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El experto de EU en uso de estupefacientes presentó El alto precio en Río de Janeiro

Si el Estado legaliza las drogas deberá garantizar la calidad: Hart

Afirma que 80% de los consumidores de cocaína no son adictos

La mayoría son miembros responsables de la sociedad

La guerra contra el narco “ha beneficiado a políticos y agentes del orden, cuyos presupuestos se han incrementado”, sostiene el sociólogo y siquiatra

Especial
Periódico La Jornada
Sábado 28 de junio de 2014, p. a12

El sicólogo y siquiatra Carl Hart nació y creció en uno de los barrios periféricos más complejos de Miami. Allí experimentó diferentes tipos de drogas y vio cómo sus primos y amigos fueron encarcelados por tráfico o adicción al crack.

Con disciplina y no pocos tropiezos, Hart llegó a ser el primer profesor afroestadunidense titular de la Universidad de Columbia (Nueva York) y uno de los mayores neurólogos especialistas sobre uso de drogas en Estados Unidos. Recientemente presentó en Río de Janeiro El alto precio, autobiografía que desmantela viejos mitos sobre la adicción a diferentes sustancias ilegales.

Hart es partidario de la regulación de todas las drogas de forma progresiva, acompañada por políticas sociales y educativas realistas.

–¿A qué se refiere con el título El alto precio?

–Al alto precio que muchos han pagado para alcanzar el éxito, según los mandatos sociales. También se refiere al precio que paga la sociedad por el enfoque político sobre el control de drogas. La ciencia también paga un precio alto porque pierde credibilidad como consecuencia de acciones políticas que parten de interpretaciones sesgadas de la realidad.

Información distorsionada

–¿Cómo distorsionan la realidad los medios de comunicación ?

–La mayoría retrata a los usuarios de drogas o adictos en términos extremos que no concuerdan con la mayoría de los comportamientos. Ochenta por ciento de los consumidores de cocaína no son adictos. La mayoría son miembros responsables de la sociedad. Esto es cierto incluso para los usuarios de crack. Por ejemplo, Rob Ford, alcalde de Toronto, admitió que consumió crack y al mismo tiempo realizó su trabajo. Es responsable y se hace cargo de su familia. Hay investigaciones que sustentan lo que digo.

–¿Qué hay detrás de esa distorsión generada por muchos medios de comunicación?

–Es un drama que se convierte en una buena historia, y es fácil de vender, porque la mayoría del público no ha utilizado muchas de las drogas en cuestión.

–Sí lo han hecho Barack Obama, Bill Clinton y George Bush, según señala en el libro.

–Menciono a los presidentes –todos han consumido mariguana–, porque eso demuestra que se pueden utilizar drogas ilegales y ser decente y responsable. También podría sugerir que la mariguana es una puerta de entrada a la Casa Blanca.

–Explique esto último.

–Quiero decir que esto echa por tierra la creencia de que la mariguana lleva al individuo a consumir droga más duras como el crack o la heroína. Por ejemplo, muchos consumidores de heroína o cocaína fuman mariguana antes de usar otros estupefacientes. Sin embargo, una amplia mayoría de usuarios de la yerba no van a utilizar cocaína o heroína. El concepto de puerta de entrada, como se presenta, es ilógico. Es como si dijese que debido a que los tres más recientes presidentes de Estados Unidos fumaban mariguana cuando eran más jóvenes, ésta es una puerta de entrada a la Presidencia. ¡Es ilógico!

–En ese porcentaje de adictos que no representa a la mayoría, ¿cuáles son las principales causas que generan las adicciones?

–La gente se vuelve adicta por una variedad de razones, que van desde trastornos siquiátricos hasta la desesperación económica. Por eso, en primer lugar, es de vital importancia determinar las razones que subyacen a la adicción de cada persona antes de intervenir con soluciones preconcebidas. Por ejemplo, si alguien utiliza heroína para hacer frente a la ansiedad o el trauma, el tratamiento eficaz de la enfermedad siquiátrica debe aliviar la necesidad de usar ese estupefaciente. Del mismo modo, proporcionando a los adictos indigentes herramientas específicas y oportunidades económicas viables que les permitan recorrer el largo camino que los lleve a superar su adicción a las drogas. La lección de esto es que no se puede poner a todos en el mismo zapato, por lo que la evaluación cuidadosa es un componente importante para ayudar a los adictos. Es más complejo cuando se trata de personas que viven en condiciones marginales.

Foto
El profesor de la Universidad de ColumbiaFoto Eileen Barrozo/Zahar

“Un problema clave es que quienes viven en pobreza tienen pocos estímulos protectores. No es que el crack o pasta base no sean tan estimulantes. El crack ganó la popularidad que tiene (menos de lo anunciado) porque no había muchas otras fuentes asequibles de placer y muchas personas con mayor riesgo tenían otras enfermedades mentales prexistentes que afectaban sus decisiones. Mientras las tasas de consumo de drogas son similares en las diferentes clases sociales, la adicción –como la mayoría de otras enfermedades– no es un trastorno desvinculado de las diferencias socioeconómicas; como el cáncer y enfermedades del corazón, afecta de manera desproporcionada a los pobres porque tienen menos acceso a una alimentación sana y atención médica constante.

–El crack o pasta base se vende en pequeñas cantidades, lo que es más accesible para las personas pobres, pero a su vez están adulterados. Con miras a atenuar este problema, ¿podría explicar la distinción entre legalización y descriminalización?

–Es correcto, los adulterantes pueden ser mucho peores. Si se legalizaran las drogas, entonces habría control de calidad, pero el Estado tendría que garantizarlo, como con el alcohol. Esto no ocurriría en el caso de la descriminalización. En el libro veo a la descriminalización del consumo –junto con el aumento de educación– como un paso intermedio hacia la legalización.

–¿Qué papel desempeña la educación?

–Por ejemplo, en Estados Unidos, en la década de los 50 y 60 las cifras de accidentes de tráfico y víctimas mortales eran extremadamente altas. Pero con el aumento de la educación y nuevos reglamentos, los accidentes y las muertes disminuyeron drásticamente.

Decisiones racionales

–En una investigación, ofreció a sus pacientes una dosis de la droga a que eran adictos y luego una compensación alternativa. ¿Qué ocurrió?

–En un estudio propusimos a adictos a la metanfetamina elegir entre tomar una gran dosis de esa droga (50 miligramos) o cinco dólares en efectivo. Tomaron la droga en aproximadamente la mitad de los casos. Pero cuando incrementamos la cantidad a 20 dólares, casi nunca eligieron el estupefaciente. Conseguimos resultados similares con adictos a la cocaína o crack en un estudio anterior. Esto indicaba que no era el potencial adictivo a la metanfetamina o al crack el que reclamaba; su adicción no era extraordinaria. Los resultados también demostraron que los adictos pueden y toman decisiones racionales; esta información podría utilizarse para desarrollar tratamientos.

–En el mundo ha sido muy comentada la iniciativa del presidente uruguayo, José Mujica, que legalizó la mariguana. El mandatario subraya que la guerra contra las drogas ha fracasado y esto es un experimento. ¿Qué le parece?

–La guerra contra las drogas ha beneficiado a muchos, incluidos los políticos y los agentes del orden, cuyos presupuestos se han incrementado. Sin embargo, hay un gran número de personas que han sido afectadas negativamente. Creo que todas las drogas deben ser reguladas. El alcohol y el tabaco lo están, y esto disminuye la probabilidad de que contengan adulterantes.

Las regulaciones para cada estupefaciente variarían según su perfil farmacológico. Esto significa que como sociedad tenemos que usar la lógica cuando se considera cada droga.