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Acuden familiares y realizan gestiones para recuperarlos

Permanecen 220 menores en la casa hogar de Zamora; priva la tristeza

Trasladarán a Morelia a quienes no han sido reclamados; no está listo el sitio

Ernesto Martínez Elorriaga
Corresponsal
Periódico La Jornada
Sábado 26 de julio de 2014, p. 12

Zamora, Mich., 25 de julio.

Ansiedad y crisis nerviosa experimentan algunos de los 220 niños y jóvenes que aún esperan ser trasladados a Morelia. Han visto que más de 300 compañeros ya se fueron del albergue La Gran Familia, y tienen miedo de quedarse solos, comentó la sicóloga del DIF estatal que ha estado presente desde el pasado 15 de julio, cuando fuerzas federales intervinieron la casa hogar tras haber recibido cinco denuncias por el delito de trata de personas en varias modalidades.

En el transcurso del día, padres de familia y parientes entregaron al DIF estatal y a empleados de la Procuraduría General de la República (PGR) los documentos solicitados para que 18 niños salieran del albergue hasta esta tarde. Mis papás vinieron de Estados Unidos para llevarme con ellos, yo vivía en Apatzingán con una tía, y estoy esperando desde hace 10 días que vengan por mí, ya me salieron ronchas en el cuerpo y dice el doctor que puede ser por los nervios, comentó Daniel Saavedra Maciel.

Llegó de cinco años y tiene 14. Sólo recuerdo que me trajo mi tía, pero lo bueno es que ya llegaron mis papás, porque yo ya no quiero estar otro día aquí, comentó Daniel, quien dijo que vivió días tristes y felices con Mamá Rosa.

Al personal de la PGR que está en el albergue le habían informado que hoy viernes se llevarían a Morelia a todos los niños que no habían sido reclamados, pero será hasta nuevo aviso, porque en la capital del estado el titular de Salud, Carlos Aranza, informó que serán ubicados en el edificio del Centro Michoacano de Salud Mental, cuyas instalaciones serán remozadas.

A los 38 adultos se les canalizará a un refugio que será auspiciado por dependencias federales para que reciban capacitación y puedan valerse por sí mismos. En tanto que unos 10 discapacitados también contarán con respaldo del gobierno federal.

Han transcurrido 10 días desde que la Policía Federal entró, acompañada de personal de salud y de otras instancias gubernamentales. Para muchos niños es como estar de fiesta; les instalaron una pequeña cancha de futbol patrocinada por Telmex, y la retadora de equipos de cinco niños se puso interesante. A un costado, bajo un toldo, una veintena de niñas y jovencitas practican el baile; otro grupo de mujeres se cortan el cabello, pero también hay quienes se refugian en los dormitorios o se aíslan.

Afuera del albergue, ubicado sobre la calzada Zamora-Jacona, siguen llegando algunas mujeres para reclamar a sus hijos. También se han acercado varios jóvenes que aseguran haberse escapado del albergue hace años y quieren recuperar sus documentos, porque carecen de identificación y no pueden justificar sus estudios de primaria y secundaria.

Los contrastes se dan entre quienes juegan y se divierten, y los que sienten desolación. Algunos visitantes se preguntan por qué los dormitorios permanecen sucios, con basura y excremento. Hay rostros deprimidos. Dicen que ayer en la noche un joven intentó suicidarse, porque no toleraba el encierro, después de que le dijeron que su mamá estaba afuera intentando cumplir con toda la documentación.

Hilario Moreno, de 32 años, observa cómo los niños juegan futbol y sus compañeras bailan al ritmo que les marca un amplificador. Es el mismo patio de siempre, están los barrotes en las ventanas y la ropa colgada en todas partes.

De sus 32 años de edad, ha pasado 25 encerrado en este albergue. “Sólo salí cuando hice el Servicio Militar, pero los ayudantes de Mamá Rosa siempre nos acompañaban, para que no escapáramos”. Desea recuperar su vida. Estudió hasta bachillerato en el albergue. Siempre me ha gustado el trabajo, para no aburrirme barría el patio, por eso ahora que salga me gustaría buscar un trabajo de barrendero.

A Hilario no le da miedo la calle –dice–; desde los seis años me gustaba la vagancia. Mis padres me dejaron en un albergue cerca de la ciudad de México, al principio me iban a visitar. Después me trasladaron aquí, y ya no los volví a ver. No quiero verlos, yo solo saldré adelante, nada más que me entreguen mis papeles.

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