Opinión
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Un mundo distinto
José Blanco
E

n mi entrega del martes pasado escribí que estábamos cerca de la puerta de inicio de un mundo nuevo, a propósito del conflicto EU y UE frente a Rusia. Al leerla impresa en La Jornada me percaté de que ya había olvidado que en el pasado esa expresión denotaba un mundo superior, o más humano y que, tiempos más atrás, se refería a un mundo casi el paraíso (el hombre nuevo).

Lejos de tal cosa, se refería a un mundo simplemente distinto (por eso nuevo), aunque muy difícil de definir por sus rasgos predominantes. ¿Qué será ese mundo distinto del presente?, eso va para muy lejos. Sí, estaba implícito en mi artículo, como un rasgo excepcionalmente positivo, que EU-UE en conjunto fueran reduciéndose a uno de los polos que parecen prefigurarse en el mapamundi. Pero lo que ha llegado a su fin es la absurda pretensión del pensamiento único. Lejos de ello, una de las dificultades que se advierten en el futuro previsible es justamente el amplísimo abanico de pensamientos sobre la existencia humana, sus culturas, su moral. Un gigantesca riqueza que conlleva problemas severos de convivencia humana.

En tal sentido, me parece sobresaliente el precepto de Fernando Savater sobre lo que le parece un valor insu­perable de la convivencia entre la inmensa variedad de la otredad: la cultura de la hospitalidad. Savater señala fervientemente que al niño debe instruirse y enseñársele lo que es suyo como cultura pero al mismo tiempo ir expandiéndose hasta lo más amplio, al nivel de tolerar y respetar otras culturas sin importar sus procedencias para que no excluya, repudie, menos aún prohíba lo que los otros son como culturas diferentes con valores diversos: la hospitalidad es acoger al otro tal cual es. Es claro que esa utopía supone un mundo de transformaciones en la índole de cada cultura del planeta. ¡Le­jos estamos de ello!

Por lo pronto, no deja de entusiasmar, poniendo a un lado momentáneamente lo que es y ha sido el gobierno de Putin, que haya un país, Rusia, que habiendo alcanzado un cierto grado de fortaleza, sea capaz de decirle al imperio, con todas sus letras, sabe usted, somos un país independiente. Y se atreva a actuar conforme a los valores de su profunda cultura histórica: Kiev es la madre de Rusia. Ahora eso está atrapado en el acontecer histórico de siglos, pero los rusos que votaron ser parte de Rusia en Crimea, serán parte de Rusia.

Rusia no actuó en cualquier momento. El Tratado del Atlántico Norte (OTAN) fue suscrito en 1949 y su finalidad era, dijo su primer secretario general, Lord Ismay, proteger a Europa manteniendo a los rusos fuera, a Estados Unidos dentro y a Alemania bajo control. Pero desde la reunificación de Alemania, la Alianza Atlántica casi ha duplicado su tamaño, pasando de tener 16 estados miembros en 1990 a contar con 28 en la actualidad.

El periódico on line RT recuerda que “el embajador de EU en la Unión Soviética entre 1987 y 1991, Jack Matlock, escribió en el periódico Komsomolskaya Pravda, que tanto Gorbachov como el ex presidente de EU George Bush [el primero] estaban de acuerdo en que la OTAN no se expandiría en esa dirección [el Este]”. Ocurre que desde la desintegración de la Unión Soviética, la alianza se ha expandido precisamente hacia el Este, sobre todo en las últimas dos décadas. En 1999, la República Checa, Hungría y Polonia fueron unidas a la OTAN. Esto fue seguido por su mayor expansión en la historia, cuando, en 2004, siete nuevos países de Europa del Este se ataron a la alianza (Bulgaria, Estonia, Letonia, Lituania, Rumania, Eslovaquia y Eslovenia). La ampliación fue rematada en 2009, cuando Albania y Croacia también fueron sumadas. Rusia no tenía ni la fuerza mínima, económica y militar, y sólo veía cómo era geopolíticamente estrangulada por Occidente. Por supuesto, a medida que la OTAN continuó expandiéndose, también creció la desconfianza y la tensión en Rusia y sus pocos y débiles aliados.

“La aparición en nuestras fronteras de un bloque militar […] es percibida por Rusia como una amenaza”, advirtió Putin tras participar en una reunión con los 26 miembros de la OTAN en 2008. Putin afirmó entonces que no basta la promesa de la OTAN de que ya no es enemiga de Rusia y de que su ampliación no se dirige contra ella. Hemos escuchado en el pasado promesas como esas que no se cumplieron, recordó la publicación citada.

Después, en pocos años, el mundo dio un vuelco de 180 grados. China creció como la espuma, y el mundo de la globalización neoliberal se les fue de las manos a las élites de Occidente en medio de una crisis sin precedentes. Tocó el turno de actuar a Rusia, que supo leer la coyuntura, y nos encaminamos así a un mundo definitivamente multipolar.

Según Spiegel on line, “la alta dirección de las principales empresas alemanas teme que en caso de una expansión de la crisis en Ucrania sus compañías podrían verse seriamente afectadas, ya que las sanciones que pretenden aplicar contra Rusia tendrían consecuencias irreparables para sus negocios. Alrededor de 300 mil empleos en Alemania están conectados directamente con el negocio de las empresas alemanas en Rusia, y si la situación con las sanciones empeora, gran parte de esa plantilla podría perder su empleo. Y Heinrich Hisinger, director de uno de los mayores grupos siderúrgicos, ThyssenKrupp AG, en entrevista con el diario alemán Die Welt, criticó severamente la política de sanciones llevada a cabo por la UE y EU, afirmado que para lograr un avance significativo hay que cooperar con Rusia en vez de competir. Cabe mencionar que los consorcios de construcción de maquinaria alemanes en 2013 ganaron alrededor de 9 mil 300 millones de euros en el mercado ruso. Asimismo, los fabricantes de automóviles alemanes vendieron en el mismo mercado más de 132 mil autos en 2013.

El futuro previsible del mundos es brumoso e incierto, mil veces más complejo, pero en algunos temas, algo mejor.