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Impunidad, una constante en los feminicidios, denuncian

Entre mentiras perdimos la confianza en la justicia

La holandesa Van Nierop presenta el libro Un grito de socorro desde Juárez

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La morelense Irinea Buendía y la holandesa Arsene van Nierop, unidas por el reclamo de justiciaFoto Francisco Olvera
Blanche Petrich
 
Periódico La Jornada
Miércoles 7 de mayo de 2014, p. 12

La holandesa Arsene van Nierop y la morelense Irinea Buendía no pueden ser más diferentes. La primera vive en La Haya, es rubia, de ojos azules. La segunda vive en Ciudad Nezahualcóyotl, su rostro es moreno, enmarcado por una melena rizada que se ha vuelto blanca. Tienen algo en común: sus hijas, jóvenes y llenas de vida, fueron asesinadas. Ahora las dos luchan contra las marañas del sistema judicial mexicano para obtener respuesta a lo único que podría cerrar su duelo: justicia.

Hester murió en Ciudad Juárez, Chihuahua. Mariana en Chimalhuacán, estado de México. Las dos ciudades parecen competir por el primer lugar en feminicidios. Desde dos lugares del mundo opuestos, las dos mujeres se identifican y se llaman entre ellas compañeras.

La hija de Arsene fue asesinada a los 28 años en Ciudad Juárez, en 1998, cuando iba de paso hacia Estados Unidos. Es la única extranjera en la estadística de feminicidios de esa ciudad fronteriza. En enero de 2014, 15 años después, el presunto homicida, identificado como Ramiro Adame López (Roberto Flores es uno de sus cinco alias) fue entregado por el gobierno estadunidense a la Procuraduría General de la República (PGR) en el puente fronterizo de Stanton, Texas. El hombre había estado ya preso en Juárez y había salido libre. Identificado casi inmediatamente después del hallazgo del cuerpo de Hester, la policía de Chihuahua nunca hizo el intento de detenerlo y procesarlo.

Fue localizado el año pasado cuando purgaba una pena menor en una cárcel de Misisipi. Había colgado su foto –inconfundible imagen, con una oreja deforme, cuerpo atlético y el tatuaje de una mujer desnuda en el brazo– en Facebook.

La hija de Irinea, Mariana Lima Buendía, también fue asesinada a los 29 años. Era abogada. Su familia sostiene que el homicida es su esposo, un policía ministerial del estado de México, Julio César Hernández Ballinas, protegido por las autoridades, según la madre.

En septiembre de 2012, pese a las flagrantes irregularidades en la averiguación previa, un juzgado de Chimalhuacán determinó la no acción penal por tratarse de un suicidio. La nueva fiscal para feminicidos del estado de México Guadalupe Liliana Rosillo, se niega a reabrir el expediente porque, como le ha dicho a la madre, ella no trabaja bajo presión y tiene 922 casos que resolver antes. La Suprema Corte de Justicia ya atrajo la averiguación.

Ayer, Irinea Buendía acompañó a Arsene van Nierop a la presentación de su libro, Un grito de socorro desde Juárez, por primera vez traducido al español, con un prólogo del autor de Huesos en el desierto, Sergio González.

Arsene explica la odisea que llevó, 15 años después de la muerte de su joven hija, al encarcelamiento del presunto asesino, hoy procesado en Juárez.

Una madrugada, en La Haya, la policía holandesa tocó a la puerta del matrimonio Van Nierop para comunicarles la catastrófica noticia: Hester había sido encontrada muerta bajo la cama de una habitación de hotel, en Juárez.

Con los años, el espejismo en el que habían creído por ver un programa sobre Ciudad Juárez en Lonely Planet –una ciudad inocua, plana e industrial a la mitad del desierto– se fue despejando. Se trataba de la capital de los feminicidios. En sus distintos viajes toparon con policías y fiscales indolentes. Zuly Ponce, la primera fiscal para delitos contra mujeres, les mintió, informándoles falsamente que la Oficina Federal de Investigaciones estadunidense (FBI) ya participaba en las pesquisas desde 1999.

Su sucesora, María López Urbina, les reportó en secreto que la Intepol ya estaba detrás del sospechoso. Otra mentira. En 2007, la ex procuradora chihuahuense Patricia González quiso exhumar el cuerpo enterrado en Holanda para descartar el uso de drogas. Los defensores en Chihuahua y el Equipo de Antropología Forense de Argentina aconsejaron no autorizar esa diligencia, por inútil.

En suma, “entre mentiras e impunidad –explica esta empresaria retirada en su libro– fuimos perdiendo la confianza en la justicia mexicana”. Pero en ese camino conoció y se relacionó con las luchadoras de la sociedad civil, sobre todo con la activista Esther Chávez, de Casa Amiga, fallecida en 2009, y Luz Castro, la intrépida abogada del Centro de Derechos Humanos de las Mujeres, de Chihuahua, representante legal de la familia de Hester.

Sobre el detenido como presunto responsable, Arsene confía en que no se trata de un chivo expiatorio. El riguroso seguimiento que han hecho de la investigación la policía nacional de Holanda, la embajada del reino en Washington y la FBI le han confirmado que en un 95 por ciento hay probabilidades de que el sospechoso sea el asesino.

Ventajas, desventajas

Frente a su compañera mexicana, Arsene reconoce las enormes ventajas que yo he tenido, frente a las desventajas de las madres mexicanas. El caso de Hester siempre fue un reclamo pendiente en las relaciones diplomáticas entre los dos países. Incluso la reina Beatriz ha intervenido. En Holanda, 80 por ciento de los asesinatos de mujeres se resuelven. En México casi ninguno, porque por lo general aquí la policía no hace nada.

Interviene Irinea: Imagínese, si ella, con todo el apoyo que ha tenido por parte de su gobierno ha tardado 15 años en ver preso al asesino de su hija, ¿qué me espera a mí?

Pese a los contrastes, Arsene confiesa que se siente inspirada por el ejemplo de lucha de Irinea. Me da esperanza.

La familia de Mariana Lima Buendía cuenta con el respaldo legal del Observatorio Ciudadano contra el Feminicidio y Católicas por el Derecho a Decidir.

Una mañana de septiembre de 2010, Hernández Ballinas le habló a su suegra: Mariana se colgó, le dijo. Justo la víspera, la joven esposa, a quien el marido golpeaba desde hace años, había estado con su madre y le había comunicado su determinación de abandonar al policía. De Neza corrió a Chimalhuacán. Encontró el cuerpo de su hija tendido en la cama, con arañazos y golpes en todo el cuerpo, con el pelo mojado y como si hubiera estado sumergido en agua durante largo tiempo. Cuando llegó la policía local, acompañada del marido, no tardaron ni 15 minutos en hacer el reconocimiento del lugar y levantar el cuerpo. La versión: la mujer se había colgado con un delgado cordón de una armella clavada en el muro.

La versión y las sospechas de la madre nunca fueron tomadas en cuenta por los distintos agentes del Ministerio Público –seis en total, hasta ahora– que conocieron el caso. El expediente pasó de Chimalhuacán a Toluca, donde el procurador estatal nunca le dio audiencia a Irinea. De ahí a Tlanepantla, donde la fiscal puso como condición para reabrir la averiguación que la madre lleve un testigo que haya presenciado toda la cadena de hechos y pueda probar sus dichos.

Con sus ojos de europea, Arsene asienta: “Es una historia horrible. Antes de conocer, como ahora conozco, los feminicidios y la impunidad de este país, no la hubiera creído”.

Repite un verso del poeta checo Vaclav Havel, que es el lema de la Fundación Hester, que apoya a las organizaciones mexicanas: La esperanza es una cualidad del alma y no de lo que ocurre en el mundo. Irinea Buendía la escucha, ensimismada; asiente, con su mirada de obsidiana.