Opinión
Ver día anteriorViernes 27 de junio de 2014Ver día siguienteEdiciones anteriores
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Subpoder legislativo
L

a relección de hoy puede ser la relección de mañana. A pesar de sus funestas consecuencias, la tentación de 1927 puede intentarse de nuevo. Consolidar las operaciones energéticas en marcha y las que vengan requerirá la renovación del espíritu del Tratado de Bucareli, y para ello es preciso tiempo. Un tiempo que excede al trienio que tiene por delante el actual ocupante de Los Pinos. ¿Es gratuito el que su gobierno difunda cuanto puede la idea de que los efectos de las llamadas reformas estructurales darán sus frutos rotundos en 2025? El hecho es que dentro de tres años estaremos en plena precampaña electoral. Y ahora las precampañas tienden a emparejarse con las campañas.

¿Quién permitió la reforma electoral que dio pie a que el caudillo se religiera? Un Poder Legislativo sometido a sus designios. No se habían cumplido 10 años de que el lema revolucionario Sufragio efectivo, no relección, fuera convertido por la Constitución de 1917 en precepto fundamental cuando el Congreso de la Unión, abdicando de la representación que le fue conferida, procedió sin mayor sonrojo a derogarlo. Fue una abdicación semejante a la que supusieron las reformas constitucionales aprobadas sobre la rodilla en nuestros días por el mismo Poder Legislativo sujeto al Ejecutivo federal.

No fue suficiente con aquella abdicación. Mediante el pacto por el cual Calles atrajo y puso a los numerosos partidos de la época bajo su control a través de la cúpula del Partido Nacional Revolucionario, el Poder Legislativo dio un paso más en su pérdida de autonomía. Aceptó en 1933, por decisión del jefe máximo de la Revolución, suprimir la relección de los legisladores y presidentes municipales como lo preveía el texto original de la Constitución de 1917.

Desde entonces, y hasta la reforma electoral de 1996, la autonomía del Poder Legislativo pasó lista de ausente. El cuerpo de representantes populares del país olvidó y ha reolvidado que la democracia es un juego de autonomías. Y que sin este juego la democracia es imposible.

En 1997 el Poder Legislativo recuperó su autonomía, pero sólo para perderla entre 2003 y 2006. Desde entonces México padece un ejecutivismo inexpugnable en los tres niveles de gobierno. Con este cincho, ¿qué significado puede tener la vuelta a la relección de diputados y presidentes municipales?

La posibilidad de que un diputado rinda cuentas a su electorado y pueda relegirse le da mayor autonomía, consistencia y legitimidad al ejercicio parlamentario y los órganos legislativos dejan de ser –nuestro caso– las escuelas más caras del planeta en materia de gestión pública. Con el agregado de que los legisladores independientes pudieran fortalecer esa posibilidad.

En teoría está bien. En la práctica hay el riesgo de que se acentúe la tendencia a la oligarquización legislativa, como desdoblamiento de la que se produce en los partidos. Así lo ha visto Esteban David Rodríguez en su libro Los dueños del Congreso: “Entre 1934 y 2000 mil 178 legisladores se religieron al menos una vez, y por lo menos un centenar acumuló entre 12 y 30 años viviendo de ello… en los últimos 64 años no sólo tuvimos legisladores que llegaron a 30, 24, 21 o 18 años en sus posiciones legislativas... sino también familias, auténticas dinastías que han mantenido su presencia en el Congreso desde 1934, muchas de las cuales siguen ahí en el siglo XXI, y no sólo del PRI… Hablando de senadores, la mitad de los elegidos entre 1934 y 2000 se ha relegido, ya sea en la misma cámara y/o combinándolo con diputaciones mientras pasa el periodo prohibido para relección” (habría que actualizar las cifras, pero la cita es bastante ilustrativa).

La relación entre los méritos parlamentarios y las campañas electorales, tal como ahora está legislada y llevada a la práctica, milita en contra de una mayor autonomía y mejor funcionamiento del Poder Legislativo a partir de la relección de los legisladores. Un buen legislador puede ser derrotado por un aspirante a su curul patrocinado por el nuevo jefe máximo o por poderes fácticos con montes de dinero para darle la imagen de aquello que no es. La experiencia en la Presidencia de la República nos explica con peras y manzanas lo que significa esta realidad.

La relección de los presidentes municipales, por pereza e irresponsabilidad de quienes debieron haber reflexionado detenidamente en ella también fue aprobada sin mayor trámite. En vez de prolongar la gestión de los gobiernos municipales (e incluso de promover la elección de los regidores por distrito partiendo de cierta base demográfica de los municipios, por un lado, y la del presidente municipal por otra), digamos a cinco años sin posibilidad de relección, se va a electoralizar su gestión más de lo que ya está y a distorsionarla al extremo.

Por último, la ilusión de candidatos independientes triunfadores. Pongo un ejemplo. En Nuevo León hace poco abandonaron su partido dos diputados panistas. Adquirieron la condición de independientes sólo para votar junto al PRI el control incuestionado de este partido en el Congreso.

En un país surcado por la desigualdad, la arbitrariedad, la supremacía del dinero, la corrupción y la impunidad casi como el ADN de la política nacional y todo bajo el control de un individuo a través de su partido, la democracia seguirá ausente, por más que le cambien unos parches por otros. Carecemos, pues, de genuina representación política. Hay, sin embargo, fuerzas como el Congreso Popular que luchan por conquistarla.