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El musicólogo, poeta y filósofo vendrá a México para participar en el festival Cervantino

En un mundo agitado, el silencio recobra terreno: Ramón Andrés

Se vuelve incómodo, peligroso, porque cuestiona todo, expresa el autor a La Jornada

La decadencia de España se debe a la corrupción política y la anulación de la cultura, señala

Armando G. Tejeda
Corresponsal
Periódico La Jornada
Martes 13 de mayo de 2014, p. 4

Madrid, 12 de mayo.

Para hablar de silencio y de la música que ha acompañado al hombre desde que vivía en cuevas e imitaba los sonidos de la naturaleza hay pocos eruditos como Ramón Andrés.

En los años recientes, el autor se ha convertido en un referente para entender las evocaciones del alma a través del oído, adentrarse en el universo polifónico y embriagador de Johann Sebastian Bach o entender los grandes escritos sobre el silencio de místicos como San Juan de la Cruz o Santa Teresa.

Además de ensayista y lector voraz, Ramón Andrés es un poeta y pensador agudo. Desde su mirada asiste perplejo e indignado a la decadencia de nuestro tiempo y del país que habita, España, que ve como un pueblo de brutalidad sobre una pintura negra de Goya.

Aprehensión de sonidos

Ramón Andrés nació en Pamplona, en 1955, y creció escuchando sin cesar la música de Richard Wagner de la que su padre estaba obsesionado. Pero sus primeros recuerdos musicales no son las grandes partituras que analizaría años después, sino el sonido de las txistularis (bandas musicales) en las fiestas de su pueblo. O la rima poética, también musical, de los bertzolaris (cantantes vascos que improvisan sus canciones con poesía).

La música me dio un lenguaje paralelo. Yo era una persona, un niño bastante solitario, y la música me sirvió para vivir en ese otro lenguaje y así empezó. Después estudié música y ahí descubrí todo ese mundo a través de lecturas y demás..., explica en entrevista con La Jornada, en un café del centro de Barcelona, donde reside desde los 18 años.

Los libros, los poemas y las palabras de Ramón Andrés giran o culminan su andadura siempre en la música. A través de ella explica las hecatombes o las maravillas que hemos construido como especie. “En la música dejamos asomar una parte nuestra muy espontánea, también una forma social de pensar, de organizarse y de lo que somos capaces de dar a través de otro lenguaje, de un lenguaje paralelo.

Ahí se nos ve muy bien, de una manera muy diáfana. Digamos que hay menos truco que en el lenguaje oral. En ese sentido me ha interesado mucho la música como explicación del fenómeno humano, como individuo y como especie. Esta clarísimo que la música y la necesidad de ritmo, de pautar, de crear simetrías con los sonidos ha elaborado una forma de pensamiento.

Y añade: Hoy sabemos gracias a los estudios de antropología y paleontología que los funerales hace 100 mil años se acompañaban muchas veces con música. Esto es sorprendente porque puede parecer algo más reciente. Aquel mundo estaba lleno de sonidos que imitaban a la naturaleza y a la necesidad de explicar la naturaleza mediante una aprehensión de sonidos. Por ejemplo, unas flautas que se han encontrado en unas excavaciones en Alemania ya tienen orificios, lo que indica que hay una necesidad de crear una melodía. Otro lenguaje paralelo de recrear y esto es sumamente importante. Somos muy antiguos. Es cuando el ser humano necesita el símbolo, cuando intuye otro mundo, un más allá. De una forma rudimentaria, pero intuye un más allá y tiene atisbos metafísicos.

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En la música dejamos asomar una parte nuestra muy espontánea, también una forma social de pensar, de organizarse y de lo que somos capaces de dar a través de otro lenguaje, de un lenguaje paralelo, sostiene el ensayista Ramón AndrésFoto Carles Escur

Ramón Andrés también es autor de aforismos, poemas y libros como Diccionario de instrumentos musicales. Desde la antigüedad a J.S. Bach; El oyente infinito. Reflexiones y sentencias sobre música y Diccionario de música, mitología, magia y religión. Este musicólogo y poeta visitará México en el próximo Festival Internacional Cervantino, donde impartirá un seminario de música.

Ramón Andrés repudia el grito y la utilización de la música con fines espurios, como la exaltación patriótica o la excitación belicista. Precisamente por ser un amante de la música, Ramón Andrés entiende la importancia del silencio. Sin silencio no hay armonía ni música ni conocimiento. “El silencio está recobrando terreno. Permite que se aposenten las ideas, el saber, sobre todo en un mundo tan agitado en el que el saber no puede reposar, no puede tener poso porque todo está en continúa agitación y no sedimenta nada.

El mundo civil no ha conseguido estos espacios de silencio para poder hacer. Es una carrera de amontonamiento, de negación del vacío por miedo y porque necesitamos producir y acumular cosas sin saber muy bien para qué. Y como el silencio cuestiona todo esto entonces se vuelve incómodo, peligroso.

Brutalidad e ignorancia

Respecto de España y su circunstancia actual, una decadencia por la corrupción política y la anulación de la cultura y la música, Ramón Andrés es muy severo: “España viene de una dictadura que fue muy larga y que no terminó en 1975, sino que duró unos años más. Ahora las personas se dan cuenta de que aquella democracia que se instauró tiene muchos laberintos interiores, muchas zonas oscuras que hacen que esa democracia no sea como se había imaginado.

“Muchos jóvenes se están dando cuenta de todo el fraude que hay detrás. Y vemos que hay algo que quizá sea ancestral en nosotros, los españoles: la brutalidad, la ignorancia, la mala educación, la corrupción sin medida y que es común a unos y a otros. Es el sino.

“En Cervantes ya vemos cómo compraban a los comendadores. Somos un pueblo de brutalidad sobre una pintura negra de Goya. Por eso España es un país de solitarios, porque el que no comulga con esto está completamente aislado.

España siempre ha sido un país de individualidades por la falta de una conciencia social o de una política profunda e inteligente y eso es de un patetismo tremendo.