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Aplican la aplanadora para leyes secundarias en energía

Encinas pone en evidencia a nostálgicos del porfirismo

La defensa del fracking corrió a cargo de un senador del PVEM

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Senadores de la oposición desfilaron con sus reservas, pero la aplanadora legislativa de PRI, PAN y Verde las rechazó sin discusiónFoto Notimex
Arturo Cano
 
Periódico La Jornada
Sábado 19 de julio de 2014, p. 7

En un debate pactado –marca sexenal y precio de la correlación de fuerzas–, el hallazgo fue del senador Alejandro Encinas, quien leyó en tribuna: “‘Los dueños de terrenos seguirán disfrutando de los derechos’ que concede el artículo cuarto de la Ley Minera, y ‘podrán, dentro de sus terrenos, hacer las exploraciones y explotaciones de petróleo y carburos gaseosos de hidrógeno que deseen”.

La cita de Encinas aludía a un artículo de la iniciativa de Ley Minera de Enrique Peña Nieto: No se requerirá llevar a cabo un proceso de licitación y el contrato para la exploración y extracción se podrá adjudicar directamente a los titulares de concesiones mineras, exclusivamente para las actividades de exploración y extracción de gas natural contenido en la veta de carbón mineral.

La similitud es evidente, pero las frases citadas por Encinas corresponden a la Ley del Petróleo firmada por Porfirio Díaz el 24 de diciembre de 1901.

¿Quiénes son los nostálgicos del pasado, quiénes son los trasnochados, quiénes quieren regresar a los tiempos del caciquismo, de la cuchilla y de los peones de las haciendas? Son ustedes, PRI, PAN y la aristocracia que representa el Partido Verde, remató socarrón el ex jefe de Gobierno del DF en su juego de espejos con la historia.

El debate se antojaba eterno. Los perredistas se mantenían en sus sitios, porque casi todos hablarían. Los priístas igual, soldados del Presidente al fin. Pero los panistas andaban en otros asuntos, ausentes del salón, hartos de un debate en el que no estaban dispuestos a participar.

Quizá para dar la apariencia de que el Congreso funciona, aunque la iniciativa original se redactó en otra parte y los 250 cambios que se le han hecho se acordaron también fuera del recinto senatorial, los coordinadores de las tres bancadas principales realizan un pacto: hacer lo que el Congreso debe hacer por ley, o sea, debatir.

Para el PRD –y las escuálidas bancadas del PT y MC– la opción era que sus senadores desfilaran uno a uno con sus reservas sólo para que la aplanadora (PRI, PAN y Verde) las fuera rechazando sin discusión alguna.

Las reservas, es decir, artículos o porciones de los mismos con los cuales un legislador o varios no están de acuerdo, provenían de todos los partidos, aunque la mayoría fueron del PRD (616), seguido por el PT (114), PRI (18), PAN (11) y Panal (5). Sólo se habla aquí de las reservas relacionadas con el primer paquete a discusión, que incluye las leyes de hidrocarburos, de inversiones extranjeras, de asociaciones público privadas y minera.

De modo que hubo arreglo: la mayoría prianista se dijo dispuesta a debatir y, a cambio, los perredistas aceptaron un formato que redujo el tiempo para despachar sus objeciones.

El acuerdo incluyó ordenar el debate en cinco ejes temáticos (medio ambiente, tenencia de la tierra, transparencia y corrupción, asignaciones y contratos, y yacimientos transfronterizos) y la verificación del quórum cada hora.

El presidente de la mesa directiva, el priísta Raúl Cervantes, bajó a las curules de los perredistas a pedirles que se ajustaran al tiempo fijado para cada intervención, porque era parte del acuerdo. Al calor de la discusión, sin embargo, cinco minutos se hicieron 10 o 15.

El fracking y la pena de muerte

En el primer tema (medio ambiente), el asunto central fue la técnica de fracturación hidráulica o fracking, prohibida en varios países de Europa y condenada por grupos ecologistas.

La defensa de la iniciativa que permitiría el uso del fracking no corrió a cargo del PRI ni del PAN, sino de Pablo Escudero, del Partido Verde, quien subió a la tribuna a presumir, una y otra vez, 70 estudios científicos que dijo haber leído para desmontar los mitos de los ecologistas.

Luego de que el oaxaqueño Benjamín Robles habló de la prohibición del fracking en Vermont, Escudero subió a hacer gala de sus conocimientos de geografía de Estados Unidos y Canadá e hizo una larga lista de los lugares donde sí está permitido. Igual que la pena de muerte, le respondería el perredista Armando Ríos Piter.

La voz disonante en el PAN fue, otra vez, Javier Corral, quien dijo No tengo duda de las nefastas y funestas consecuencias que esta técnica producirá frente, incluso, a los recursos que se invierten, porque es una de las menos rentables para extracción de hidrocarburos.

A las preocupaciones de los perredistas sobre la posible afectación a comunidades indígenas, el priísta David Penchyna dijo que ni se preocupen: en el sur ni hay gas de lutitas, que es el que se extrae con el mentado fracking; que se preocupen en Chihuahua, Tamaulipas, Nuevo León y el norte de Veracruz.

La iniciativa presidencial plantea un esquema de expropiación favorable a las empresas privadas y deja prácticamente indefensos a los propietarios de la tierra: vendes o vendes, porque si no, te expropio.

La cosa quedó más o menos igual, aunque gracias a la intervención del PAN se eliminó la figura de expropiación para dar paso a la de ocupación temporal de la tierra.

Gracias a la intervención de senadores priístas adscritos al sector campesino –que suben al estrado a presumirlo– se añadieron algunas garantías como la mediación de autoridades agrarias.

No participaríamos si no se protegiera a los campesinos, dijo el senador Manuel Humberto Cota.

Los perredistas consideran que los artículos relacionados con el tema son anticonstitucionales, porque se despoja a los propietarios no por causa de utilidad pública, sino para beneficiar a un privado.

El derecho a la propiedad privada que consagra la Constitución sólo aplica para los ricos, porque a los pobres se les despoja de lo poco que tienen, resumió Dolores Padierna.

Sin importar partido, todos los oradores hablaron de ser los más preocupados por los comuneros, ejidatarios y pequeños propietarios.

El ex secretario particular de Felipe Calderón, Roberto Gil, aprovechó un flanco débil de los perredistas: “Dicen que están en contra en este caso, pero defiendan las expropiaciones de zonas populares para hacer obras viales como la supervía, que concesionaron a una empresa española. ¡Vaya contradicción de la izquierda mexicana!”

La noche se consumió en el debate sobre los contratos, el corazón de la reforma que quedó en tercer sitio en el debate.

Seducción política

Pasado el mediodía, el coordinador de los priístas, Emilio Gamboa, atendió a los medios en el patio central del Senado. Palabras más o menos, las reporteras más avezadas de la fuente le soltaron preguntas de este calibre: ¿tendrá el PRI reservas en el tema de la expropiación u ocupación de tierras?, ¿por qué no votó ayer Carlos Romero Deschamps?, ¿cuándo van a bajar los combustibles?, ¿está dispuesto el PRI a cargar con el costo político de esta reforma?

A Gamboa no se le movió un pelo con ninguna pregunta. Senadores de otros partidos lo describen como un experto en seducción política: si alguien le interesa, le hace creer que es su amigo, se deshace en atenciones que más parecen zalamería, es su estilo.

Para responder las preguntas rudas, Gamboa adoptó, de pies a cabeza una de sus poses seductoras: Nunca se dijo que bajaría la gasolina, soltó, y sonrió, y fijó la mirada en su interlocutora.

Como si ordenara un buen vino, Gamboa Patrón –un animal político que ocupa cargos de primerísimo nivel desde hace 32 años– dijo que el presidente Enrique Peña Nieto sabe que esta reforma tiene costos en su popularidad.

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