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Senadores protagonizan horas de debate más ideológico que técnico

Hagamos de lado las mentiras: no bajarán de inmediato gasolinas y gas, dice Cordero

Protestas perredistas se limitan a mostrar máscaras del general Lázaro Cárdenas

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Senadores perredistas durante la sesión extraordinaria de este juevesFoto Jesús Villaseca
Arturo Cano
 
Periódico La Jornada
Viernes 18 de julio de 2014, p. 13

Horas antes, una de sus correligionarias había celebrado que las tarifas de electricidad bajarán 40 por ciento, pero el ex secretario de Hacienda, que fuera precandidato a la Presidencia de la República, Ernesto Cordero puso sinceridad a las cosas: Tampoco venimos a engañar a nadie, a decir que de milagro y en automático van a bajar las gasolinas, el gas y todos los hidrocarburos, porque ese no es el objetivo de la reforma.

A esas alturas, en el debate habían desfilado ya poetas, cataratas de figuras históricas, referencias sin fin a los años recientes de las fallidas privatizaciones, presidentes muertos, arengas patrióticas.

Le habían picado la cresta al ex candidato a la presidencia del PAN: Ni somos lacayos del imperio ni cobramos en ninguna empresa, abriría su intervención, para después confesar que, al menos en lo que toca a su partido, no hay afán de mentir como lo hizo la propaganda oficial durante muchos meses.

Palabra de ex secretario de Hacienda

Se agradece que el senador y ex candidato a la presidencia del PAN revele el verdadero fin de la reforma energética: Generar empleo y oportunidades para los jóvenes.

Y, sí, obvio, cómo no decirlo: es la declaración del secretario de Hacienda del presidente del empleo.

Cuando uno cree que ya no hay valores ni tradiciones, cuando cree entender por qué los políticos en general, y los legisladores en particular, tienen los más bajos niveles de aprobación, siempre hay alguien que viene al rescate.

En la primera sesión del Senado para discutir la reforma energética son varios los próceres que compiten por el honor. Cordero sin duda. Pero también está el priísta y cenecista Gerardo Sánchez, quien se congratula de la derrota de los agoreros del desastre –expresión que viste guayabera echeverrista– porque en el dictamen borraron la palabra expropiación para poner en su lugar ocupación temporal de tierras, aunque el resto del articulado que regula, digamos, la ocupación expedita y sin defensa legal posible de parte de ejidatarios y comuneros, permanezca igual.

Varios senadores de la izquierda interrogan al líder agrario sobre el convenio garante que cita –y que según él garantiza que nadie será despojado–, pero no atina a responder en qué parte de la iniciativa se halla esa buena noticia.

Cuando los perredistas –que tienen 461 reservas sólo en este primer paquete– dejan de lado el discurso de tintes nacionalistas, la oratoria anti PRIAN, y plantean objeciones precisas que exhiben incluso contradicciones en el mismo paquete legislativo, la respuesta es sólo una: ignorarlos y acusarlos de vivir atados a los presidentes muertos (aunque fue Enrique Peña Nieto quien presentó su reforma como cardenista y los panistas no resisten una sesión sin citar a Manuel Gómez Morín).

El debate termina siendo más ideológico que técnico, quizá porque, como lo hacen evidente en sus intervenciones, muchos de los senadores entienden poco de las leyes que votarán.

Se consumen la tarde y la noche entre acusaciones de traidores a la patria dirigidas a panistas y priístas, y ataques a la izquierda de este talante:

La defensa soberana mal entendida que tanto ha frenado a este país: Francisco Domínguez Servién (PAN).

Tenemos claro que no vivimos ni en Venezuela ni en Cuba, ese sueño que aún hipnotiza a varios de mis compañeros aquí: Juan Gerardo Flores (PVEM).

El ex secretario particular de Felipe Calderón, Roberto Gil, la emprende contra la izquierda mexicana con el socorrido argumento de que debería ser moderna como la chilena o, incluso, la ¡salvadoreña!

Le responde Alejandro Encinas, quien argumenta que tanto en Chile como en El Salvador la derecha tuvo la capacidad y la madurez para reconocer el triunfo electoral de la izquierda.

Remata entre aplausos de sus compañeros de bancada: “Requerimos una derecha que tenga la vocación y la voluntad democrática de la izquierda, y no el afán de arrebatarnos lo que legítimamente nos corresponde, haiga sido como haiga sido”.

A las 11 y media de la mañana, el senador David Penchyna presenta el dictamen en tribuna: agradece el intenso y comprometido trabajo de los miembros de las comisiones, aunque todo mundo sabe –los senadores para empezar– que el texto a discusión (es un decir) se redactó en otra parte.

La potosina Sonia Mendoza (PAN) se traba con palabras como inalienable e imprescriptible, pero parece más segura de sus cifras que muchos funcionarios del gobierno federal.

Aunque más tarde será contradecida parcialmente por su colega Cordero, dice que gracias a la reforma, el país crecerá dos puntos más cada año, creará 100 mil nuevos empleos en el mismo periodo y bajará las tarifas eléctricas 40 por ciento (ajá: tampoco dice cuándo).

Pasada la una de la tarde, ocurre el primer debate del periodo legislativo. No es sobre el despojo nombrado ocupación temporal de tierras (tan temporal como un contrato de 30 años, claro), ni sobre el dividendo estatal que exprimirá lo que quede de Pemex. Tampoco se discute el malabarismo legal que permitirá que empresas trasnacionales registren los veneros que nos dio el diablo como propios, ante la Comisión de Valores de Estados Unidos (SEC, por sus siglas en inglés), siempre y cuando anoten con letra chiquita que son recursos de la nación mexicana.

Por la tarde, la vicecoordinadora del PRD, Dolores Padierna, dará algunos detalles sobre un informe que Pemex entregó hace unos meses precisamente a la SEC, con un diagnóstico demoledor: como resultado de la reforma energética, la hasta ahora paraestatal mexicana no podrá pagar sus deudas.

Pero mientras, el debate de mediodía, que involucra a varios perredistas y al panista Roberto Gil es sobre si hay o no quórum. Pese a los pataleos amarillos, el ojo de buen cubero del presidente de la mesa, Raúl Cervantes (PAN), determina en un segundo que están presentes 80 senadores, aunque a lo largo del día la sala luce semivacía (a ciertas horas, sólo hay entre tres y cinco de los 38 senadores del PAN).

Sacan los perredistas unas máscaras con el rostro del general Lázaro Cárdenas. Los fotógrafos corren. Creen llegado el momento de acción. Pero la protesta se queda ahí y en unos cartelitos que los perredistas colocan en el atril cada que toman el micrófono.

Miembro destacado de la corriente Nueva Izquierda –comenzó carrera como ayudante de Jesús Ortega–, el coordinador de los senadores perredistas, Miguel Barbosa se ha distanciado de los chuchos mayores porque se lo brincan sistemáticamente, con Pacto por México o sin él, y la dirección formal de Jesús Zambrano se encarga de las negociaciones que luego sólo informan a los legisladores.

Quien piense que el tema se termina con las votaciones de estos días se equivoca rotundamente, dice por la mañana el poblano, trayendo de nuevo el tema de la consulta popular en 2015, aunque su realización misma, y sus términos, están más que en veremos.

A la espera de 2015 y al cierre de esta nota, se esperaba la votación del primero de cuatro paquetes, en lo general. El resultado, sin embargo, lo sabían los senadores igual que todo el país y lo resumió Barbosa desde temprano: Nos van a mayoritear.

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