Editorial
Ver día anteriorViernes 30 de mayo de 2014Ver día siguienteEdiciones anteriores
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Ucrania: perspectiva bélica
E

l derribo de un helicóptero militar ucraniano por rebeldes pro rusos en la localidad de Sloviansk arrojó ayer un saldo preliminar de una docena de muertos, incluido un general del ejército. El hecho se produce tres días después del ataque aéreo lanzado por fuerzas militares enviadas por Kiev a combatir a los grupos secesionistas que pretendían tomar el control de un aeropuerto en Donetsk, acción que dejó un saldo de al menos 40 fallecidos.

En conjunto, los hechos descritos dan cuenta de que la escalada de violencia en la ex república soviética ha llegado a niveles de guerra abierta que a nadie le habría gustado presenciar, y que amenaza con volverse un conflicto descontrolado y generalizado capaz de poner en riesgo la viabilidad de ese país y la paz de la región y del mundo.

Tal circunstancia fue admitida la víspera por Petro Poroshenko, el candidato presidencial triunfante en las elecciones del pasado 25 de mayo, quien en una entrevista con medios alemanes dijo que su país enfrenta un estado de guerra, responsabilizó por ello a Rusia, solicitó a Alemania y al resto de los países europeos que reconozcan esa situación y afirmó que la operación antiterrorista no ha hecho más que empezar. Dichas afirmaciones, sin embargo, pasan por alto que la violencia que se vive en el este de Ucrania no sólo es atribuible a los grupos separatistas, sino al propio gobierno de Kiev, el cual ha emprendido una campaña de aplastamiento en contra de los rebeldes armados, pero también una persecución y criminalización de los sectores pro rusos moderados.

El encarnizamiento actual en Ucrania es reflejo de las posturas irreductibles y mutuamente excluyentes de las partes confrontadas: mientras que los gobernantes pro europeos de Kiev se empeñan en simular una normalidad institucional y democrática que carece de todo sustento en la realidad –pues tiene como contexto un estado de guerra, de acuerdo con palabras de su propio presidente electo–, los grupos rebeldes han desconocido la potestad del gobierno de Kiev sobre los territorios en disputa y han pretendido avanzar un proceso secesionista que carece de apoyo internacional, empezando, según puede verse, por el ruso.

En momentos en que Ucrania se desliza a una guerra fratricida, es necesario que las potencias extranjeras –Estados Unidos, Rusia y la Unión Europea– pongan fin de una vez por todas a la intromisión sorda y subrepticia que han practicado hasta el momento en el conflicto, y que, por el contrario, llamen a los bandos a la prudencia, la moderación y el desarme.

Un punto de arranque deseable sería un pronunciamiento conjunto de Washington, Moscú y Bruselas a favor de un diálogo entre Kiev y los grupos rebeldes de Járkov, Salviansk y Donetsk, así como la recuperación y relaboración del acuerdo alcanzado en Ginebra el pasado 18 de abril.

Nadie en su sano juicio desearía, a estas alturas, una nueva escalada de hostilidad militar en la cuenca del Don, que podría tener consecuencias imprevisibles para la región y para el mundo. Es necesario que Estados Unidos, Rusia y el resto de Europa actúen en consecuencia e impulsen un proceso de paz en Ucrania.