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Foro de la Cineteca

Estocolmo

Carlos Bonfil
U

no de los principales propósitos del Foro Internacional de la Cineteca ha sido siempre privilegiar las operas primas de realizadores prometedores. Otro de sus cometidos, más importante aún, debería ser el de elegir muy bien la calidad artística de las propuestas.

El caso de Estocolmo, del español debutante Rodrigo Sorogoyen, es al respecto elocuente. Posiblemente será reducido el número de espectadores que advierta que el interés central de la larga acumulación de diálogos bobos entre sus dos personajes, en tono de comedia romántica, sólo cobra interés en el último segmento de la cinta.

Quienes hayan resistido pacientemente a un desarrollo de telenovela juvenil (chico intrépido y guapo intenta seducir a chica reticente y acomplejada con estrategias de humorismo ñoño), verán medianamente satisfecha su espera con un desenlace sugerente, aunque a todas luces previsible.

Una mala digestión de la notable trilogía de Richard Linklater (iniciada con Antes del amanecer, 1995), aunada al minimalismo formal, peor asimilado, de cineastas españoles como Jaime Rosales, da como resultado una verborrea sin lustre que en mucho confía, diría Tennessee Williams, en la generosidad de los extraños.

Visiblemente influenciado por el viejo cine de la nueva Ola Francesa, Sorogoyen coloca a la pareja sentimental en una larga noche madrileña donde habrán de decidir en qué momento la magia de la seducción habrá de dar sus primeros resultados.

Cabe sospechar en la reserva extrema de la joven un drama íntimo inconfesable (Cleo de 5 a 7, Agnès Varda, 1962) o suponer la tentación compartida de librarse a una interesante filosofía de alcoba (Mi noche con Maud, Eric Rohmer, 1969), pero la apuesta minimalista del joven director prefiere dejar cabos sueltos que sin duda juzga más reveladores.

Lo que queda en realidad es una suerte de teatro filmado que divide su acción en dos segmentos, una larga noche desangelada y verbosa, y una breve mañana de desencuentros y difíciles reacomodos, con la histeria y el despecho del lado femenino, y la sorpresa y la insatisfacción del lado masculino.

Se entiende lo que quiso plantear el director en su largo despliegue de asedio seductor, pero la ingenuidad de los diálogos, en este Madrid que pareciera anclado en los años 60 del siglo pasado, y la química averiada de la pareja protagonista, tan faltos de carisma como de interés verdadero, dan al traste con esta triste parábola de la pasión mal correspondida.

Se exhibe en la sala 1 de la Cineteca Nacional. 16 y 21 horas.

Twitter: @CarlosBonfil1