Sociedad y Justicia
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Debe ser reivindicado como espectáculo, señala académico

Industria y políticos usan el futbol para sus fines: expertos

Descubren que televisoras transmiten un anuncio por minuto en los juegos

Emir Olivares Alonso
 
Periódico La Jornada
Lunes 26 de mayo de 2014, p. 35

El futbol va más allá de ser un simple deporte: se trata de un ritual jerarquizado, de un drama social donde hay un mito, un rito y sus seguidores. Más que una lucha deportiva, tiene una lógica bélica de amigos contra enemigos.

Por ello este espectáculo ha sido usado tanto por la industria comercial como por las clases políticas de todos los países a fin de servirse de él para sus propios intereses, coincidieron especialistas de diversas disciplinas durante el seminario ¿Y el jogo bonito? Política, dinero y género en el Mundial de futbol, organizado por el Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades (CEIICH) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

A unos días de que el planeta comience a entrar en una fiebre futbolera, los expertos analizaron desde varias perspectivas este deporte, que genera patriotismos laxos donde –por ejemplo– los seleccionados son usados en campañas políticas para avalar ciertas iniciativas o se utilizan sus rostros para anunciar productos.

Julio Muñoz Rubio, académico del CEIICH, enfatizó que el futbol debe ser reivindicado, defendido como un espectáculo, como una actividad estética. Esa dimensión de este deporte está perdida en el mar del comercialismo que lo invade desde hace varias décadas y lo seguirá haciendo. El futbol debe reconsiderarse como una actividad que implica el desarrollo de capacidades físicas y mentales, como el desarrollo del talento humano.

Este fenómeno social –dijo– es ignorado por sectores de izquierda, al ser considerado un distractor que quita energía a las clases obreras y es aprovechado por el poder como una manera de legitimar ciertas acciones o políticas. Como si el futbol inherentemente tuviera algo que estupidiza a la gente. Mayor despropósito no existe.

Para Muñoz Rubio, el ejemplo claro de que el futbol no convierte en acríticos a sus seguidores son las protestas que desde el año pasado se han suscitado en Brasil, donde miles de pobladores del país del futbol se han movilizado para criticar los grandes recursos económicos destinados a la organización de la Copa del Mundo, en lugar de dirigirlas a mejorar la situación social.

Que suceda en Brasil, que históricamente es el país más ganador en el futbol, la nación donde todo mundo lo juega, indica que hay un límite a la manipulación, a las capacidades enajenantes que los medios tienen.

En su turno, Jorge Alberto Cárdenas Meneses, de la Universidad del Mar y autor del artículo El futbol nos une: socialización, ritual e identidad, indicó que la globalización ha generado que tanto la industria como los Estados usen este deporte como un elemento de maniqueísmo.

Recordó que tras las cuestionadas elecciones de 2006 en México, uno de los primeros actos del entonces presidente electo Felipe Calderón fue recibir en Los Pinos al equipo Chivas, que habían sido campeones de liga. Se bañan de nacionalismo y el propio presidente del club, Jorge Vergara, dice que su escuadra es un soldado más para el país, y casualmente se retratan con el Ejército en el contexto de la guerra contra el narcotráfico.

La relación con el gran negocio que representa la comercialización del futbol se da por la venta de los derechos de transmisión a las televisoras, que a su vez lucran con ese espectáculo al llenar las pantallas de publicidad. Hace cuatro años, el académico contó la cantidad de publicidad que las televisoras emiten de diversas formas durante un partido de la Selección Mexicana.

El resultado fue de escándalo: Cárdenas pudo identificar un promedio de 46 anuncios en 45 minutos, o sea, que por cada minuto, nos tenemos que echar una imagen publicitaria.

Julio Juárez Gámez, de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales (FCPS) de la UNAM, sostuvo que apoyarse en este deporte da más credibilidad a la clase política que sus discursos. Y es que el discurso del futbol está en las canchas. Uno encuentra la narrativa del heroísmo, la villanía, la nobleza, la hermandad en un campo de futbol. Esa es la credibilidad que el discurso político no tiene.

Raymundo Mier, de la Universidad Autónoma Metropolitana, enfatizó que el éxito del juego se da porque hay una especie de telenovelización, al dejar de ser deporte para convertirse en un espacio melodramático.