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Jaime Domínguez fue aprehendido durante una protesta en Morelos

Me tuvieron esposado tres días, narra víctima al enviado de Naciones Unidas
 
Periódico La Jornada
Miércoles 30 de abril de 2014, p. 22

Ante el relator especial sobre Tortura y tratos crueles, inhumanos y degradantes de la Organización de Naciones Unidas (ONU), Juan E. Méndez –de visita en México desde el 21 de abril y hasta el 2 de mayo–, Jaime Domínguez Pérez narró su testimonio sobre la tortura de que fue víctima por su oposición a la construcción del gasoducto del Proyecto Integral Morelos (PIM) de la Comisión Federal de Electricidad, por parte de elementos de la policía estatal morelense.

Esto, en un contexto en que la práctica de la tortura se incrementó 500 por ciento en el sexenio de Felipe Calderón y ahora con (Enrique) Peña Nieto no ha variado; va en aumento y está muy crítica, informó Javier Enríquez, coordinador del Colectivo contra la Tortura y la Impunidad.

Domínguez Pérez, integrante del Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra y el Agua Puebla-Morelos-Tlaxcala, detalló en su testimonio que la mañana del 19 de septiembre de 2013 fue detenido en la colonia Gabriel Tepepa, municipio de Cuautla, Morelos, cuando con otro centenar de personas fue a reclamar a trabajadores de la empresa que construye el gasoducto citado que estuvieran laborando, ya que tenían un acuerdo con el presidente municipal de que las obras estarían suspendidas hasta octubre.

Entonces, dijo, policías estatales del mando único de Morelos, acompañados por personal con chalecos de la CFE, lo detuvieron sin orden de aprehensión, lo aislaron del grupo jalándolo del cabello y lo subieron a una camioneta, donde lo esposaron con las manos a la espalda.

Los uniformados lo trasladaron al sector de Cuautla, que está en Tetelcingo, y a las instalaciones de la Procuraduría General de Justicia del Estado: no se me dijo la razón de mi detención ni los cargos que se me imputaban, y hasta el 21 de septiembre fue liberado luego de pagar una fianza de 610 pesos, a reserva de volver a llamarlo a declarar por los cargos de amenaza, portación de arma blanca y lo que resulte.

Durante el lapso en que estuvo detenido, explicó, fue víctima de amenazas, maltrato, privación de agua y alimentos, golpes y heridas en diversas partes del cuerpo, como los oídos –que dañaron su capacidad auditiva en 10 por ciento en el oído izquierdo y 40 por ciento en el derecho– e incomunicación, además de que lo mantuvieron esposado, lo que le ocasionó hinchazón y calambres en manos, brazos, hombros y espalda, así como secuelas sicológicas por la agresión vivida.

Pese a que desde un principio informó a los policías que es hipertenso, no le proporcionaron la medicación que requiere, sino hasta el 20 de septiembre por la noche, después de la intervención de José Martínez, de la Comisión Independiente de Derechos Humanos de Morelos; de Samantha César, del Centro de Estudios Sociales y Culturales Antonio de Montesinos; del visitador de la Comisión Estatal de Derechos Humanos (CEDHM) Cuauhtémoc Magdaleno González, y de Amnistía Internacional.

Recalcó que jamás cometió los delitos por los que se le acusó: nunca porté ningún tipo de arma blanca ni amenacé a ningún trabajador o funcionario.