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Bajo la Lupa

Crisis en Ucrania: golpe dramático al acercamiento de Europa y los BRICS: según LEAP2020

Alfredo Jalife-Rahme
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El presidente en funciones de Ucrania, Aleksandr Turchinov, informó que concluyó con éxito un operativo conjunto del Ministerio del Interior y el servicio de seguridad, que retomaron el control del aeródromo militar de Kramatorks, en la región de Donietsk. En la imagen, el general Vasyl Krutov (centro), a la entrada del aeropuertoFoto Ap
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or salud cartesiana, es conveniente enterarse de puntos de vista dialécticamente antitéticos a lo expuesto por Bajo la Lupa, como el reciente abordaje muy polémico de LEAP2020 (Laboratoire Européen d’Anticipation Politique), prominente centro de pensamiento geoeconómico, con sede en París, que se ha caracterizado por ser muy crítico de la unipolaridad de Estados Unidos (EU) y de favorecer el renacimiento del poder europeo en alianza con los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica). El entusiasmo de LEAP2020 llega a tal grado que ha establecido una red de la relación Euro-BRICS.

Marie-Helene Caillol, presidenta de LEAP2020 (4/4/14), adopta un punto de vista muy pesimista sobre el devenir de la Unión Europea (UE) y la multipolaridad. Para ella, la crisis de Ucrania es intencionada: la fuerza a escoger entre la UE y Rusia.

Juzga que la británica Catherine Ashton, a cargo de las relaciones exteriores de la UE, rechazó la negociación tripartita propuesta por Rusia en noviembre pasado que acomodaba los intereses de Rusia, la UE y Ucrania. Faltó EU, que ni tardo ni perezoso aceleró el golpe de Estado e instaló al títere fondomonetarista en Kiev.

Juzga que hoy el verdadero objetivo de la maniobra (sic) es la UE, su independencia y su libertad, ya que el abrupto deterioro de la relación euro-rusa arroja a la UE a los brazos de EU/OTAN.

El GEAB (Global Europe Anticipation Bulletin) número 83 (16/3/14) de LEAP2020 preconiza que se ha construido una trampa para desviar a la UE de su propio destino. Y no solamente se trata del aislamiento de Europa y su alejamiento de Rusia, por extensión a los BRICS, sino que EU busca integrar al euro a la zona dólar, al unísono del ataque masivo por EU mediante la Asociación Trasatlántica para el Comercio y las Inversiones (TTIP, por sus siglas en inglés).

A Caillol le faltó añadir el otro brazo ominoso de las tenazas mercantilistas de EU para apropiarse de las dos terceras partes del comercio global: el Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP, por sus siglas en inglés) que va dirigida contra China y cuya matriz operativa es ahora la Alianza del Pacífico, de la que forma parte el entregado México neoliberal itamita.

Para Caillol, quien peca de excesivo eurocentrismo, la UE es la llave de la emergencia de un mundo multipolar que aterra demasiado a algunas gentes de Europa y EU. ¿Qué tanto poder real de decisión detenta la UE a la hora de la verdad? ¿Recuerdan el “ fucking Europe” despreciativo de Vicky Nuland, la amazona del Departamento de Estado?

LEAP 2020 practica una aritmética lineal casi simplista al operar el bloquismo entre el bloque EU+UE y los BRICS, susceptible de desembocar en una “nueva guerra fría, a sabiendas que Occidente en esta ocasión acabaría siendo aislado”.

Es mucho más hípercomplejo que eso cuando no se pueden ignorar los matices y las matrices operativas tanto en el G-7, cada vez más desfigurado, como en los BRICS, donde la cohesión no es tan uniforme tampoco.

Como buena eurocentrista, Caillol asevera que sin la UE, EU no posee el vehículo necesario para romper el proceso multipolar en curso y considera que dependiendo de su elección –ya sea mediante una alianza de hierro con EU, ya sea al abrazar las futuras tendencias tanto de los países emergentes y los BRICSel mundo se moverá a una configuración bipolar o multipolar.

A mi juicio, sí existe de facto una bipolaridad meta-regional entre el G-7, cada vez más desarticulado, y los BRICS, en búsqueda de su pegamento metafísico, lo cual resguarda en el trasfondo una confrontación entre EU y China. Es curioso que tal bipolaridad meta-regional se conjugue a la inevitable multipolaridad que ya inició y que el mismo EU disfraza con el término más vago de multilateralismo, para no dar su orgulloso brazo ideológico a torcer.

Por encima del muy loable idealismo idílico de Caillol sobre el Leviatán hobbesiano, reduce la multipolaridad al acercamiento entre la UE y los BRICS, cuando el problema intrínseco de la UE es que exhibe varias velocidades en su seno: de norte a sur y de oeste a este, que parecen reflejar la existencia multidimensional de cuatro Europas de facto: 1. Gran Bretaña, que se cuece aparte por su relación especial con EU. 2. La del norte, encabezada por el liderazgo geoeconómico alemán. 3. La parte latina despreciada por los financieristas británicos con el acrónimo PIGS (por sus siglas en inglés: Portugal, Italia, Grecia y España), a la que empiezan a sumar a Francia, y 4. El centro y el este, su parte más rusófoba por estímulo de EU/OTAN, sumida en una profunda crisis financiera y económica.

En forma dramática, Caillol sentencia que la multipolaridad ha sufrido un severo revés cuando la UE se encuentra atrapada en una trampa y cuya debilidad (¡súper sic!) política parece prevenirle escapar de ella. Sin contar, a mi juicio, el peligroso ascenso del fascismo/nazismo en las recientes elecciones y las veleidades centrífugas en varios de sus puntos: Escocia, País Vasco, Cataluña, Liga del Norte (Venecia), Transnistria, Córcega y ahora Ucrania.

LEAP 2020 exclama que la UE experimenta cruelmente las consecuencias dramáticas (sic) de su negligencia para implementar su unión política al haber sucumbido al modelo de integración económica bajo la influencia anglosajona en favor de una Europa enteramente económica (libre comercio, etcétera), en medio de la crisis en Ucrania y el socavamiento de la relación euro-rusa por la expansión territorial de la OTAN.

Uno de los barómetros del destino europeo lo finca correctamente en la evolución del rápido progreso del TTIP, uno de los dos brazos de las ominosas tenazas geopolíticas de EU.

Considera que, en el mismo tenor, también la crisis ucraniana arroja a Rusia a los brazos de los BRICS. No tanto de los BRICS, como de China, que no necesariamente es lo mismo y coloca juiciosamente en relieve el verdadero punto de inflexión ( game changer): el muy cantado proyecto del gasoducto de Rusia a China.

Cita a Rakteem Katakey, de Bloomberg, que expone todo lo contrario de la propaganda goebbeliana de Occidente y su “revolución energética del siglo XXI, otra trampa, a mi juicio, en la que sucumbió el México neoliberal itamita: “la reconfiguración de la política del petróleo que acelera el empuje de Rusia para enviar más barriles a China, dejando a Europa con importaciones más caras y el impulso de la dependencia (¡súper sic!) de los hidrocarburos de Medio Oriente.

A mi juicio, tanto EU como la UE padecen una profunda declinación, que va más allá de su materialismo hedonista, cuando su única liberación verdadera pasa por Berlín al haber sucumbido catastróficamente los demás europeos bajo la férula nostálgica de la evanescente unipolaridad.

Hoy Europa se encuentra tan fragmentada como la misma Ucrania y no es gratuito que la seducción tanto de Rusia como de China, los dos pilares geoestratégicos de los BRICS, pase por Alemania, su máxima geoeconomía que decidirá el destino del rompecabezas de las partes fracturadas. ¿La dejará EU?

Europa, nombre de una princesa fenicia de Tiro, vuelve a ser raptada por EU, el Zeus decadente del siglo XXI a punto de quedarse sin su Olimpo.

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