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Por primera vez, la Bienal de Arquitectura aglutina a todos con un solo tema

Analizan la pertinencia del sistema de pabellones nacionales en Venecia

En varios países la identidad es una realidad muy torturada, dice Rem Koolhas, curador del encuentro

Usamos un lenguaje comercial para vender ideas, señala Daria Paramonova a La Jornada

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En el pabellón de Rusia, en la Bienal de Arquitectura de Venecia, dos edecanes reciben a los espectadores en actitud lúdica, como si se tratara de una feria comercialFoto © Nikolay Zverkov
Especial para La Jornada
Periódico La Jornada
Jueves 3 de julio de 2014, p. 7

Venecia, 2 de julio.

La globalización ha llevado a reflexionar acerca de la pertinencia de mantener el sistema de pabellones nacionales que caracteriza la Bienal de Venecia.

El curador de la edición 14 de la Bienal de Arquitectura, Rem Koolhaas, afirmó durante una conferencia de prensa: Para mí la identidad nacional no vale nada. Sin embargo, mi escepticismo inicial en la división por pabellones me sirvió como lupa para estudiar el mundo contemporáneo. Aprendí que la identidad nacional tiene todavía una importancia crucial, y que en varios países es una realidad muy torturada.

Absorbing Modernity: 1914-2014 es el título que aglutina por primera vez a todos los pabellones en un solo tema, lo cual permite identificar con relativa facilidad los proyectos capaces de centrar con ingenio la especificidad del modernismo en el contexto local, personalizándolo.

Entre varios interesantes, como Canadá, Francia, Austria, Suiza, Estados Unidos y Grecia, se eligieron tres, cuyos curadores dialogaron para La Jornada la víspera de la premiación. Explicaron el sentido de cada pabellón y los tres están ubicados en los jardines de la bienal.

Crow’s eyes view

Ganador del León de Oro por mejor participación nacional, el título retoma la poesía del arquitecto y poeta modernista coreano Yi Sang escrita en 1934. Desarrolla el concepto de vista a vuelo de pájaro que en este caso es sólo la de un cuervo (crow), por tanto, no es una vista universal sino fragmentaria. Tal como hubiera sido haber considerado la historia del modernismo sin Corea del Norte.

Al respecto, la curadora adjunta Jihoi Lee, aclara: “Abarcar cien años de modernismo no tenía sentido para nosotros, pues Corea fue dividida en 1950 y creímos que debíamos incluir todo el país. Inicialmente consideramos que podíamos hacer una co-curaduría con Corea del Norte, los invitamos a dialogar, intercedieron varias embajadas como la de Irán en Seúl.

“Hubiéramos querido hacer una propuesta que sacudiera el sistema, aunque fuera sencilla pero significativa. Pasamos unos 14 meses intentando un diálogo, pero no logramos un encuentro. Recurrimos entonces al plan B que es producto de la actual muestra, donde a pesar de todo incluimos a las dos Coreas, una junto a la otra, pues no tenía sentido fragmentarlas.

“Todos sabemos las diferencias –continúa–, cómo los medios ponen a Corea del Norte y no queremos repetir lo mismo. La arquitectura es un buen mecanismo para describir la cotidianidad, la forma en que vivimos y hay elementos que podemos compartir. Con esa perspectiva quisimos empezar.

Corea desarrolló su modernismo a partir de dos ideologías, el socialismo y el capitalismo y las ciudades retratan esta diferencia. El deseo era ser modernos, tener una nueva y mejor vida, y creo que Pyonyang y Seúl expresan este deseo, a través de la construcción de mega estructuras, casas, como se ven en esta exposición. Corea del Sur siguió el esquema capitalista creciendo indiscriminadamente, con departamentos privados compactos y feos. Esto mismo sucede con Pyonyang, según la idea socialista de habitar en viviendas comunes.

Fair enough, mención especial

Dos rusas despampanantes reciben al visitante sentadas detrás de un estante como cuando uno se registra en las ferias comerciales. Se suben unas escaleras y pareciera acceder a una expo y no a una muestra. No falta nadie: vendedores y el público de pasivo adquiere un papel activo, de contratación, de petición informativa, de diálogo.

Daria Paramonova, curadora del pabellón –hay otros dos–, comenta: “Quisimos jugar con el concepto de exposición a través de una feria comercial, ya que para nosotros es el concepto mismo de modernismo donde se producen ideas que si te fijas son similares en el mundo, que a la vez pueden compartirse en un lenguaje globalizado.

“Hemos repetido la manera en que este proceso se ha generado en estos cien años por parte de Rusia, haciendo una selección de ideas inteligentes que a su vez son válidas para la contemporaneidad. No quisimos caer en una exposición historicista, sino estimular una inspiración para el futuro.

Las compañías que aquí se representan podrían se reales, proponen ciertos tipos de ideas arquitectónicas y usamos este lenguaje comercial para venderlas al visitante, a algunos los hemos convencido al punto tal que nos dejan su tarjeta de presentación. Cuando entras en la feria los productos deben de ser atractivos y útiles para comunicar ideas.

Cada compañía tiene su identidad desde el logo, marca; posee todos los elementos del lenguaje comercial y los vendedores no son actores sino arquitectos expertos, periodistas, economistas.

Nos llevó unos 10 meses de trabajo realizarlo, escogimos aspectos controversiales remarcando que hoy el mercado manda: no importa si tienes buenas o malas ideas, lo que cuenta es venderlas.

Rumania, sitio en construcción

En la oscuridad, el visitante camina entre pantallas que proyectan escenas de la vida industrial rumana que muestran el impacto del modernismo desde este punto de vista, dejando una huella indeleble en el país. Al centro un tubo vertical blanco en el cual se entra, recuerda la chimenea de una fábrica que simboliza el vacío que todo aquello terminó dejando en la contemporaneidad.

Una de las expositoras, Raluca Sabu, señala: “Nuestra visión del modernismo está relacionada con un contexto político y económico, vivido en distintos periodos. Nos centramos en la irrupción del comunismo en 1945, cuando se inicia la construcción de enormes fábricas que provocaron la migración de trabajadores del campo.

Con la caída del comunismo cerraron esas fábricas y la entrada del capitalismo en ese sentido fue igualmente brutal. Muchas compañías privadas europeas vinieron a Rumania queriendo comprar esas fábricas por un precio irrisorio, pero acabaron abandonándolas.

En Rumania cerca de mil fábricas han cerrado. Para una ciudad grande como Bucarest esto no tuvo demasiado impacto, pero para ciudades como Bistria o Hunedoara, que dependen de la industria, miles de personas se quedaron sin trabajo con consecuencias dramáticas, como la migración y el desempleo.

Los arquitectos durante el comunismo estaban censurados, debían hacer lo que el sistema pedía. Para muchos una forma de escape y libertad la expresaron mediante la arquitectura industrial que es muy interesante. La de Braov, por ejemplo, es de gran calidad arquitectónica, una de las más grandes en Rumania, que ha sido recientemente restaurada convirtiéndose en un monumento protegido.

El pabellón muestra distintas películas recopiladas por dos jóvenes cineastas, que recuperaron imágenes de los archivos nacionales por lo que no es únicamente arquitectura industrial, sino la fábrica como mecanismo, la gente trabajando en la época del comunismo, cuando Ceausescu era omnipresente en la televisión, pues la de carácter nacional sacaba pocos programas al día y todo el tiempo salía él y las fábricas, es una imagen muy común que cualquier rumano de esa época tiene presente, concluye.

Los pabellones de Venezuela y Australia están cerrados este año por remodelación.