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En 2012 lanzó su candidatura presidencial convencido de que Francia lo necesitaba

François Hollande, un profesional de la política, de visita de Estado en México

En ese año ganó las elecciones con 51.63 por ciento de los sufragios; venció a Nicolas Sarkozy

Françoise Escarpit
Especial para La Jornada
Periódico La Jornada
Jueves 10 de abril de 2014, p. 16

Burdeos, 9 de abril.

Detrás de la figura de hombre común, el presidente francés esconde la de un verdadero profesional de la política, discreto y ambicioso.

Una carrera al servicio del partido socialista

El presidente francés François Hollande nació en 1954 en la ciudad de Rouen (Normandía), en el noroeste de Francia. Padre de derecha, médico, conservador. Madre, trabajadora social, católica progresista. A principio de los sesenta la familia se muda a París, donde el joven François Hollande, aficionado y practicante del futbol, realiza estudios de derecho y economía antes de ingresar el Instituto de Estudios Políticos (IEP) y, posteriormente, a la prestigiosa Escuela Nacional de Administración (ENA), vivero de hombres políticos y grandes administradores del Estado.

Afiliación al Partido Socialista

En la ENA encuentra a Ségolène Royal (recién nombrada ministra de Ecología, desarrollo sustentable y energía), con la que tendrá cuatro hijos y caminará largo tiempo en su vida política y personal. En 1979 se afilia al Partido socialista (PS). Apoyado por el consejero económico del presidente Mitterrand, Jacques Attali, François Hollande, al salir de la ENA, entra en política en el grupo de consejeros económicos del presidente. Lógicamente, en 1988, su partido lo presenta como candidato a diputado en Tulle (departamento de Corrèze), región apartada del centro de Francia. Después de su primer mandato lo nombran secretario del PS encargado de los temas económicos. Cuando en 1997 Lionel Jospin deja la dirección, François Hollande se vuelve número uno del partido. Paralelamente vuelve a ganar la diputación, la alcaldía de Tulle y la presidencia del consejo general de Corrèze.

Detrás de la imagen de ese político de provincia, buen hombre, sencillo, que saluda de mano en los mercados y come las muestras que se le ofrecen, se esconde un hombre convencido de su destino nacional. Durante aquellos años, a la par de su trabajo en provincia se dedica a reorganizar y fortalecer el PS. En 2002 un terremoto sacude al partido cuando, en la primera vuelta de la elección presidencial, el candidato socialista, Lionel Jospin, queda en tercer lugar, detrás del saliente presidente Jacques Chirac y del ultraderechista Jean-Marie Le Pen. En 2005 sigue otra afrenta. La línea política del primer secretario del PS sobre el tratado constitucional europeo va a ser gravemente cuestionada. François Hollande llama a aprobarlo, pero el pueblo francés lo rechazará mayoritariamente.

En 2007, políticamente debilitado, François Hollande apoya la candidatura de su compañera Ségolène Royal a la Presidencia de la República, ocultando los dos sus diferencias personales y su separación. Ganará la elección Nicolás Sarkozy (53 por ciento contra 47 por ciento).

Pero nada logra desanimar a François Hollande. Aunque (igual que Barack Obama) nunca haya sido llamado a integrar un gabinete ministerial, aunque no tenga historia, aunque los Guignols (muñequitos), programa popular de caricaturas políticas, lo presenten siempre como un gordito tontito y simpático, el hombre sigue presente en la vida política francesa y no deja nada al azar durante su llamada traversée du désert, momento de soledad de los famosos.

Foto
El presidente de Francia, Françoise Hollande, arribó a México la media noche de ayer para una visita de Estado de dos días. Voceros franceses calificaron su presencia de sumamente simbólica, luego de que hace 50 años vino el presidente Charles de Gaulle, la cual marcó un hito en las relaciones entre los dos países. Hollande viaja con una importante delegación de presidentes de empresas francesas interesadas en el mercado mexicano. El canciller José Antonio Meade lo recibió en el aeropuertoFoto José Antonio López

Obsesión por los consensos

Una de las características de François Hollande siempre ha sido su obsesión por conseguir consensos, lo que, en muchas ocasiones, se ha considerado una incapacidad de no tomar decisiones. Vocero del PS en los noventa, intentó arbitrar las diferencias entre militantes. No quiso ser de ninguna corriente dentro de los que se llamaban los transcorrientes y logró tener pocas enemistades. En el Congreso del PS, en 2005, logra sintetizar casi todas las corrientes, pero nadie lo ve como posible candidato a la elección presidencial. Pese a todo, al lado de su pareja, Valérie Trierweller, se lanza para ganar la candidatura presidencial de 2012 porque, según él, los franceses necesitan como candidato a un hombre común, pero no cualquiera y, sobre todo, capaz de unir a los franceses. Nuevo look, nuevos lentes, nueva silueta, nuevo peinado. Un año de recorrido por todo el país.

Pero será el caso Dominique Strauss Kahn (la agresión sexual e intento de violación de una empleada del Sofitel de Nueva York por el director del FMI y candidato a la Presidencia) el que le va a abrir la puerta. Frente a cinco candidatos socialistas, en octubre de 2011, gana la primaria. François Hollande nunca ha desatado pasiones o entusiasmos partidistas pero, en 2012, para muchos, entre todas las izquierdas, lo importante es deshacerse del omnipresente presidente Nicolas Sarkozy. El 6 de mayo de 2012 François Hollande gana en una elección cerrada con 51.63 por ciento de los sufragios.

Dos años después, parece que lo único logrado son los más bajos niveles de popularidad jamás obtenidos por un presidente. Las elecciones municipales han sido una enorme derrota para las izquierdas francesas pero, más que todo, un castigo para la política de François Hollande. El presidente reivindica ser socialdemócrata, realista y reformista. Pero, hoy, en Europa, ser socialdemócrata es rechazar toda referencia histórica a las ideas que forjaron la socialdemocracia (entre ellas el marxismo y la lucha de clases), tal como lo hicieron en Gran Bretaña, Tony Blair, Gerhard Schröder en Alemania, o en España José Luis Zapatero, voceros de un supuesto nuevo capitalismo. Lo mismo que Tony Blair, François Hollande se ha lanzado en campañas militares imperialistas, pero por la menos Tony Blair logró algunas reformas sociales e invirtió en el servicio público.

A finales de mayo, el presidente va a enfrentar un nuevo reto con las elecciones al Parlamento Europeo. En la actualidad, Francia se pliega a todas las exigencias de una Europa encabezada por Angela Merkel. Es probable que Hollande deje al PS organizar la campaña, sin inmiscuirse demasiado, cuando se sabe que la extrema derecha quiere aprovechar esas elecciones para afianzarse como alternativa política y que, en las otras izquierdas, hay un fuerte debate sobre los temas europeos y hasta la oportunidad de mantener o no el euro.