Política
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Los nuevos partidos políticos
Octavio Rodríguez Araujo
H

abía 52 organizaciones que querían ser partidos políticos nacionales. Tres consiguieron registro el 9 de julio: Movimiento Regeneración Nacional (Morena), Partido Humanista (PH, no confundir con Palacio de Hierro) y Partido Encuentro Social (PES). Sobre este último se ha dicho que participan, sobre todo, feligreses y hasta ministros de la Iglesia evangélica. ¿Será casualidad que sus siglas sean PES (con S en lugar de Z) y que su símbolo parezca la cola de un pez que usan frecuentemente los llamados cristianos incluso en la parte posterior de sus automóviles?

Algunos articulistas dijeron que en el PH participaban fuerzas de ultraderecha y otros insinuaron que Felipe Calderón estaba detrás. La Unión Nacional Sinarquista (o lo que queda de ella) ya dijo que no (ver artículo de José Contreras en Crónica, 10/7/14); los de El Yunque no lo han negado, ni lo harán, pues se supone que son clandestinos. La esposa de Calderón, que quiere ser diputada por el Partido Acción Nacional, ya aclaró que ni ella ni su cónyuge tienen relación con el PH. Lo que sí se sabe es que sus fundadores y dirigentes vienen de diversos lugares políticos y que algo tuvieron que ver con el PAN y con Alternativa Socialdemócrata y Campesina (por breve tiempo). Sus principios y programa son bastante huecos y vagos como para intentar un análisis serio. Sin embargo, se puede afirmar que el PH no es de izquierda ni lo pretende. (nota: algunos han escrito Partido Frente Humanista; según sus estatutos, se llama Partido Humanista).

Morena, por otro lado, es el partido que quería formar López Obrador al convencerse de que el PRD ya no era ni podía ser su partido mientras estuviera controlado, principalmente, por los llamados chuchos (Nueva Izquierda). Quizá veremos, en los próximos meses, algunas fugas de militantes destacados y de base del PRD, sobre todo si en las elecciones intermedias de 2015 Morena logra posicionarse en un buen lugar. Si le va bien el año que entra puede ser que se convierta en el emblema partidario de las izquierdas, pues tanto el Partido del Trabajo como Movimiento Ciudadano (antes Convergencia) han debido el mantenimiento de su registro, en buena medida, a su alianza con el PRD, con López Obrador como dirigente o como candidato presidencial. AMLO y estos dos partidos pequeños se han beneficiado mutuamente, pero ahora, con Morena aparte, ¿seguirán beneficiándose? Muy pronto para saberlo.

El nuevo abanico partidario pasó de siete a 10 partidos. PRI, PAN, Nueva Alianza y Verde Ecologista son claramente de derecha. A esta corriente se suman ahora Encuentro Social y el PH: seis en total. En la izquierda, por lo menos formal, estaban el PRD, el PT, el MC y ahora Morena: cuatro. A los que dicen que las izquierdas se dividen con frecuencia habrá que recordarles que las derechas también, tanto que hasta provocan guerras mundiales.

El PAN se deterioró mucho en 2012 gracias a la nefasta influencia de Calderón y a la pobre candidatura de Vázquez Mota (peor hubiera sido la de Cordero, acoto). Nueva Alianza y el Verde son partidos cuya existencia se la deben a las coaliciones parciales o totales que han hecho, sobre todo con el PRI; pero siguen siendo pequeños.

Las izquierdas, divididas aunque sea más que justificadamente, tendrán problemas para remontar el lugar que tuvieron en las elecciones intermedias de 2009. Aunque a los del PRD no les guste, se salvaron de seguir ocupando un bajo tercer lugar gracias a López Obrador en 2012. La pregunta, sin embargo, es si el ex candidato presidencial mantendrá su creciente popularidad demostrada en 2006 y 2012, ahora con un partido nuevo (en términos de registro oficial). Si lo atacan ha de ser por algo. El colmo fue la declaración del consejero electoral Ciro Murayama cuando expresó que en su opinión Morena es ‘‘discriminatorio’’ y utiliza la imagen de la Virgen de Guadalupe (ver La Jornada, 9/7/14). El vocero del INE ya dijo que Murayama no propuso votar por el cambio de nombre de Morena, pero nadie dijo que lo hubiera hecho: opinar y proponer son dos cosas distintas. Todavía no le daban el registro y un consejero electoral ya había criticado su nombre (la Virgen se le ha de haber aparecido, pues no existe en ninguno de los documentos ni en símbolo alguno del partido). ¿Qué se puede esperar de sus otros adversarios que no tienen responsabilidades en el Instituto Nacional Electoral?

No hago pronósticos, pues de aquí a las elecciones federales intermedias de 2015 pueden ocurrir muchas cosas y darse acomodos que podrían ser muy significativos. Como los nuevos tres partidos no podrán establecer coaliciones el año entrante, podría ocurrir que dos de ellos no logren el mínimo de 3 por ciento del total de la votación válida. Su número de afiliados no nos dice nada pues sabido es que los votos no siempre coinciden con ese dato. La ex consejera electoral María Marván Laborde, en su artículo ¿Cuántos militantes tiene cada partido? ( Excélsior, 10/7/14), presenta estos datos y demuestra que no se traducen automáticamente en número de votos. Y el mejor ejemplo que expone es el del PAN, el partido con menor número de militantes de todos (antes del registro de los nuevos) y con millones de votos a pesar de Fox y de Calderón. Pero lo que sí cuenta es el número de votos en las elecciones anteriores y cuántos de esos fueron para López Obrador, como candidato, y cuántos para el PRD.

Falta un año para poder ver qué pasa con los viejos y nuevos partidos. Estaremos pendientes.

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rodriguezaraujo.unam.mx

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