Opinión
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Los de Abajo

Recuento de una muerte

J

osé Luis Solís López era zapatista de tiempo completo desde antes de la insurrección indígena de 1994. Galeano era su nombre de lucha. Involucrado en cada una de las iniciativas de paz del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) desde hace 20 años, fue asesinado por una bala calibre 22 en la pierna derecha y otra en el pecho. Recibió además un machetazo en la boca, garrotazos en la espalda y tiro de gracia detrás de la cabeza.

Maestro de zona de la Escuelita Zapatista, José Luis fue víctima de un ataque de miembros de la Central Independiente de Obreros Agrícolas y Campesinos (CIOAC) histórica, y no de un enfrentamiento con esta organización, como decían las primeras versiones. Tampoco es verdad que él y sus compañeros estuvieran armados. En más de 20 años los zapatistas no han sacado un rifle. Son un ejército y sus comunidades tienen organización y disciplina. No desenfundan, y no porque no tengan con qué, sino porque –como dicen los intelectuales John Berger, Immanuel Wallerstein y Pablo González Casanova, y otros muchos que se han solidarizado con ellos– se comprometieron con una profunda voluntad político-ética a no permitir el enfrentamiento entre indígenas.

Vecino del caracol emblemático de La Realidad, por años la comunidad más asediada por el Ejército, los planes contrainsurgentes, la prensa y las visitas nacionales e internacionales, nunca rehuía un trabajo o una encomienda, como la que le dieron al ser elegido Votan de la primera generación de la Escuelita Zapatista.

José Luis estaba dentro del caracol cuando sus compañeros fueron emboscados por los paramilitares de la CIOAC, del PVEM y del PAN. Al escuchar las agresiones en la entrada a la comunidad, salió corriendo junto con otros zapatistas para ir a apoyar a sus compañeros, pero ya no pudieron llegar, pues fueron atacados en medio del poblado con armas de fuego y allí es donde cae nuestro compañero, informó la junta de buen gobierno de la zona.

De su participación en la escuelita durante el verano pasado, Galeano dijo: “Ellos –en referencia a los alumnos– pensaban que los zapatistas estaban en las montañas, así lo dicen ellos, nunca pensaron que los zapatistas somos de carne y hueso y somos seres como ellos, que estamos en las comunidades y que nos estamos organizando. Por eso veo que para mí la escuelita es un medio de cómo comunicarnos para conocemos con otras gentes de la ciudad, de nuestro país y del mundo”.

El testimonio fue recogido en el primer número de la revista Rebeldía Zapatista, y difundido por el Centro de Medios Libres de Chiapas al conocerse su muerte.

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