Opinión
Ver día anteriorLunes 28 de abril de 2014Ver día siguienteEdiciones anteriores
Servicio Sindicado RSS
Dixio
 
Desde el Otro Lado

Impuestos, la otra cara de la desigualdad

A

bril es un mes emblemático en EU. Año tras año se repite el rito mediante el cual los estadunidenses cumplen la obligación de entregar su declaración de impuestos. Todo el día las oficinas de correos y el portal de Internet de la oficina recaudadora se ven colmados por los que han esperado hasta el último momento para cumplir una de sus obligaciones cívicas más significativas. No son extrañas las historias de quienes han terminado sus días en la prisión por haber faltado a dicha obligación. Tal vez la más conocida y celebrada sea la de Al Capone.

De acuerdo con la información de la oficina federal recaudadora, más de 131 millones declararon sus impuestos este año. La saga impositiva de este día tiene además otras derivaciones y usos. De la información que la oficina recaudadora publica se obtienen estadísticas que delinean el perfil económico de los estadunidenses. Una de las que ha causado más desazón fue que la clase media ha perdido el primer lugar en el mundo como la de más altos ingresos. Más aún: que los pobres son más pobres que en Europa y Canadá.

El origen de esa desigualdad se empezó a estudiar hace tiempo, pero hasta hace años esos estudios han empezado a tener mayor difusión, tal vez porque la desigualdad es cada vez más palpable en amplios sectores. Uno de los más recientes es el libro El capital en el sigloXXI, del economista francés Thomas Piketty. Según especialistas y todo tipo de comentaristas políticos, es un parteaguas en los estudios sobre la acumulación de la riqueza. Piketty no sólo demuestra el incremento de la desigualdad, sino propone la inclusión de instrumentos de política económica para atenuarla, como la coordinación entre los países más ricos en el cobro de un impuesto progresivo que grave a quienes acumulan la mayor parte de la riqueza que produce toda la sociedad.

No deja de ser significativo que en momentos en que aumentan las críticas contra la concentración de la riqueza, un grupo de legisladores reaccione con el argumento de que esa minoría es la que realmente crea la riqueza y el empleo. Mal andan las cosas cuando esos legisladores y sus panegíricos tildan de marxistas a quienes llaman la atención sobre el creciente empobrecimiento de millones. Las declaraciones de impuestos son un instrumento más para demostrar esa desigualdad, y solamente la ceguera de un individualismo delirante puede ignorar esa evidencia.