de Juventud Activa Venezuela Unida (JAVU). Exige la deposición del usurpador Nicolás Maduro y de todo su gabinete. La organización tiene como emblema un puño derecho de color blanco, que –dice la joven– “es signo de resistencia y de burla al socialismo".

JAVU, que impulsa la iniciativa Operación Libertad, ha desempeñado un papel relevante en los actuales disturbios que se viven en Venezuela. Fundada en 2007, la organización se define como una plataforma juvenil de resistencia, que busca derribar los pilares que sostienen a un gobierno que menosprecia la Constitución, vulnera nuestros derechos y entrega nuestra soberanía a las órdenes de los decrépitos hermanos Castro.

En su comunicado del 22 de febrero de este año, JAVU denunció que fuerzas extranjeras han sitiado militarmente a Venezuela. Sus mercenarios nos atacan de manera vil y salvaje. Su objetivo es esclavizarnos. Para conseguir su libertad, señalan, es vital defender la soberanía de la nación, expulsando a los comunistas cubanos que se encuentran usurpando el gobierno y la Fuerza Armada.

JAVU está inspirada y tiene estrecha relación con Otpor, que en español significa Resistencia, y con el Centro para la aplicación de acciones y estrategias no violentas (Canvas, por sus siglas en inglés). Otpor fue un movimiento estudiantil creado en Serbia para remover del gobierno al presidente Slobodan Milósevic en 2000, que recibió financiamiento de agencias gubernamentales estadunidenses. Canvas es la cara renovada de Otpor.

El gurú de esos grupos es el filósofo Gene Sharp, que reivindica la acción no violenta para derrocar gobiernos. Sharpe fundó el Instituto Albert Einstein, promotor de las llamadas revoluciones de colores en países que no son afines a los intereses de la OTAN y Washington.

Cables difundidos por Wikileaks hicieron público que Canvas –presente en Venezuela desde 2006– elaboró para la oposición de ese país un plan de acción, en el que propone que sean los grupos estudiantiles y los actores no formales los capaces de construir una infraestructura y explotar su legitimidad en la lucha contra el gobierno de Hugo Chávez.

La relación entre JAVU, Otpor y Canvas es muy estrecha. Como confesó Marialvic Olivares, militante del grupo de extrema derecha: las organizaciones internacionales que nos están apoyando en este momento siempre han estado de la mano con nosotros, no solamente en cuestiones de protesta, sino en cuestiones de formación, y nosotros con ellos siempre hemos estado de la mano. No nos da vergüenza, no nos da miedo decirlo.

Pero los vínculos entre los jóvenes dirigentes estudiantiles venezolanos y los think tanks y agencias de cooperación de derecha van mucho más allá de la alianza con Otpor/Canvas. Diversas fundaciones estadunidenses han financiado abiertamente al movimiento disidente. También han contado con el apoyo del Partido Popular de España y con la organización juvenil de Silvio Berlusconi en Italia.

Es el caso del joven abogado Yon Goicoechea, estrella rutilante de las protestas de 2007 y que ahora estudia una maestría en la Universidad Columbia, después de afiliarse al partido de Henrique Capriles y abandonarlo cuando no le dieron una diputación. En 2008 fue generosamente recompensado por su compromiso de lucha contra Hugo Chávez. El Instituto Cató le entregó el premio Milton Friedman para la Libertad, dotado de medio millón de dólares.

Otra fuerza que ha desempeñado un papel relevante en la intentona por deponer a Maduro es el Movimiento Social Universitario 13 de Marzo, organización estudiantil que actúa en la Universidad de los Andes. Su dirigente más conocido es Nixon Moreno, antiguo estudiante de ciencias políticas, acusado de violar a Sofía Aguilar, ahora prófugo y exiliado en Panamá.

Estos jóvenes saben lo que hacen: promover la desestabilización política. Reciben financiamiento internacional. Militan en las filas de la ultraderecha y el anticomunismo. Son xenófobos. Están vinculados con organizaciones nazis y conservadoras en varios países. Y marchan codo a codo con políticos de la derecha radical como Leopoldo López, María Corina Marchado y Antonio Ledezma.

A pesar de recibir todos estos apoyos, Lorent Saleh, de Operación Libertad, se lamenta: Estamos tremendamente solos. En parte tiene razón. Entre los jóvenes latinoamericanos no despiertan simpatía ni solidaridad. Por el contrario, suscitan desconfianza y repudio. Y es que se les ve el plumero. Su causa nada tiene que ver con el ideario del movimiento estudiantil-popular mexicano de 1968. No en balde los combativos estudiantes chilenos los repudiaron públicamente. Para ellos, los cachorros de la reacción son impresentables.

Twitter: @lhan55