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Tlaxcala hace mil años

L

os antiguos mexicanos erigieron sus ciudades cerca de terrenos fértiles y cuerpos de agua que les permitieron abastecerse de alimentos Es el caso del conjunto Xochitécatl-Cacaxtla; ahí puede distinguirse claramente a partir de los trabajos arqueológicos que se han realizado en la zona desde hace poco más de 40 años, que en los lugares más altos se construyeron los edificios dedicados al culto religioso y las habitaciones de la jerarquía política y religiosa, así como de pintores y comerciantes de importancia. Ahí tenía lugar también el intercambio interregional de bienes.

A través de las excavaciones se evidencia que en estos espacios no se preparaban alimentos ni había utensilios de uso común; además de las grandes construcciones compartían esta característica asentamientos cercanos a poblados actuales, como La Cruz, El Milagro, El Santuario y Loma de Cocómitl, o incluso dentro de una población, como en el caso de San Vicente Xiloxochitla. Este lugar se encuentra en la entrada de un valle muy fértil con salida a una planicie que se localiza al norte y que se inunda en época de lluvias.

Las unidades habitacionales se distribuyen en los alrededores de todo el Bloque Xochitécatl-Nativitas-Nopalucan. Vivían en conjuntos de tres o cuatro casas, familias y pequeñas comunidades que se dedicaban a la agricultura y a la elaboración de utensilios de uso cotidiano. Había también asentamientos en zonas donde se realizaban trabajos de cultivo.

Algunos de estos lugares, como Santa Inés, seguramente tuvieron gran importancia, pues sus casas estaban donde hubo extensas áreas de aprovechamiento lacustre y donde también era posible obtener especies de pie de monte como conejos, pecarí, venado, liebres y tlacuache. Complementaban la dieta guajolotes y perros domésticos, así como peces, ranas, tortugas, patos y otras aves, de la zona lacustre.

Los actuales pobladores realizan, justamente en el cerro ubicado en el centro de la zona lacustre, los festejos de la Cruz de mayo, que como sabemos son para pedir lluvia para las buenas cosechas. En Santa Inés se han localizado restos de cerámica y utensilios de obsidiana y sílex, así como piezas de piedra, como restos de manos de metate, metates y morteros. Las milpas, muchas veces sembradas en chinampas regadas con apantles o acequias, proveían del alimento principal: maíz; también de calabaza, frijol, amaranto, quelites y otras hortalizas. Con este sistema intensivo se daban dos y hasta tres cosechas al año, afirman Mari Carmen Serra y Juan Carlos Lozano en el libro Vida cotidiana Xoxhitécatl-Cacaxtla, editado por la UNAM. Esto ocurría hace unos 1000 años.